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NATIVEL PRECIADO Y SARA DEL PALACIO. UNA CONVERSACIÓN SOBRE LA MATERNIDAD.

La realidad Maternidad

NATIVEL PRECIADO Y SARA DEL PALACIO.

UNA CONVERSACIÓN SOBRE LA MATERNIDAD.

Qué bonito es encontrarte con gente en el camino con la que tienes química casi al instante. Me refiero a ese momento en el que conoces a alguien y comienzas a hablar… y no paras. Y te ves poco, pero cuando te ves, no puedes alegrarte más. Eso me pasó con los hermanos Pablo y Sara del Palacio. Hemos coincidido en varias ocasiones (creo que menos de las que nos hubiera gustado, pero lo suficientemente divertidas) y siempre nos hemos tratado con cariño, alegría y admiración. Nos frecuentamos en nuestros “20’s” y continuamos siguiéndonos la pista en nuestros “30’s” casi “40’s”. Hemos parido hijos unas y libros, el otro. 

Por eso, agradezco inmensamente a Sara que allanase el camino que me llevó, un día de febrero, a sentarme en el salón de su madre, Nativel Preciado, a tomar un té y a charlar sobre esto de la maternidad y el impacto que tiene en nuestras vidas. Y que esta preciosa charla se vea reflejada en estas líneas que traigo aquí, gracias a su generosidad y confianza.

A Nativel Preciado ya la conocéis: se inició como periodista en el desaparecido diario ‘Madrid’.  Ha trabajado en múltiples medios de prensa, radio y televisión. Fue cronista parlamentaria durante la transición. Algunos de sus trabajos referidos a dicha etapa política han sido publicados en Memoria de la Transición (1996) y en Los cronistas de la Constitución (2004).

Es autora de una veintena de ensayos y novelas. Sus obras de no ficción son: Fuera de campo (1991) , El sentir de las mujeres (1996)Amigos íntimos (1998)Extrañas Parejas (2000),  Ser mujer (2000), La era del bien y del mal (VV.AA), Hablemos de la vida (con José Antonio Marina) (2002), Nadie pudo con ellos (2011), Si yo tuviera cien mil seguidores (2012)  y Hagamos Memoria (2016). Sus novelas: El egoísta (Finalista del Premio Planeta, 1999), Bodas de plata, (2003), Camino de hierro, ( Premio Primavera de Novela, 2006), Llegó el tiempo de las cerezas,  (2008) Canta solo para mí, ( Premio Fernando Lara, 2014) y El Nobel y la corista (2019).

Ha recibido diversos premios periodísticos, entre otros,  el Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos; el Víctor de la Serna, de la Asociación de la Prensa, y la Pluma de Plata 2000. En 2018 recibió el premio de Honor de la Asociación de la Prensa, en reconocimiento a los méritos de toda su vida profesional. Y en 2019 el Premio de Periodismo Internacional Manuel Alcántara a toda su trayectoria profesional.

 Actualmente es conferenciante, participa en certámenes literarios y ejerce como jurado de numerosos premios. Colabora en InfoLibre y en diversos programas de televisión (Los Desayunos de TVE, Al Rojo Vivo, Más Vale Tarde y La Sexta Noche).

Pero si quieres saber cómo vivió Nativel su maternidad y cuál fue el impacto de sus hijos en su vida y su trabajo, no dejes de leer estas letras, que transcriben la conversación entre su hija Sara y ella misma, salpicada de preciosas anécdotas y personalísimas opiniones.

Gracias, Nativel y Sara, por compartir estas experiencias de vida.

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MI TRABAJO ANTES DE SER MADRE

NATIVEL:

Mi trabajo antes de ser madre era el mismo que después de serlo. Estaba trabajando en un periódico antes de nacer Sara (1979) y, como en esa época teníamos necesidad de demostrar demasiadas cosas como mujeres en el terreno laboral, estuve trabajando hasta el día que di a luz. De hecho, el día del parto de Sara apareció un artículo firmado por mí en el periódico. A los 15 días de dar a luz estaba escribiendo de nuevo. Ni siquiera me tomé la baja maternal, entre otras cosas porque no había una baja establecida (eran pocos días) y estaba muy mal visto que la disfrutases.

