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MARIA PETIT Y MARIA XINXÓ: HAY PARTIDA CON CARTAS NUEVAS

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En la vida, empiezas la partida con una mano de cartas que te vienen dadas. Te pueden valer o no. Te pueden gustar o no. Quizá preferirías otras. Pero son las que tienes y con ellas debes jugar. A veces, tus cartas cambian. Quieras o no, cambian. Y tienes que buscar una nueva estrategia: la de antes no te sirve, las cartas eran distintas. Maria Petit (Barcelona, 1992) tenía 17 años cuando, al salir de una discoteca, un choque en moto con un camión de harina mal aparcado la dejó sin visión. Eran las tres de la mañana de un martes y trece de julio de 2010. Llevaba casco. Integral.

Diez años más tarde, Maria ha decidido contarlo. Y para eso ha pedido ayuda a su buena amiga, la periodista Maria Xinxó (Sabadell, 1982). Pudo hacerlo antes, pero pensó que no tenía demasiado sentido escribir sus memorias a los 25 años. Tres años más tarde y una pandemia después, se ha atrevido.

Si no lo veo no lo creo es el título de este libro. Este es uno de esos libros que empiezas y no sueltas hasta que termina. Se lee de manera trepidante, curiosa. Me recordó mucho a la lectura de Risas al punto de sal, el libro en el que la humorista Raquel Sastre narra cómo cambió su vida cuando a su hija Emma le detectaron el síndrome de Phelan-McDermid (una enfermedad genética que causa discapacidad intelectual y ausencia de lenguaje).

Hemos charlado con las dos Marias, Petit y Xinxó, para saber cómo ha sido la experiencia de escribir este libro en el que la vida de Maria Petit viaja a través de sus palabras hasta los dedos de Maria Xinxó. Y cómo Xinxó, hablando en primera persona, ha conseguido que la voz de Petit sea totalmente reconocible. Es martes por la mañana y Maria Petit nos atiende tras haber madrugado para caminar por la montaña. Estamos haciendo una videollamada con ellas y la sonrisa de Maria Petit llama mi atención. Es una perpetua: no se borra de su cara en ningún momento.

¿Qué satisfacciones os está dando la publicación de vuestro libro?

M. Xinxó: Está siendo muy emocionante encontrarnos con el público. Hace poco, en una presentación en Mataró, se acercó a nosotras una madre con su hija de 13 años y nos contó que compraba en libro para ella, pero también para que lo leyese su hija: «creo que, así, le daré un buen consejo, una lección de vida en formato libro». En Manresa hicimos una presentación vermú y en ella se nos acercó Montse, también víctima de un accidente de tránsito que estuvo en coma inducido varios meses. A todo el mundo le toca la historia de Maria Petit. En una de las presentaciones tapamos los ojos a los asistentes para que se pusieran en la piel de Maria. Al final, solo dos personas mantuvieron la cinta sobre sus ojos. El resto se la iban quitando progresivamente.

M. Petit: Todo el mundo nos dice que se leen el libro rapidísimo, que se enganchan a la historia y se lo terminan del tirón. Aunque está escrito por Maria Xinxó en primera persona, las personas que me conocen dicen: «Maria, escucho tu voz».

Lo que está claro es que tenemos una gran capacidad de adaptación incluso a lo que no imaginamos…

M. Petit: Tenemos una capacidad tremenda para adaptarnos a todo tipo de situaciones. Delante de las situaciones más surrealistas, que tememos porque nos son desconocidas, podemos reaccionar como no imaginábamos. Mira el ejemplo del confinamiento por coronavirus. Ninguno pensamos que podríamos estar encerrados casi tres meses en casa. Si nos lo llegan a contar antes, no lo hubiéramos podido creer. Y el resultado es que, al final, nos hemos adaptado a una situación que pensábamos rocambolesca, imposible. Pues eso lo que me ha pasado a mí. Me ha sobrevenido una situación que nunca en la vida hubiese imaginado. Si me lo hubiese planteado, hubiera dicho que no sobreviviría. Pero una vez te encuentras con una situación así, no hay más: tu vida sigue y tú tienes que seguir con ella.

M. Xinxó: Es verdad que Maria siempre está con una sonrisa en la boca. Es una chica muy optimista y su optimismo se transmite en el libro. No quiere decir que no tenga momentos de bajón, en el libro hay momentos muy duros, de hecho. Cuando hace más de diez años Maria se quedó ciega no fue tan duro como el momento, cuatro años después de su accidente, en el que se dio cuenta de que no tenía ni una pizca de autonomía. Ahí es cuando Maria tuve un bajón muy fuerte y la necesidad de salir de ahí. En el libro, eso se explica también con humor porque Maria es así. A Maria le han salvado varias cosas: una de ellas es el humor, que nos salva a todos incluso en los peores momentos. También la memoria prodigiosa que tiene: ahora que no ve, su memoria es vital. Y, por último, su entorno, el apoyo que ha tenido y que sigue teniendo de familia, amigos y conocidos que están a su lado. No debemos obcecarnos en el pasado, por lo que decías de las cartas: no puedes seguir jugando con ellas, tienes otras y con esas, puedes hacer un montón de cosas. A veces solo vemos lo que nos han quitado y esto es una de las cosas que aprendes cuando conoces el caso de Maria: que hay partida con otras cartas.

Ante lo trágico de la situación de una joven llena de vitalidad que se queda ciega a los 17 años de edad, Maria pone por delante el humor.

