(c) Antonio Navarro

MARÍA LUISA FERRERÓS: LA CONEXIÓN Y LA PIEL

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¿No tienes la sensación de que tenemos muy poca información, de que nos sentimos muy perdidas como madres —y como padres— cuando nos vamos a casa con nuestras criaturas en los brazos después de haberlos parido? Sabemos poco de algo tan cotidiano como es la crianza de nuestros hijos. Comenzamos a leer, a buscar otras experiencias, a preguntar a nuestros familiares, amigas… frecuentemente, nos topamos con ejemplos de crianza en las redes sociales que, lejos de reflejar una realidad, nos crean unas expectativas que luego son difíciles de alcanzar. Y llega la frustración.

Me sucede con cierta frecuencia esto: me despierto por la mañana cansada pero feliz. Me dirijo a despertar a mis hijos para ir al cole. La mayoría de las veces, encuentro refunfuños y malas caras que tiran mi alegría por la borda. Me cuesta lidiar con ese mal humor matutino. Vamos andando al colegio, a veces enfadados. En la puerta del cole, una vez entran, surge la conversación con otros padres: «¿Qué tal hoy?» «Pues fatal, hemos empezado la mañana enfadados, ya siento que afrontar el día me va a costar un montón» «Jo, pues a mí me ha pasado lo mismo…»

Comenzamos a compartir experiencias de crianza y, al final, vemos que a todos nos pasa más o menos lo mismo. Hace dos días estaba sentada en el sofá, después de cenar. Estaba muy cansada. Mis hijos no dejaban de interpelarme para cualquier cosa. Acabé pidiéndoles que me dejasen en paz 10 minutos antes de ir a dormir, que no pedía más. 24 horas más tarde, mientras recogía ropa del tendedero, escuché a una madre, vecina, a través del patio de luces, pidiendo lo mismo que yo: 10 minutos de descanso. Y claro que no me alegré por escuchar el testimonio de otra madre cansada, pero tengo que decir que me consoló saber que, de lo que yo me quejo, nos quejamos todas. No soy un bicho raro.

Por eso, cuando cae en mis manos un libro como el que acaba de publicar María Luisa Ferrerós, Dame la mano, lo devoro con fruición intentando encontrar explicaciones y, sobre todo, evidencias que me ayuden a entender de qué manera criar, conectar y educar a mis hijos desde el respeto, la empatía y la firmeza, con el objetivo de hacer de ellos seres felices, responsables e independientes.

María Luisa Ferrerós es una de las psicólogas infantiles más prestigiosas de nuestro país. Estudió Psicología en la Universidad de Barcelona con especialización en Neuropsicología, el posgrado en Alteraciones del Sueño en el Instituto Universitario Dexeus y el máster en Psicoterapia Breve Estratégica y Psicología Sistémica en el centro G. Nardone de la Universidad de Florencia. Es fundadora y directora del Centro PsycoCare Bcn, donde ejerce todo tipo de asesoramiento psicológico. Autora del bestseller Pórtate bien y de otros quince títulos de referencia, aprovechamos la publicación de su último libro para que nos ayude a resolver las dudas que nos invaden día a día respecto a la conexión emocional con nuestras criaturas.

¿Hay manera de hacerlo bien con los hijos? En mi entorno, por ejemplo, cunde el desánimo de las madres y padres: casi todos nos sentimos fracasados, incapaces de hacerlo bien y de encontrar las herramientas para que todo fluya con tranquilidad.

Quizás el tema es que no nos ha de preocupar hacerlo bien sino hacerlo de verdad . La intención es lo que cuenta, las madres y padres no hemos de ser perfectos ni estar todos el día pendientes de hacerlo todo bien, sino entender que ellos están aprendiendo, que todo es nuevo para ellos y que buscan en nosotros a su referencia como nosotros esperamos la voz templada y segura del comandante del avión cuando hay turbulencias. Ellos los que necesitan de nosotros es que les demos seguridad, que se sientan protegidos, que sientan que sabemos a dónde vamos y confíen en nosotros. 

¿Cómo podemos superar la ansiedad por intentar ser siempre los padres perfectos?