Una anécdota curiosa: yo empecé a trabajar muy joven y, cuando me quedé embarazada, estaba en un periódico y me ofrecieron un contrato estupendo en otro. Entonces, embarazada de tres meses y como la cosa se ponía fatal, me puse una faja y trajes ajustados para que no se notase mi embarazo, que empezaba a ser evidente. Firmé el contrato, comencé a trabajar y, días más tarde, aparecí con un traje premamá de la época. A verme, el empresario, sorprendido, me dijo: “¡Ay! ¿pero estás embarazada?”. Yo le contesté que sí con mucha naturalidad. Se quedó absolutamente helado, supongo que pensando en el desastre que había hecho contratando a una mujer embarazada. Ese era mi mundo de entonces.

Para suplir todas esas situaciones, tenías que demostrar que estar embarazada no era ningún impedimento, que podías con todo. Mi trabajo antes y después de mis embarazos fue continuo, casi ininterrumpido.

Con Pablo (1981) no tuve que disimular mi embarazo. Estaba fundando la revista Tiempo, estaba muy consolidada en mi puesto y no tuve problemas de ese tipo. También trabajé como una loca durante todo el embarazo y apenas tuve días de baja. A pesar de eso, yo quería ser todo. Creo que esa actitud es muy de mi generación. A lo mejor, ahora también sois iguales. Tenía que ser la mejor madre del mundo, que no lo fui (Sara interrumpe: sí lo fuiste, madre), la mejor profesional del mundo… súper en todo. Entonces, te dejas la vida. Pero bueno, parece que no me dejé mucha vida porque sigo viva y trabajando.

Es malo poder con todo. Y es algo que no tiene sentido; es una injusticia. Es el principio de los errores de las mujeres, es lo que ha creado tantas injusticias. Que nosotras somos capaces de todo, que lo hacemos todo, que no necesitamos ayuda para  nada… eso es un error garrafal. ¿Por qué tenemos que cargar  con todo? No tiene sentido. Ese es el origen de muchos de nuestros males. Es uno de nuestros defectos como mujeres, un error que ha tenido consecuencias graves antes y que las sigue teniendo ahora: tenías (o tienes) que disimular que estabas embarazada, que podías o deseabas quedarte embarazada, porque no te daban (o no te dan hoy en día) contratos… es una cosa absolutamente intolerable. Un error que seguimos pagando. Debemos reivindicar que una hace lo que tiene que hacer, pero no la parte que no le corresponde. Nosotras seguimos haciendo, hoy en día, la parte que no nos corresponde.

EL APOYO FAMILIAR

NATIVEL:

Tuve la suerte y el privilegio de que mi marido me apoyase en todo. El apoyo era total y la comprensión hacia mi trabajo, absoluta. Además, le gustaba mucho ejercer el papel de padre. Mi marido no ayudaba: se ocupaba y asumía su responsabilidad. Ha sido una gran suerte en mi vida, porque he podido hacer todo lo que quería. Cuando nació Sara hice todo igual: seguía mi ritmo de trabajo, viajaba mucho, iba todos los días a la redacción, etc. Cuando nació Pablo me di cuenta de que no podía mantener el mismo ritmo. Dejé de hacer algún que otro viaje, porque Sara era sanísima pero Pablo tuvo algún percance de salud. En ese momento sí renuncié a algunas cosas.

