lucia galan tiene las respuestas

LUCÍA GALÁN TIENE LAS RESPUESTAS

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Cuenta Lucía Galán -más conocida como Lucía, mi pediatra- que lleva unos años, desde que fue madre, muy entretenidos. Tiene dos hijos, de 13 y 11 años en la actualidad. Y no solo la maternidad la ha tenido tan ocupada: es una de las mujeres más buscadas en redes por padres y madres de nuestro país y de allende los mares. Lucía es médico especialista en pediatría, escritora y socia fundadora y directora médica de Centro Creciendo en Alicante, lugar donde trabaja actualmente. Por si esto fuera poco, Lucía es también miembro del Consejo Asesor de UNICEF.

En 2016 editó su primer libro, Lo mejor de nuestras vidas, un viaje por la salud emocional y física de nuestros hijos desde el nacimiento hasta la adolescencia. Entre ese primer libro y El gran libro de Lucía, mi pediatra han pasado cuatro años y otros cuatro libros. Si no has dado con ella a través de sus libros, sin duda lo habrás hecho en cualquiera de las numerosas apariciones y colaboraciones que acumula con los principales medios de comunicación españoles.

Es su pasión por la pediatría y la maternidad la que la ha embarcado en la aventura de emprender su blog, www.luciamipediatra.com: «Ya en mi más tierna infancia deseaba ser pediatra. Soy pediatra de vocación. Adoro mi profesión. Antes de obtener mi título de especialista tuve a mi primer hijo. Tras asistir a docenas de partos, de pronto me vi allí, en el paritorio, era yo la que empujaba con todas mis fuerzas. Ya en la maternidad de mi propio Hospital donde me estaba formando, luchaba por conseguir que mi bebé se enganchara al pecho; experimentaba en mi propia piel todas aquellas cuestiones que tantas madres y tantos padres me habían consultado previamente. Desde ese mismo instante, comencé a sentir la pediatría de manera diferente«.

Sigue leyendo para descubrir el lado más personal de Lucía y cómo su profesión como sanitaria y su maternidad se retroalimentan y entrelazan. De esta unión natural nace una forma de comunicar sencilla, alegre, que aporta serenidad a quienes escuchan -en este caso, madres y padres que confían en Lucía, en su experiencia tanto personal como profesional-. Lucía se lo ha ganado a pulso y a sonrisas.

 

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MI TRABAJO ANTES DE SER MADRE

Tuve a mi primer hijo siendo médico residente en pediatría, con lo cual llevaba solamente tres años trabajando en el hospital. Así que no tuve mucho tiempo de vivir mi profesión sin ser madre. Lo que sí recuerdo fue el impacto tan grande que supuso tener un hijo y la vuelta que dio mi visión por la medicina y por la pediatría. Fui capaz de empatizar mucho más con mis pacientes, de vivir el sufrimiento y el dolor de mis pacientes como propio. Dicen que cuando te conviertes en madre te conviertes en madre de todos los niños del mundo. Y la verdad es que, sobre todo los primeros años lo viví así, con muchísima intensidad.

 

Imagen: @luciamipediatra

SER PEDIATRA, SER MADRE

Me costaba mucho trabajo separar unas cosas de otras y ahora que ya han pasado los años y mis hijos son más mayores y ya llevo muchos años de profesión, me he dado cuenta que el ser madre me ha ayudado tremendamente en mi carrera como pediatra. Me ha hecho mucho más sensible, más serena, más empática, más tranquila y más con los pies en el terreno. Ahí, con las luces y las sombras de la maternidad y con esa capacidad de ir un poquito más allá de lo que es puramente salud física de nuestros pacientes, esa necesidad de ponerte también en la piel de la madre o del padre, y de su preocupación, de su dolor, de su sufrimiento. Porque muchas de esas emociones las vives como madre y al final todas las madres y todos los padres tenemos los mismos miedos. Nos dediquemos a lo que nos dediquemos, esto nos acerca muchísimo. A mí me acerca a mis pacientes y me gusta, me gusta la pediatra en la que me he convertido gracias a mi maternidad. Eso no quiere decir que no tener hijos te haga peor pediatra, en absoluto. Hay pediatras maravillosos y brillantes que no tienen hijos. Pero a mí personalmente me ha ayudado muchísimo a encajar tanto mi vida profesional como personal, también porque he aprendido mucho de mis pacientes y sigo aprendiendo. Aprendo cada día con ellos.