M. Petit: es muy importante reivindicar el humor en las personas discapacitadas. Hay una mirada tan compasiva hacia las personas que sufren algún tipo de discapacidad, que parece que no hay sitio para el humor. Si yo estoy en una discoteca y me pongo a hacer tonterías, la mirada que se tenga hacia mí o hacia una persona que, aparentemente, no tenga ninguna discapacidad, va a ser totalmente diferente. La no discapacitada suscitará un pensamiento tipo: «Ay, qué divertida, qué graciosa». Si una persona con discapacidad hace lo mismo, la lectura será distinta: «pobrecita, no debe estar muy bien de la cabeza». El papel del humor en este libro es importantísimo, aparte de ser un mecanismo muy presente en mi día a día.

¿Cómo os conocisteis?

M. Petit: La historia con Maria empieza en el programa Islándia en una entrevista que me hizo y tuvo muchísima repercusión. Tras la entrevista, empecé a colaborar con ellos. Me encantó conocer a Maria, hubo muy buen feeling entre las dos y, como ves, seguimos en contacto. Hacía tiempo que me habían ofrecido escribir mis memorias pero yo pensaba que no tenía sentido hacerlo con mis 25 años. Al acercarse el décimo aniversario de mi fatídico accidente, decidí ponerme manos a la obra para hacer este libro realidad. Empecé a redactar en el ordenador y con el móvil y, aunque de pequeña se me daba muy bien la escritura, me costaba un poco ordenar todo lo que tenía en mi cabeza y vi que necesitaba ayuda. En estos últimos años he aprendido a pedir ayuda: todos somos vulnerables y susceptibles de necesitarla. 

M. Xinxó: Maria me llamó para proponerme que fuera yo quien escribiese el libro. En ese momento le apeteció contar lo que había sucedido en los últimos diez años. Yo soy periodista, no escritora, y para mí era un reto. Pero pensé que la historia de Maria tenía que ser contada y me apeteció. Acepté su reto y comenzamos a trabajar con llamadas y notas de voz durante el confinamiento. Yo iba transcribiendo todo lo que me contaba. En el libro están sus expresiones, su humor, su ironía, su manera de hablar… Para mí, el grueso del trabajo fue ordenar y transcribir. Tengo entrevistas larguísimas, charlas de horas y horas. Así se ha forjado este libro.

En el libro no habéis evitado hablar de las drogas. Cuando habláis de ellas, no lo hacéis haciendo un juicio ni permitiendo espacios para que nadie emita un juicio. Es un tema peliagudo, pero integrado de manera muy orgánica en la narración.

M. Petit: De hecho, hay un capítulo en el libro que se titula LSD, que es un guiño a una canción de Extremoduro. Es un grupo que me encanta y define mucho a la Maria de la cual se habla. Cuando aparecen las drogas en el libro, aparecen sin prejuicios: las drogas existen en nuestra sociedad y lo sabemos todos. La mayoría se ocupa en disimularlo, porque no está bien visto. En este libro no se pinta nada de color rosa: es un libro tan sincero y tan real que se ve. Trato las cosas como son y con mucha naturalidad.

Xinxó: Si solo cuentas la parte amable de la historia, no estás contando la historia real. Maria era una adolescente rebelde y la esencia de Maria no ha cambiado: le encanta experimentar, probar cosas. A veces, vive al límite. ¿Qué ha cambiado ahora? Que no es tan impulsiva. Ahora valora más las posibles consecuencias de sus actos. Vigila que haya agua en la piscina cuando se va a tirar, porque se va a tirar igualmente. Pero esta vez, valora antes las opciones.

Todos, con nuestra mejor voluntad, tratamos de ayudar a personas con discapacidad cuando nos encontramos con ellas. Hablo, por ejemplo, de personas invidentes que tienen que cruzar un paso de cebra. O víctimas de accidentes a las que tratamos de consolar… pero la cagamos. ¿Qué recomendarías a las personas con buenas intenciones que no sabemos cómo hacerlo bien?

M. Petit: todos la hemos cagado y yo me incluyo (previamente a la discapacidad). Trabajo en Fundación Adecco con Pablo Pineda, que siempre dice una frase: «muchas veces caigo en los prejuicios contra los que lucho». Aunque yo sea muy consciente, a veces meto la pata. Antes de actuar, interactúa: pregunta a la persona. Si tienes voluntad de ayuda, y esto es fantástico, lo más básico es preguntar. Este mundo no está hecho para que una persona ciega viva en él: hay muchas barreras arquitectónicas, sociales y tecnológicas, lo que hace que la discapacidad sea discapacitante. Hay personas que, para llegar a un objetivo, lo hacen de manera totalmente distinta a la norma. Una persona con un bastón tendrá sus propias técnicas y estrategias. Debemos entender que existen muchas maneras de moverse y, a veces, simplemente hay que dejar a las personas moverse como saben, siempre que no exista una situación de riesgo. En situaciones corrientes, pido preguntar. Y es responsabilidad, también, de la persona preguntada, responder con educación, entender que las personas quieren ayudar pero no saben cómo hacerlo.

 

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MARIA PETIT

SI NO LO VEO NO LO CREO, MARIA PETIT Y MARIA XINXÓ

Con diecisiete años, la vida de Maria Petit cambió para siempre. Un accidente de moto fue el punto de inflexión: perdió la vista pero no las ganas de vivir.

Diez años después, decide explicar las muchas aventuras y anécdotas que le han sucedido desde entonces. porque está claro que estar ciega no le ha impedido seguir haciendo locuras, probar cosas nuevas o ser feliz.

Más allá de su historia de superación, este libro nos muestra cómo perder la vista no logró detener a Maria Petit y sus ganas de seguir viviendo aventuras: como recorrer más de 15 países, hacer atletismo o subir el Aneto.

Un testimonio honesto y repleto de humor acerca del camino de superación que tuvo que seguir una chica de diecisiete años tras quedarse ciega.

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