las madres de roy galán

LAS MADRES DE ROY GALÁN

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Cuando le conté a una sobrina mía que iba a entrevistar a Roy Galán, ya lo conocía. Cuando le conté que Roy tenía dos madres, contestó con entusiasmo: «Jo, ¡qué suerte tiene!»

Esta opinión, hecha desde la pureza infantil, sin ánimos de menosprecio de la figura paterna, me hizo sonreír. Pedí a Roy que nos cediese un texto sobre su familia y es tan precioso y tan puro como la opinión de una criatura:

Soy hijo de dos madres lesbianas.

Me criaron dos mujeres que se amaban y se deseaban.

Me gusta incidir en el aspecto del deseo porque parece que si romantizamos las cosas se «aceptan» mejor, que si hablamos de quererse y obviamos el placer le quitamos «lo sucio» entonces todo el mundo lo entiende.

Pero si hacemos eso le restamos la subversión implícita de los cuerpos.

Porque entonces el relato que se impone es el de las dos amigas, las dos compañeras de piso, las dos ancianas que se hacen compañía.

Yo no soy hijo de dos alumnas de quinto curso o de dos viudas que recogen a un huérfano y se dedican a cuidar de él juntas porque no tienen nada mejor que hacer.

Soy hijo de dos mujeres que follaban.

Y si alguna persona ve un problema con el hecho de que dos mujeres disfruten la una de la otra lo que tiene esa persona es un importante conflicto con la vida.

Mis dos madres no se escondieron nunca de nadie: fueron completamente visibles.

Y se lo pusieron bastante difícil a veces.

Dudas, pensar que había algo malo en ellas, algo enfermo que podía ser curado, insultos, misoginia, ser increpadas o cuestionadas: A saber cómo va a salir ese hijo.

Como a tantas y tantas mujeres doblemente discriminadas por ser mujeres y por no ser heterosexuales como si fuera obligatorio serlo.

Ahora, siendo adulto, sé que soy hijo de dos mujeres valientes que defendieron lo que sentían por encima de lo que absurdamente se esperaba de ellas: que fueran otras personas.

Y cuando me preguntan qué significó para mí todo esto.

Siempre respondo que mis madres me enseñaron a adentrarme en la realidad con magia.

Me dieron ese amuleto que supone haber visto, vivido, escuchado y sentido qué significa la diversidad.

Y cada vez que alguien decía qué eran las lesbianas y enseñaba una imagen pornográfica, o hablaban de ellas como si fueran extraterrestres o intentaban simplemente definirlas.

Yo sabía que no era verdad, sabía lo ignorantes que eran.

Sabía que la «normalidad» era una trola inmensa.

Mis madres quitaron malas hierbas de un precioso camino con sus besos.

Me abrieron el mundo con las manos desde el sillón de nuestra casa.

Esa en la que crecí, en la que aprendí a no juzgar y en la que observé lo que suponía hacer música de la libertad.

Tan alta y tan alegre.

Que era imposible escuchar.

El ruido de los demás.

 

© Roy Galán

 

Puedes leer la entrevista a Roy Galán en MaMagazine pinchando aquí.

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