Recuerdo una comida, off the record, con Adolfo Suárez, en la que estaba contando detalles insólitos sobre el golpe de estado del 23F. Era un relato apasionante En un momento dado, tuve que levantarme y decirle: “Perdóname, presidente (era ex presidente ya), pero tengo que hacer algo ineludible y, si puedo, vuelvo después”. Salí de la comida, fui a esperar a los niños a la salida del colegio, porque ese día había quedado en ir yo a buscarlos, los dejé en casa con la cuidadora y volví a la comida con Suárez. He tenido mucha suerte con el papel de mi marido en la crianza de mis hijos, soy una privilegiada en ese sentido.

 

Foto: Alejandro del Palacio

EL APOYO FAMILIAR

SARA:

En mi colegio resultaba extraño que mi padre se quedara con nosotros en casa, nos recogiese en la ruta y nos ayudase a hacer los deberes, mientras mi madre pasaba más tiempo trabajando fuera. Ella también se ocupaba de nosotros, todo lo que su profesión le permitía, pero el recuerdo que tengo es que mi madre nos ayudaba con los deberes solo durante las vacaciones.

Mi padre trabajaba como fotógrafo y disponía de más tiempo para estar en casa con nosotros. He aprendido, desde que murió papá y con el paso del tiempo, a valorarte mucho más de lo que te valoré hasta entonces. Tenía mitificado a papá y le sigo teniendo, pero es verdad que no te valoré todo lo que debía hasta ese momento y, según me he ido haciendo mayor, he entendido muchas de las cosas que entonces no me explicaba.

Lo curioso es que yo me he casado con una persona que, en el momento de nuestra boda, estaba sin trabajo y el que se ha quedado en casa asumiendo los cuidados  de nuestro hijo ha sido él, que como padre es inmejorable. El caso es que las mujeres de esta familia hemos tendido a mantener la economía familiar. Repetimos un rol. Me he dado cuenta de que me parezco más a mi madre de lo que pensaba.

Sin embargo, mi madre es muy trabajadora y sacrificada, se queja poco; yo me quejo sin parar, soy menos tenaz y reflexiva que ella, demasiado impulsiva e impaciente, pero las dos tenemos mucho carácter y mucho genio. Cuando me incorporé al trabajo tras mi baja maternal, me puse a llorar, me aterraba la idea de alejarme de mi hijo tantas horas, pero enseguida pensé: “uff, ¡qué sano es tener un trabajo, una vida alejada de casa!”.

Me encanta pasar tiempo con él, me lo llevo a todas partes cada vez que puedo, pero por ejemplo,  el tema parque me exaspera, no lo llevo nada bien y al recogerle del colegio hay pocas opciones que no sea llevarlo allí. El verano pasado estaba en un parque, en Madrid, en pleno mes de julio con un calor tremendo, miles de niños alrededor, muchísimo jaleo, con mi hijo corriendo de un lado para otro, que se me pierde, que se cae al suelo… De repente, un padre a mi lado, dijo para sí mismo: “la verdad es que prefiero estar en la oficina”. Y le dije: “¡yo también, esto es un horror!” (risas). Sin embargo, Nacho se lleva todos los días a nuestro hijo al parque y ambos lo disfrutan muchísimo. En mi casa era un poco así también.

 

Foto: Alejandro del Palacio

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FEMINISMO

NATIVEL:

El feminismo es la defensa de la igualdad y de los derechos de las mujeres para equipararse a los de los hombres, no es más que eso.

SARA:

No lo hubiera definido de otra manera. Se está distorsionando el término y creo que hay muchas mujeres que están haciendo un flaco favor al feminismo. Me molesta leer, escuchar, ver cosas en televisión o a cierto tipo de mujeres con las que no tengo nada que ver y que se supone que están defendiendo mi género… porque yo creo que se está radicalizando de una manera un poco absurda. La definición de feminismo no debería tener otra lectura más que esa.

