niños sin etiquetas
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CONCEPCIÓN ROGER, ALBERTO SOLER Y LOS NIÑOS SIN ETIQUETAS

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Entrevista a Concepción Roger y Alberto Soler con motivo del lanzamiento de su nuevo libro Niños sin etiquetas. 

Las etiquetas nos rodean. Vivimos en un mundo marcado. Etiquetas en los productos que adquirimos. En la ropa que usamos. A veces, las etiquetas de nuestras camisetas podrían contener, por su abundancia, una novela corta. Las etiquetas nos cuentan las bondades de los productos que consumimos. También nos cuentan sus maldades, pero ocurre que no sabemos o no queremos interpretarlas. En un mundo de productos etiquetados es fácil suponer que todo se define por adjetivos: la España soleada, la vibrante ciudad de Nueva York, la cosmopolita Barcelona, las cálidas aguas del Caribe… Siempre en busca de la definición perfecta. Todo bien con eso.

El problema surge cuando nos empeñamos en etiquetar a las personas. Sobre todo, el problema se agudiza cuando etiquetamos a nuestros hijos: el graciosillo, el travieso, el vago… Nos pasamos la vida poniendo etiquetas a las personas, quizá sin ser conscientes de que ponerlas es fácil pero quitarlas es muy difícil. Sin darnos cuenta de que el uso de etiquetas en las personas puede resultar altamente perjudicial. Etiquetar a un niño influye en las expectativas que tenemos sobre él, de manera positiva y también de manera negativa.

A lo largo de 12 capítulos, Concepción Roger (Kontxín) y Alberto Soler definen las etiquetas que, frecuentemente, colocamos a los niños para desmitificarlas y ayudarnos a eliminarlas desde la comprensión y el conocimiento en su último libro Niños sin etiquetas: una guía de crianza con ideas, consejos y múltiples ejemplos para que nuestros hijos puedan crecer siendo niños, disfrutando de cada etapa de sus vidas en un entorno que les posibilite desarrollarse plenamente y recibir de sus padres todo lo que necesiten para ser felices. El libro está prologado por Álvaro Bilbao e incluye, además, la colaboración de Julio Basulto, dietista-nutricionista, en el capítulo dedicado a niños mal comedores y niños glotones. Y, como bonus track, el epílogo está dedicado a las etiquetas que también nos ponemos como padres y madres.

Kontxín es psicóloga y Doctora en Psicología. Durante más de 10 años ha colaborado con la Unidad de Investigación de Psicobiología de las Drogodependencias de la Universitat de València con quienes ha publicado 18 artículos en revistas científicas internacionales de prestigio. Alberto también es psicólogo, con un Master en Psicología Clínica y de la Salud, Especialista Europeo en Psicoterapia y homologado como Psicólogo General Sanitario. Cuenta con más de 12 años de experiencia en psicoterapia. Colaborador del programa Ser Saludable en la Cadena Ser, del proyecto Gestionando Hijos, y profesor en la Escuela Bitácoras.

Juntos, Kontxín y Alberto son autores del libro Hijos y padres felices. Cómo disfrutar la crianza (Kailas, 2017) y del videoblog Píldoras de Psicología. Además, comparten la crianza de tres hijos (dos de ellos de seis años y la más pequeña de dos años).

En esta entrevista, Kontxín y Alberto nos hablan de cómo la maternidad/paternidad cambió su trabajo y les llevó a trabajar juntos; nos hablan de cómo quitar las etiquetas a nuestros hijos y nos dan consejos para criar niños felices sin llevar sobre sus espaldas el peso de nuestras expectativas como padres.

 

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NUESTRO TRABAJO ANTES Y DESPUÉS DE SER PADRES

Kontxín: mi trabajo es el que más ha cambiado con la maternidad. Antes de ser madre trabajaba en la Universitat de València, en la facultad de psicología. Al plantearnos ser padres decidimos que yo haría un paréntesis para poder estar más tiempo con los niños en casa. Primero el paréntesis se alargó, después decidimos que lo mejor para nuestra organización familiar era trabajar los dos juntos, empezamos con nuestro canal de YouTube, luego escribimos nuestro primer libro, después vino nuestra hija pequeña, otro paréntesis, después este segundo libro… mi trabajo y mi vida han cambiado totalmente desde que soy madre.