 

Imagen: @luciamipediatra

UNA INFANCIA FELIZ

Mis padres, sin darse cuenta y sin hacerlo de una forma consciente, tanto a mi hermano como a mí nos han dejado un legado maravilloso y una estela que tanto mi hermano como yo queremos seguir y pretendemos alcanzar. Llegar a ese nivel al que han llegado ellos no sé si lo conseguiremos. Nos han dejado el listón muy alto. Nuestros padres nos han educado en el esfuerzo, en el sacrificio, en el que nada que de verdad merezca la pena viene de regalo. Que normalmente todas las cosas importantes y grandes que consigues en la vida vienen después de mucho tiempo de esfuerzo y de dedicación y de sacrificio.

Mis padres me enseñaron que querer no siempre es poder, pero que sin duda hay que intentarlo siempre; que el amor de un padre, de una madre, es incondicional. Pase lo que pase y hagas lo que hagas, tus padres siempre van a estar ahí. Siempre tienes un lugar al que volver, por muy perdido que te encuentres o por muy mal que creas que hayas hecho las cosas. Las puertas de casa siempre van a estar abiertas y sus abrazos también. Mis padres me han enseñado serenidad en este viaje. Inteligencia, cordura y respeto. Son dos personas tremendamente respetuosas con todo lo que les rodea y con las personas también. Y he tenido una infancia feliz. No me ha faltado de nada. Tampoco me ha sobrado. Mis padres han trabajado mucho toda su vida. Y me siento orgullosa de la familia que tengo. La verdad es que siempre les digo a mis hijos que ojalá mis hijos hablen de mí en el futuro como yo hablo de mis padres y de mi infancia. Yo creo que esa educación en valores, en esfuerzo, sacrificio, respeto y generosidad hacia los demás, es lo que nos hace grandes a los seres humanos.

 

Imagen: @luciamipediatra

LA HUELLA DE MIS HIJOS

Mis hijos me alegran el día, alegran mis días. La huella que dejan mis hijos en mi trabajo es poder compartir todo aquello que no te enseñan los libros y que no aprendes en la facultad, mostrarla a tus pacientes y bajar al terreno con ellos y darles la razón cuando te dicen que no pueden más, que no dormir es horrible. Que están en un túnel, que no ven la salida y contarles con toda la humildad del mundo que tú atravesaste también ese túnel, que también pasaste años sin dormir.

Mis hijos están en mi consulta a diario, en el más amplio sentido, porque a mí me gusta compartir ese tipo de experiencias con mis pacientes. Me acerca mucho a ellos. Y les aporta también esa visión de que no todo es tan fácil, que no todo es blanco o negro, de que no hay trajes de talla única en la crianza de nuestros hijos. De que se trata de encontrar el traje a medida para tu familia, para tus circunstancias, para tu situación. Y eso lo aprendes y lo vives con los años de experiencia, con las cosas que te van pasando en la vida, con las alegrías, con los éxitos, con los fracasos, con las decepciones y mis hijos forman parte de ese aprendizaje.

Me gusta explicar detenidamente a los padres en qué consiste la neumonía que tiene su hija, pero también contarles cómo gestionaba yo las rabietas con mis hijos o lo que estoy aprendiendo de la adolescencia ahora que son más mayores; son aprendizajes que me consta que mis pacientes ponen en valor y les son de gran utilidad, porque luego van pasando los años y me lo recuerdan. Me dicen: «me acuerdo cuando me contaste aquel día en que tu hija…»

La verdad es que nos acerca a todos a ese mismo lugar, que es intentar hacer las cosas lo mejor posible y dar lo mejor de nosotros a nuestros hijos. Yo, a mis hijos y a mis pacientes.

