el instinto
(c) Alex Moskalyk

EL INSTINTO DE ASHLEY AUDRAIN

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Victoria Gabaldón
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¿Qué pasa cuando no soñabas con la maternidad y te encuentras con ella? ¿Qué pasa cuando eres madre y la experiencia no es, ni de lejos parecida, a la que se supone que deberías tener?  ¿Qué pasa cuando echas la vista atrás y ves que tu crianza no ha sido un camino de rosas? Dicen que las figuras que más nos marcan suelen ser mujeres: ¿y si las mujeres que te han marcado son tu madre y tu abuela… y no precisamente para bien?

¿Qué sucede cuando tienes una vida bastante perfecta en apariencia pero no te conformas con ella? ¿Y si empiezas a dudar sobre la veracidad de lo que vives, sobre todo sobre la veracidad de lo que sientes?

¿Y si tu hija te cae mal? ¿Qué pasa si la relación con ella no se parece en nada a las imágenes que proyectan las madres de amplias sonrisas, abrazando a sus hijos en las redes sociales?

¿Qué debemos a los hijos? ¿Y a los padres? ¿Son los hijos el detonador involuntario que hará saltar tu pareja por los aires?

Todas estas incómodas preguntas y algunas más son las que se hace y las que nos plantea Ashley Audrain (Newmarket, 1982) en su ópera prima The push, traducida al español como El Instinto. Ashley fue la directora de comunicación de PRH en Canadá, así que el sector editorial no le era ajeno, pero quizá sí se sorprendió al ver la buenísima acogida que tuvo su libro entre los editores internacionales. Desde luego, este libro no deja indiferente a nadie: aunque hay lectoras que muestran cierta reticencia a su lectura, por eso del «uff, bastante angustia tengo ya con el día a día como para leerla», hay otra gran parte de público que no teme enfrentarse a la gran cantidad de incomodidades en forma de tabú que Ashley Audrain plantea en esta adictiva historia.

Y es que todavía nos cuesta mucho admitir de cara a la galería lo cuesta arriba que se nos puede hacer la crianza. Y no solo eso: todavía se nos hace más cuesta arriba pensar que no estamos a la altura de las expectativas que tanto nosotras como la sociedad tenemos de la experiencia maternal. Y vamos, así, sumando piedras en la mochila: la dureza de la crianza, las altas expectativas… y la culpa. Si sobre todas estas cosas sobrevuela, además, la enfermedad mental, tenemos el cóctel perfecto para un psicodrama valientemente narrado desde la perspectiva de la madre.

La autora canadiense presentó hace pocos días su libro a la prensa hispanohablante en una charla dinámica y enriquecedora, una buena carta de presentación en la que las editoras del libro en España (en sus versiones en español y catalán) relataron con emoción cómo llegó El instinto a sus vidas —»un viernes a las 13h., el momento en el que llegan las grandes sorpresas a las editoriales»—, cómo fueron atrapadas por el carácter adictivo de esta obra y cómo fue el proceso de contratación y trabajo hasta que el libro vio la luz.

Hablamos con Ashley para saber qué tabúes sobre la maternidad quiso abordar en esta novela tan incómoda como necesaria:  «Bueno, realmente no me planteé desde un principio una serie de tabúes que tuviera en mente. Yo quería, cuando empecé a escribir, explorar, adentrarme en las expectativas que se plantean con respecto a la maternidad. Quería explorar esas expectativas que se nos ponen como madres, la realidad frente a las expectativas que se tienen. Eso sí que es un tabú. Parte del tabú es precisamente que podemos lamentar tener hijos, podemos desear nunca haberlos tenido y es muy difícil hablar de eso. Yo quería explorar esa idea, la de encontrarse atrapada en la maternidad y lamentar haber decidido ser madre. Alguien me preguntó, en algún momento, si me había documentado hablando con madres que no querían tener hijos —como por ejemplo Blythe, que no quería tener a Violet—. La respuesta es no, porque yo creo que es muy difícil encontrar a una madre que admita eso. Es una conversación que no creo que una madre pueda tener con nadie desde una perspectiva personal . A medida que fui escribiendo, también tuve que adentrarme en esos lugares inefables, empecé a adentrarme en pensamientos muy honestos y reales sobre los que es más difícil que alguien hable desde un punto de vista personal. Creo que hay muchos tabúes en la maternidad, como mujeres estamos llegando muy lejos en muchos aspectos pero, pese a todo, la maternidad sigue siendo eso que no nos deja, que no nos abandona: no podemos deshacernos de las expectativas ligadas a la maternidad. Una tiene que ser una buena madre sí o sí, y eso es una carga: yo quería explorar todo eso.