Alberto: A diferencia de Kontxín, mi trabajo formalmente ha cambiado poco, pero sí lo ha hecho la forma de enfocarlo. El hecho de tener hijos cambia la forma de valorar y analizar los temas relacionados con la crianza. No se ven igual las cosas desde la barrera que una vez te encuentras de lleno viviéndolo en primera persona.

 

Imagen: Cortesía @asolers

CONSEJOS DE CRIANZA DE NUESTROS PADRES

Kontxín: creo que nuestros padres nos criaron de una forma bastante diferente a como nosotros criamos a nuestros hijos. Más que darnos consejos, pienso que muchas veces nos han mirado con extrañeza, quizá porque les parecen un poco raras algunas de las cosas que nosotros hacemos. Nuestros hijos han tomado el pecho “hasta muy mayores” (según su punto de vista), hemos dormido todos juntos, han comido ellos solos desde muy pequeños con sus manos, sin avioncitos, no les hemos querido dar azúcar ni chuches, no les hemos puesto la tele, hemos tratado de adaptarnos mucho a sus ritmos y necesidades… supongo que algunas de estas cosas les han chocado y les ha costado entender.

Más que consejos en relación a la crianza, que apenas hemos recibido por su parte, creo que aplicamos cosas que hemos aprendido de ellos de otras formas. Principalmente del ejemplo, de lo que hemos visto cada uno en casa. Quizá nos hemos quedado más con el fondo que con las formas: creo que compartimos valores con ellos aunque las formas puedan parecer diferentes.

 

Imagen: Cortesía @asolers

LA HUELLA DE NUESTROS HIJOS EN NUESTRO TRABAJO

Kontxín: Supongo que es una huella importante porque la paternidad/maternidad te da una nueva perspectiva, y más en nuestro caso que solemos hablar bastante de niños. Ellos nos hacen fijarnos en cosas en las que antes probablemente no nos habríamos fijado, reflexionar sobre temas que antes ni nos habríamos planteado, nos han dado experiencia de vida, nos facilitan el ponernos en el lugar de los padres cuando consultan agobiados por problemas o dificultades en su relación con los hijos… solemos decir que ellos son nuestros maestros de paciencia, pero en realidad también lo son de perspectiva, de empatía, de vida y de todo.

 

Imagen: Cortesía @asolers

LO MEJOR Y LO PEOR DE LA MATERNIDAD/PATERNIDAD

Kontxín: Lo mejor son ellos. Yo les miro y me maravillo. Me parece alucinante que estén aquí, enteritos, sanos, contentos, felices; sus risas, llantos, gritos, carreras, saltos, bromas, sus preguntas… es toda una experiencia poder verles crecer y poder acompañarles en el proceso. La verdad que me siento muy afortunada de tenerles. A nivel de pareja es todo un reto y una aventura esto de criar a tres nanos, pero tengo la suerte y el orgullo de tener al mejor compañero posible. No pude haber elegido mejor.

Lo peor para mí es la pérdida de libertad y de margen de maniobra. Antes de ser madre podía hacer lo que quisiera. Si quería entrar, entraba y si quería salir, salía. Podía dedicar las horas que quisiera a trabajar, podía quedar con amigos, hacer deporte, viajar, ir al cine, salir a cenar… lo que quisiera. Con la maternidad es como si hubiera perdido mi libertad, mi cuerpo, mi tiempo, mis planes y en parte hasta mi mente. Pero bueno, quiero pensar que esto es transitorio, y que en un tiempo podré ir recuperando poco a poco, al menos parte de estas parcelas.

Alberto: Tenemos la suerte de ser un gran equipo tanto en casa como en el trabajo, con lo que de esa manera amortiguamos un poco los aspectos más negativos. Pero comparto con Kontxín que la peor parte es la pérdida de libertad, especialmente suya. En nuestro caso quizá parte de lo complicado se derive de no tener la suerte de contar con apoyo familiar que nos permita conciliar o tener algo más de tiempo para nosotros como pareja.

 

Imagen: Cortesía @asolers

QUITAR ETIQUETAS EN UN MUNDO HIPER-ETIQUETADO

Kontxín: Erradicar las etiquetas es imposible, así como no utilizarlas nunca. Todos las ponemos y todos las llevamos, pero podemos pararnos un poco a pensar y al menos evitar abusar de ellas. Las ponemos y nos las han puesto casi en automático, sobre la marcha, sin pararse demasiado a pensar en las consecuencias. La idea es hacer esta pausa, esta reflexión sobre la forma que tenemos de comunicarnos con ellos, y observar cómo nos estamos relacionando. Al observar, muchas veces nos descubrimos utilizando, o abusando de estas etiquetas, o aunque no las empleemos, muchas veces nos dirigimos a ellos en un tono que tampoco nos gusta. Muchos padres al hablar con nuestros hijos, utilizamos demasiadas veces tonos y formas que en el fondo sabemos que no son las correctas.