 

Imagen: @luciamipediatra

LO MEJOR Y LO PEOR DE LA MATERNIDAD

Lo mejor de la experiencia materna es el amor incondicional. Descubrir el amor incondicional. Ser madre o ser padre es esto: es amor incondicional. Crees haberlo conocido antes de ser madre o ser padre, pero lo cierto es que hasta que no tienes un hijo no te das cuenta de lo que es el amor de verdad, el incondicional, el querer a alguien más que a tu propia vida, más de lo que nunca jamás hubiese imaginado y más de lo que nunca has querido a nadie. Esto es lo mejor, sin duda. Y este es un sentimiento tan sumamente poderoso que te saca de las cuevas, de las sombras y de los momentos más oscuros por los que puedas pasar.

¿Lo peor de la maternidad? Pues quizá lo peor haya sido o es la soledad, la sensación de que a pesar de que estamos rodeados de personas, a pesar de que tenemos toda la información a nuestro alcance y de que vivimos en un mundo interconectado, la maternidad tiene mucho de soledad con tus propios pensamientos, con tus propios fantasmas, con los juicios ajenos, con el qué dirán. Y hay muchos momentos en los que los que te sientes un bicho raro, te sientes un extraterrestre o sencillamente te sientes sola en el camino. Pero bueno, tampoco diría que es que es negativo, porque al mismo tiempo es un aprendizaje valiosísimo. Y la vida es así. No todo son alegrías, no. También hay momentos de oscuridad de los que sacas o debemos sacar un aprendizaje muy, muy valioso.

 

Imagen: @luciamipediatra

CARTA A UNA MUJER EMBARAZADA

Mi libro empieza con una carta a la mujer embarazada, porque yo, siendo pediatra y habiendo tenido toda esa formación y habiendo asistido a cientos de partos antes de vivir el mío propio, me sentí engañada,  sentí que me adentraba en un mundo completamente desconocido y me enfadé. Me enfadé con los profesores de mi facultad porque nadie había invertido ni diez minutos en explicar lo que era el postparto. Con la gente de mi alrededor, que ya había pasado por ello y no me lo habían advertido, con amigas, con mi propia madre… me dijeron: «¿pero cómo no me contaste esto?».  Lo difícil que es sentir en primera persona ese dolor físico tan, tan tremendo después de dar a luz. Pero también el dolor emocional, esa sensación de soledad, de miedo, de llorar sin tener un motivo, de falta de energía, de ese peso de responsabilidad tan grande en ese bebé recién nacido.

Desde ese momento, fui consciente de que el postparto era un tema del que teníamos que hablar y llevo muchos años hablando de él. En todos los libros hablo del postparto desde todos los puntos de vista, desde la madre, desde el padre… Porque considero que, aún habiendo pasado todos estos años, se sigue hablando poco y porque lo veo en la consulta a diario. Todos los días recibo parejas de recién papás y la sensación es generalizada. La inmensa mayoría de ellos dicen:  «Madre mía. Nadie nos había contado esto».

¿Por qué sucede esto? Pues yo creo que la gente que nos quiere nos intenta proteger y al mismo tiempo es tan bonito el ser madre que no quiere enturbiar esa emoción y ese momento con experiencias negativas. Nadie quiere amargarte ese momento tan dulce. Yo creo que un poco es eso. Nos intentan proteger. Y por otro lado, quizá muchas mujeres se olvidan de ese momento y al final lo que queda es todas las maravillas que tiene ser madre. Pero yo hablo de ello desde el respeto y desde la sensibilidad.