NATIVEL:

Algunas jóvenes piensan que el feminismo ha empezado con el #metoo. Caen en la tentación adanista de todas las generaciones: creer que el mundo empieza conmigo. No es así, evidentemente. En los movimientos de liberación y en lucha por la igualdad o los derechos siempre se cometen excesos. Mi frase recurrente es: gracias a que las sufragistas del XIX cometieron excentricidades, las llamaron locas, las metieron en la cárcel; gracias a que esas mujeres lucharon por poder votar y fueron insultadas e incluso asesinadas en algunos casos; gracias a su lucha radical, yo soy una feminista moderada y sin necesidad de ser excesiva en nada.

En la lucha por la abolición de la esclavitud, la lucha de los derechos de las mujeres, la lucha sindical, la lucha por cualquier tipo de derecho, siempre hay alguien que se excede. Desgraciadamente, es necesario que haya excesos para conseguir los objetivos. A Gandhi le hicieron caso cuando movilizó a millones de personas en la Marcha de la Sal (1930) Los ingleses tuvieron que ir cediendo en muchas cosas, hasta declarar la independencia de La India.

Parece que nunca ha habido defensa de la lucha de las mujeres y llevamos siglos en ese camino. Yo escribí un libro llamado Hagamos memoria para reflexionar, entre otras cosas, sobre este asunto. En mi propia generación hemos luchado de una manera decisiva por los derechos de la mujer. Yo nací en un momento histórico en el que carecía de derechos como mujer, por culpa de una dictadura que arrebató todos los que se habían logrado en la etapa anterior a la Guerra Civil. Para mantener los derechos conquistados hay que luchar por ellos todos los días, porque si no los defiendes, te los quitan. Es injusto que no se reconozca que se ha luchado por esta causa durante varios siglos. Hay muchas mujeres de mi generación que todavía pueden dar fe de lo mucho que han hecho por la causa feminista.

TRABAJAR EN CASA

NATIVEL:

Lo de trabajar en casa es complicado. Antes tenía un pequeño estudio aquí abajo, y el hecho de que tuviera que subir o bajar las escaleras diferenciaba pasar del trabajo a casa. Mis hijos iban poco por allí. Desde hace muchos años, mi despacho es ahora mi lugar de trabajo y está en mi casa.

Cuando, por ejemplo, acabo de grabar en la tele y me dicen: “ahora ya a casa, ya has terminado de trabajar, ¿no?” me molesta, porque no quiero volver a explicar que yo trabajo en casa, donde tengo una jornada laboral, escribo, hablo por teléfono, respondo al correo, recibo visitas, etc. Trabajar en casa es ahora algo habitual, pero hace 20 años era muy poco frecuente.

 

Foto: Alejandro del Palacio

LA HUELLA DE SARA Y PABLO

NATIVEL:

Mi vida cambió radicalmente, en el sentido más profundo, con la maternidad. Yo más o menos lo sabía. He sido una madre muy consciente: quería serlo por encima de todo. Entonces, cuando tuve a mis hijos, no sabía los efectos que iba a producir en mí.

A pesar de ser prudente, a veces, me comportaba de una manera temeraria, me asomaba al abismo, no tenía miedo. Al nacer mis hijos me entraron los miedos: empecé a programar el futuro, a pensar que no podía ir de viaje de cualquier manera, en definitiva, me cambió la vida.

En cuanto a contar con ellos, contaba con su presencia en todo: en la escritura, en los días, en las vacaciones… cuento con ellos para siempre jamás. No es como en el mundo anglosajón, donde los padres se desprenden de los hijos a partir de una edad. Aquí, en algunos casos afortunadamente y en otros casos de dependencia obligada, mantenemos la relación familiar para siempre.

He vivido una época privilegiada en el sentido de que nada me ha sido impuesto y, en el momento en el que mis hijos eran pequeños y yo trabajaba, teníamos muchas esperanzas puestas en mejorar nuestra calidad de vida, en instalar un sistema de vida casi utópico. Mi generación, con una formación similar a la que yo he tenido, pensaba que el progreso era imparable, que íbamos a conseguir imponer el estado de bienestar a todo el mundo, que nunca más íbamos a tener que firmar manifiestos por los derechos ya conquistados, que íbamos a más. Y, de repente, nos dimos cuenta de que el progreso es finito, que se altera y que hay un bache, una regresión y las situaciones se desestabilizan y puede haber un retroceso tremendo.