Hemos de mirar a largo plazo y tener claro cuáles son nuestros objetivos : que nuestros hijos tengan criterio propio, que sepan filtrar informaciones, que distingan lo bueno de lo malo, que se sientan seguros, confíen en nosotros y se valgan por sí mismos. Y pensar, el equipo padres, cómo vamos a afrontar este reto, apoyarnos y tener estrategias comunes. Vivir esta aventura como algo mágico. Y, sobre todo, muchos abrazos, besos, cosquillas, mucha piel con piel, mucha verdad… Si no nos gusta leerles cuentos, pues no lo hagamos porque hay que hacerlo, pensemos en hacer otra cosa con ellos, que nos salga y tengamos ganas de compartir con ellos. Lo más importante es compartir tiempo de calidad desde el corazón, experiencias, ilusiones, pequeñas cosas. No es necesario hacer un pastel juntos: la tortilla de un huevo también funciona.

De qué hablamos cuando hablamos de apego y de vínculos?

Hablamos de sentimientos, de hacer las cosas de corazón, de dedicación, de implicación, de tiempo de calidad, de compartir tus cosas con ellos… hablamos de compartir y hablamos de la piel.

En su libro dedica un espacio al acoso escolar: ¿Cómo podemos prevenir que nuestros hijos sean acosados o qué armas podemos ofrecerles para que resistan ese acoso? ¿Y qué pasa si es nuestro hijo el que acosa a otros compañeros?

El acoso es un problema que nos persigue y que hay que afrontar. Si lo detectamos en nuestro hijo, tanto si lo sufre como si es el causante, hay que moverse y ponerlo encima de la mesa con la escuela para poder actuar lo mas rápido posible. Hay que darle al niño la opción de que crezca pensando que él no es culpable de sufrir algo así y a veces no queda más remedio que cambiarlo de escuela para que pueda tener esta opción. Si él es el acosador, hay que tratar con un profesional, psicólogo o especialista en este tema qué le pasa al niño para que necesite acosar a un compañero. Cuál es la causa o el motivo y darle opciones, estrategias para superara esta situación. Lo más importante es descubrir qué hay debajo, qué origina esta necesidad, qué trauma tiene que le impulsa a sacar su rabia de esta forma. Cada caso es individual y debe abordarse de forma personalizada.

¿Cómo podemos fomentar el autoestima en nuestros hijos?

Valorándolos y haciéndolos responsables de pequeñas tareas a su medida, más que alabándolos todo el rato. Si tú le dices a tu hijo que es el mejor pero luego se lo das todo hecho, el niño entiende que es un inútil. 

La situación pandémica ha puesto de relieve que uno de los grandes problemas que afectan, en su mayoría, a las mujeres y madres es la falta de conciliación. ¿Qué se necesita para llegar a una conciliación justa y efectiva?

Se necesita que los trabajos se desarrollen en horarios acordes y eso no penalice el salario de la mujer, y que exista una baja de maternidad que cubra, al menos, los dos primeros años de la vida del niño. Que se pueda dar lactancia materna en lugares ad-hoc para ello y te den el tiempo para poderlo hacer cuando te reincorpores al trabajo. Que haya guarderías en las empresas para los niños más pequeños. Que nada que implique conciliación para el cuidados de los niños penalice laboralmente. Que no haya que renunciar a nada ni que elegir entre trabajo o niños, sino que se pueda compatibilizar. Hay que hacer mucha labor de pedagogía: los niños son nuestro futuro y hay que mirar cómo lo hacen en países como Suiza, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Francia…

¿QUIERES SABER MÁS?

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maría luisa ferrerós

DAME LA MANO, MARÍA LUISA FERRERÓS

Cree M.ª Luisa Ferrerós que cada niño es único y que, salvo excepciones, las recetas universales no sirven. La psicóloga de referencia en el ámbito educativo propone una crianza a la carta, basada en la comunicación, la confianza y el vínculo afectivo como herramientas que nos permitirán desarrollar nuestras propias estrategias y resolver los conflictos cotidianos más comunes, como  las rabietas, el aislamiento o las faltas de respeto.

A lo largo de estas páginas Ferrerós nos muestra de forma clara y práctica cómo podemos trasformar nuestra vida familiar a través de la conexión emocional. Dame la mano nos anima a convertirnos en padres con el corazón, y a entender y aceptar a nuestros hijos. Solo así descubriremos todo su potencial y encontraremos nuestro propio camino como educadores, olvidándonos de modas o lo que nos dicen y facilitando que crezcan sanos, seguros y felices.

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