Las mamás embarazadas a las que he tenido la oportunidad de advertirles y explicarles realmente lo que es el postparto, o aquellas madres y padres que están esperando un bebé y que han podido leer mis libros donde desarrollo este tema más extensamente, más tarde me lo han agradecido. «Gracias porque no sabes lo que me he acordado de ti». «La cantidad de veces que he leído este capítulo y lo bien que lo hemos llevado, gracias a que sabíamos donde entrábamos y no nos sentimos esos bichos raros que mucha gente se siente porque sabemos que esto es algo normal»… es reconocer las emociones y compartirlas, aunque sean experiencias desagradables. Son un gran gran ayuda a quien te escucha porque se siente reconocido y el mero hecho de sentirse reconocido y de no sentirse un bicho raro ya es un gran consuelo. Entonces, considero que es algo de lo que debemos hablar en las clases de preparación al parto. Debemos insistir en la educación emocional y en esos consejos. Para esos recién papas, yo siempre digo que para el recién nacido sobran manos, pero para la recién mamá faltan y la que de verdad necesita los cuidados es ella. El bebé casi siempre está bien. Y aunque sean situaciones difíciles, desde mi experiencia he observado que los padres lo agradecen cuando disponen de esa información, así que vamos a empezar a pensar en ellos y abordar estos temas cuando todavía no ha llegado ese bebé al mundo, para tenerles prevenidos y que sepan que esto es normal y que no se tienen que sentir culpables. Que no busquen culpables, que si se ven muy desbordados, pidan ayuda, pero que no se sientan culpables por sentirse así durante las primeras semanas.

 

Imagen: @luciamipediatra

SEXO Y ADOLESCENCIA

El tema es tan sencillo como abordarlo desde el principio, desde prácticamente el nacimiento: la sexualidad nace con nosotros y nos acompaña a lo largo de toda la educación de nuestros hijos, desde el mismo momento en el que al bebé le quitas el pañal y se lleva las manitas a sus genitales. Y hay padres que se asustan o incluso le quitan la mano y le dicen que no. Ahí, estás educando y no hay que reprimir. Es normal que el niño pequeñito explore y, si hasta ese momento tenía el pañal puesto, pues no podía y en el momento que se quita el pañal, se toca. Y esto es normal.

La educación sexual empieza en el mismo momento en el que tu hija de tres añitos te ve salir de la ducha a ti, ve salir de la ducha a su padre y te pregunta por qué tenéis cuerpos diferentes. No hay que eludir esos temas. No hay que esconder la cabeza como las avestruces. Hay que dar respuesta a todas las preguntas que nos hacen nuestros hijos utilizando un lenguaje adecuado. La sexualidad empieza también en el momento en el que el niño o la niña te dice que se toca porque le gusta  y les explicas el porqué, o por qué no deben hacerlo en un sitio donde haya mucha gente. Esto son cosas habituales que nos encontramos con niños de tres y cuatro años; hay muchos padres que se asustan. Es una fase de su desarrollo por la que pasan la inmensa mayoría de los niños y no tienen que sentirse culpables ni sentir que están haciendo algo malo con una parte de su cuerpo.

La sexualidad nos sigue acompañando cuando nuestros hijos ven alguna escena tanto en la tele como en el móvil o en la calle, y nosotros, lejos de abordarlo con naturalidad y con respeto, lo reprimimos o nos enfadamos, juzgamos o criticamos. Siempre digo que tenemos que intentar aprovechar las oportunidades que tenemos en el día a día. Si estamos dando un paseo y vemos a dos chicos  o dos chicas cogidos de la mano y ellos preguntan, aprovechemos para hablarles de la diversidad en el amor y contestar las preguntas que nos hacen nuestros hijos cuando necesitan respuestas. Y si educamos a nuestros hijos en una casa donde no obtienen respuestas, cada vez que salga el tema de la sexualidad, llegará un momento en el que dejen de hacernos preguntas, pero eso no quiere decir que ellos no tengan preguntas. Seguirán teniendo incluso más y buscarán las respuestas en otros lugares. Y si buscan las respuestas en otros lugares, no vamos a poder garantizar que la información que obtengan sea la que nosotros queramos. Así que vamos a educarles, a dar respuestas a todas las preguntas que ellos nos van haciendo, adaptándolas a su momento vital y a su lenguaje. Desde «¿de dónde viene los niños?» hasta «he visto esto en la tele» o «¿qué significa el porno, que había venido un niño en clase diciendo que…?» Pues se les explica. Y en El gran libro de Lucía, mi pediatra, abordo este tema porque son motivos de preocupación entre los padres, porque efectivamente nosotros no hemos sido educados en ello. Hay una de las partes donde explico cómo explicar a tu hijo preadolescente que es la pornografía, porque es un tema que, si tienes la confianza suficiente, llegará un momento en que tu hijo te pregunte o, si no te pregunta, tendrás que abordarlo. Y explicó cómo yo les contaba a mis hijos que la pornografía es al sexo como la ciencia ficción al cine, que si ven a Spiderman trepando por las paredes, pues no se creerán nunca que una persona puede trepar por las paredes o puedes saltar de edificio en edificio porque dan por hecho ya con 13 años que esos son efectos especiales y que son trucos que se utilizan en el cine, pues en la pornografía ha pasado lo mismo, que no deben buscar ese tipo de modelos en sus primeras relaciones, porque la sexualidad va mucho más allá de lo que ven. Lo que están viendo allí son actores, hay trucos y cortes continuos a lo largo de esas imágenes. No hay una relación de respeto en ese tipo de películas,  no hay lugar a «ahora no», «esto no me gusta», «prefiero de otra manera», «no es no»… creo que son mensajes vitales que tienen que entender nuestros hijos a esas edades. Estamos hablando de 12, 13, 14 años. La edad media del contacto con la pornografía actualmente está en los 11-12 años, con lo cual a esas edades no deben aprender que ese es el modelo natural de relacionarse un hombre y una mujer o dos personas adultas. Esto es algo que descubrirán cuando sean más mayores, pero sus inicios no deben de ser así. La sexualidad entre dos personas, así les explico a mis hijos, es algo mucho más tierno, más respetuoso, más amoroso. Y eso son emociones que no se encuentran en la pornografía. Igual no que se encuentra en la ciencia ficción otro tipo de imágenes. La verdad es que mis hijos lo entendieron perfectamente y estuvieron muy atentos a toda la conversación. Espero que les haya sido útil.