 

Foto: Alejandro del Palacio

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Y AHORA, ¿QUÉ?

SARA:

Creo que nuestros hijos van a tener peor calidad de vida que la que tenemos nosotras ahora.

NATIVEL:

No lo sé, porque los cambios históricos se dilatan mucho en el tiempo en comparación con la brevedad vida humana. Quizá vemos todo muy oscuro, porque afecta a todo el planeta. Pero, de repente, hay circunstancias que cambian y las cosas empiezan a mejorar. Hay manifestaciones, elecciones, puede haber un hallazgo de un alimento capaz de resolver el problema del hambre en el mundo… se pueden producir avances que mejoren la calidad de vida en el planeta de forma radical.

Yo tengo esperanzas, pero es un hecho que para vosotros la vida, en cierto modo, es más difícil. Creo que os hemos arropado mucho, pero tenéis menos esperanza, menos perspectivas de hacer lo que os de la gana. Antes, si tenías formación, vocación y eras un poco audaz encontrabas un trabajo en lo que te gustaba. Ahora, poca gente trabaja en lo que quiere: se tienen que conformar con lo que les sale. No pueden ver realizada esa vocación, ese “voy a ser médico”, “voy a ser pintor”. Ahora, lo más probable, es que tengas que ganarte la vida de otra manera.

LO MEJOR Y LO PEOR DE LA MATERNIDAD PARA NATIVEL

La maternidad es la justificación de mi vida. Hemos nacido para dejar un legado y no hay mejor legado que tener unos hijos, porque te permiten luchar por algo concreto con nombre y apellidos. Ves la vida de otra manera. Muchas amigas que no han querido o no han podido ser madres tienen una visión del mundo muy distinta a la mía. La visión de las personas que tenemos la preocupación por nuestros hijos y más tarde por los nietos, es una percepción muy real de la vida y del futuro. Mi vida tiene sentido porque todo lo justifico por ellos.

Lo peor es que les pase algo, estar desazonada, sentir ese miedo. Pero la fuerza del futuro puede más que los temores que puedas tener.

 

Foto: Alejandro del Palacio

LO MEJOR Y LO PEOR DE LA MATERNIDAD PARA SARA

Lo mejor de mi maternidad es ver crecer sano y feliz a mi hijo y saber que yo tengo algo que ver en ese proceso.

Lo peor: que saca cosas de mí que no me gustan, que me frustro como madre porque, a veces, no me veo capaz de lidiar con una personita tan pequeña (3 años y medio), que puede sacarme de mis casillas hasta el punto de hacerme perder los papeles, de meterle un grito sin que él entienda por qué lo he hecho. Pero todo compensa mientras esté sano y crezca feliz. Es lo único que me importa en la vida, todo lo demás pasa a un segundo plano.

Muchas madres de mi entorno cuentan que el día que nació su hijo fue el mejor día de su vida, pues para mí no fue así. Me sentí muy frustrada por no tener ese sentimiento. Tu hijo nace y sientes  que ese sentimiento no es tan “la bomba” como te contaban. Estaba destrozada física y anímicamente, no sabía muy bien qué hacer con él.

Cuando nació mi hijo, en el paritorio, yo solo preguntaba “¿está bien? ¿está sano?”. Una vez me dijeron que sí, me relajé. Pero me di cuenta de que, cuando le miraba, pensaba en que quería mucho más a mi madre o incluso a mi marido que a ese ser desconocido para mí, recién nacido hacía pocas horas. Luego esa sensación cambia, claro, y ahora mis sentimientos son otros, distintos, son amores totalmente diferentes. Y te encuentras ese sentimiento tan fuerte en el que, al principio, no dejas de pensar: “ese niño es mío, ha estado dentro de mí, lo he parido yo”, es un instinto muy primario. Es un sentimiento muy bestial y salvaje.