Ashley Audrain es madre de un niño que, a las pocas semanas de su nacimiento, fue diagnosticado de una enfermedad crónica que supuso a toda la familia pasar meses en un hospital. Sin duda, esta experiencia ha moldeado su escritura y, sin ella, quizá El instinto no sería la obra que es: «Empecé a escribir el libro cuando mi hijo tenía seis meses. Durante mi embarazo me sentía muy creativa, supongo que es algo que pasa a muchas madres. Sentía una necesidad muy grande de escribir sobre la experiencia que estaba viviendo. Cuando nació mi hijo, sentí un amor profundo por él. Pero lo que experimentaba me hacía ver que había una disparidad enorme entre las expectativas que yo tenía respecto a cómo iba a disfrutar de la maternidad y lo que me estaba pasando en realidad. Cuando nació, mi hijo era un niño sano, pero a las dos semanas enfermó, tuvo una infección muy grave y le diagnosticaron una enfermedad crónica. Pasamos semanas y semanas viviendo en un hospital infantil en Toronto. Fue un momento muy difícil: mi bebé estaba sufriendo una enfermedad grave que le impedía comer. Todo lo que yo pensaba que iba a hacer, no pude hacerlo: pensaba que iba a disfrutar con él, darle el pecho… no se produjo de la forma en la que yo creía. Eso puso todo patas arriba: la maternidad en esos primeros días con un niño sano ya era difícil. Pero cuando tienes un niño enfermo, al mismo tiempo sientes una gran culpabilidad, tienes que gestionar sentimientos muy duros. Empecé a escribir justo en el momento en que empecé a recuperar el resuello, porque realmente durante esos primeros meses fue muy difícil. Escribir para mí fue un modo de liberar todos esos sentimientos, de trabajarlos a través de la escritura. Me parece que, cuando echo la vista atrás tiene todo el sentido del mundo que yo escribiera sobre esos lugares tan oscuros, tan tenebrosos, donde estaban todos esos miedos y temores. Eso me permitió afrontarlos también en un entorno controlado porque cuando escribes lo que tienes es una hoja delante, no la vida y controlas la página que estás escribiendo. Creo que si no hubiera sido madre no hubiera podido escribir este libro. La maternidad me ha permitido escribir esta historia y estoy sumamente agradecida. Si bien el librono es autobiográfico, sí que hay muchas emociones en esas páginas que yo he sacado de mi propia vida. Los personajes son muy distintos a mí, sobre todo el personaje principal. He tenido dos hijos durante los tres años que he tardado en escribir el libro. No me costó separar mi parte de escritora de la de madre, pero cuando leo esas escenas, me resultan más difíciles que cuando las escribí».

¿Por qué te recomendamos este libro?

Porque es altamente adictivo: su estilo es rápido y dinámico, provocando hace que te enganches y no puedas parar de leer. Y esa sensación es muy gratificante. También porque trata temas de los que cuesta mucho hablar y sobre los que es necesario iniciar una conversación: desapegos, maltratos, crianza, salud mental, expectativas y culpa, entre otros. Solo dando voz a estos temas conseguiremos sanar las heridas que provocan.

 

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EL INSTINTO, ASHLEY AUDRAIN

Blythe ya no sabe qué es verdad y qué es mentira: ¿está viviendo la vida feliz que siempre deseó, con un marido perfecto y una hija angelical? ¿O está repitiendo la sórdida historia de su madre y su abuela, marcada por el desapego y el maltrato? ¿Es Fox, su marido, el compañero y padre ideal, o tiene una vida paralela que cada día lo aleja más de su casa? Su hija Violet ¿es una niña brillante y complicada, que solo quiere que su madre le preste más atención, o es malvada de nacimiento? Depende del momento y de cómo se mire, todo y nada puede parecer verdad o parecer una trampa.

El instinto es una novela que se queda grabada. Una historia de horror y redención, una exploración del origen de la maldad y del modo ominoso en que los traumas familiares se transmiten de madres a hijas. Esta es, en definitiva, una historia valiente que da pie a que cada lector se interrogue sobre cuestiones dolorosas, personales y, por ello, necesarias.

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