LAS PREGUNTAS MÁS FRECUENTES EN LA CONSULTA

A los padres primerizos de recién nacidos les preocupa muchísimo todo lo relacionado a la ganancia de peso, a lo que comen, a cuánto comen, si duermen lo suficiente, cómo evitar el síndrome de la muerte súbita del lactante, cómo promover un sueño seguro… son temas muy habituales.

A medida que van creciendo, la alimentación ocupa uno de los principales motivos de consulta: cómo introducir la alimentación, las alergias alimentarias, los trozos o los no trozos… esto siempre genera muchas consultas.

Cuando van creciendo y se empiezan a poner malitos comienzan a preocupar las fiebres, los primeros catarros, las bronquitis, las otitis, las neumonías… son infecciones bastante comunes que en el libro abordo de una en una para que los padres tengan los conocimientos suficientes para ganar en tranquilidad y que no tengan la necesidad de salir corriendo a Urgencias cada vez que su hijo tiene un síntoma.

Luego pasamos por una luna de miel, entre los cinco y los diez años, en los que los padres acuden menos a la consulta y si acuden, lo hacen para revisiones rutinarias o problemas normalmente más serios.

En la adolescencia, los padres suelen tener más dudas sobre problemas de comportamiento o convivencia más que por salud física. Los adolescentes, afortunadamente, enferman poco.

 

Imagen: @luciamipediatra

EL GRAN LIBRO DE LUCÍA, MI PEDIATRA

El gran libro de Lucía, mi pediatra acompañará a padres y madres en el viaje de sus vidas. Con muchísima información sobre la salud y el bienestar del bebé hasta su adolescencia, esta obra se convertirá en un manual de referencia, divulgativo y ameno.
En este libro encontramos todo lo necesario para entender las enfermedades más habituales y las respuestas a todas esas preguntas que asaltan a padres y madres cada día. ¿Es normal que mi bebé llore? ¿Cuáles son los motivos más frecuentes de consulta? ¿Cómo respondo a las preguntas de un adolescente sobre sexo?
Estas y muchas más cuestiones se analizan aquí, con el inconfundible tono amable y esperanzador de una de las mejores prescriptoras de pediatría de España.

4 thoughts on “LUCÍA GALÁN TIENE LAS RESPUESTAS

  1. Que lindo Lucía conocerte más a través de esta entrevista. Gracias por visibilizar, por hablar de aspectos tan importantes como el postparto y por dejarnos frases tan maravillosas y alentadoras para nuestras vidas, la crianza y también para la relación con nuestros hijos y nuestros padres.

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