 

Foto: Alejandro del Palacio

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EL EMBARAZO Y EL PARTO

NATIVEL:

Recuerdo mis embarazos como las mejores épocas de mi vida: me sentía pletórica, llena de fuerza, eufórica. Mis partos fueron momentos de gran fortaleza (sin epidural y sin intervenciones). Cuando nació Sara, había huelga en el hospital. El ginecólogo no venía porque, el muy frívolo, estaba viendo Apocalipsis Now y no quiso perderse el final. Era el primer parto para la matrona que me atendió. Cuanto más difícil se ponía la situación, más heroica me sentía, me monté una película. Estaba tan orgullosa de mi actitud, que me creía una guerrera.  Solo tengo recuerdos maravillosos de mis dos embarazos y mis dos partos.

SARA:

Para mí el embarazo fue una época complicada. Estaba físicamente perfecta pero mentalmente insoportable, desquiciada, lo mismo reía que lloraba, gritaba de felicidad que de impotencia. Lo que le hice pasar a Nacho… ¡qué barbaridad!. Pensé que me iba a quedar así para siempre, no lograba controlarme. Me destrozó el desequilibrio hormonal. Mi parto fue bien, 12 horas largas pero bien… y lo peor fue el postparto a nivel físico, algo inenarrable. Nadie me había contado nada sobre esa etapa, ni había leído nada. ¿Por qué no nos cuentan nada?

sara e hijo

CONSEJOS DE MADRE

NATIVEL:

En mi caso y en el de mis hijos, el mejor consejo que me han dado mis padres es su ejemplo. Tuve una madre muy especial que me decía: “hija, tienes que ser autónoma, no depender de nadie y saber ganarte la vida”. Es algo que se me quedó grabado. Era, como todas las mujeres de mi familia, muy independiente; trabajaba en casa pero era una mujer con muchas inquietudes. He heredado de ella el ejemplo; ese ejemplo que me dio de mujer independiente, responsable, autónoma, adorando a mi padre como lo adoraba.

SARA:

Mi madre no me ha dado consejos, como bien dice, el ejemplo es lo que más me sirve. Vivimos enfrente la una de la otra, ve al niño todos los días. Me fijo mucho en cómo actúa con mi hijo. Pero sí creo que mis padres cometieron un error con nosotros: haciéndolo con todo su amor, creo que nos sobreprotegieron demasiado. Es algo que yo no quiero hacer con mi hijo. A veces, mi madre me recrimina lo dura que soy con el niño. Nos parecemos en muchas cosas, como ya he dicho antes, pero hay otras en las que no tenemos nada que ver. A veces, pienso: ¿por qué no soy como mi madre en esto concretamente? a la hora de tener más paciencia, en el equilibrio mental, en la actitud ante ciertos aspectos de la vida, la serenidad, la calma, más dura ante los contratiempos o las adversidades.

Nativel como abuela es ejemplar. Creo que está menos tiempo con su nieto del que le gustaría, porque a día de hoy sigue trabajando mucho y aún así le ve casi a diario. Casi nunca le pido que se quede con él, de hecho abuso más de mi hermano Pablo que de ella. Pero es una abuela que juega con el niño, se tira por los suelos, le explica cómo se hacen las cosas y le dice frases del tipo «la paciencia es la madre de la ciencia» o «¡sé prudente, por favor!» siempre que se va a la calle o cuando hace algo que no debe. ¡Eso me encanta!

Yo soy feliz viendo la relación de mi hijo con mi madre, me emociono muchas veces cuando les veo juntos y cuando veo cómo le mira ella a él, tengo mucha suerte. Y creo que a mi madre ser abuela le ha dado mucha vida.

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