Alberto: En este sentido es útil hacer la distinción entre persona y conducta, y tratar de limitar en la medida de lo posible el uso del verbo ser para describir a las personas. No es lo mismo decirle a tu hijo que es un vago, que decirle que no se ha esforzado lo suficiente,  o que aún tiene que trabajar un poco más. No es lo mismo decirle que es un follonero o un niño conflictivo, que entender que quizá atraviesa un mal momento y que no necesita tanto “mano dura” sino comprensión, que le ayuden a manejarse mejor en las situaciones sociales o a aprender habilidades de resolución de problemas.

Kontxín: Si cambiamos el enfoque desde el “mi hijo es” (por ejemplo un descuidado, llorón o impaciente) a un “mi hijo necesita aprender a” podemos enfocarnos en las áreas que deberíamos trabajar para mejorar. De esta forma nuestros comentarios serán críticas constructivas y no tanto etiquetas limitantes.

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REBAJAR NUESTRAS EXPECTATIVAS EN POS DE LA FELICIDAD DE NUESTROS HIJOS

Kontxín: Una idea transversal a nuestros dos libros sería que tratemos de relajarnos todos un poco, que tratemos de educar desde la calma y el buen rollo, y que no nos olvidemos de disfrutar del camino. Que aunque en el día a día surjan problemas que nos puedan parecer muy graves, en realidad muchas veces estos problemas cotidianos, a la larga, no son cosas tan importantes. No merecen nuestros enfados, gritos, prisas y malas formas. Lo verdaderamente importante, y lo estamos viendo ahora con esta crisis, son nuestras personas queridas. Si tenemos a nuestros hijos en casa y estos son pequeños, probablemente nuestras disputas tengan mucho que ver con cuestiones muy cotidianas, que no tendrán demasiada trascendencia pasado un tiempo. Lo que sí que permanecerá será el clima, la sensación de estar a gusto en casa o no estarlo, de saberte querido por tus padres… no podemos machacarles por estar tratando de construir hijos perfectos, súper preparados para el futuro, para una hipotética felicidad futura. Porque, en realidad, lo único que tenemos es el momento presente. Si queremos que sean felices mañana, sería mejor que tratáramos de serlo todos juntos hoy. Porque cuando queramos darnos cuenta, ellos habrán crecido y habrán hecho su camino.

 

Imagen: archivo personal Concepción Roger

HIJOS Y PADRES FELICES. CÓMO DISFRUTAR DE LA CRIANZA

Una guía amena, didáctica y rigurosa que ayuda a entender el desarrollo de nuestros hijos en sus primeros años de vida y propone recomendaciones adaptables a cada familia.

En la primera etapa de la vida de un niño su cuerpo y su cerebro se transforman a un ritmo vertiginoso. El pequeño pasa de ser un bebé que hace poco más que llorar y mamar, a ser un niño que nos pregunta por todo.

¿Qué es lo que necesita realmente un bebé?, ¿por qué llora en cuanto le soltamos?, ¿es malo que duerma con nosotros?, ¿hasta cuándo seguir con la lactancia?, ¿cómo actuar ante las rabietas?, ¿le dejamos el móvil para que se distraiga?, ¿cuándo necesita ir a la guardería?, ¿le castigamos cuando se porte mal?, ¿cómo establecemos límites?

Este libro responde a estas y muchas otras preguntas, abarcando gran parte de lo que ocurre durante los primeros años de vida de nuestros hijos. Unos años que en el futuro recordaréis como vuestros mejores años.

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NIÑOS SIN ETIQUETAS

Es fácil poner una etiqueta a un niño, pero es muy difícil quitarla. ¿Y si dejamos de etiquetar a nuestros hijos? Simpático, conflictivo, pesado, divertido, perezoso, activo, aventurero, comilón, pesimista, alegre, impulsivo, inconsciente, nervioso, constante, trabajador, holgazán, etc. Utilizamos etiquetas con alegría, las ponemos y nos las ponen, pero a veces eso resulta perjudicial. Cuando etiquetamos a un niño, las expectativas que tenemos acerca de su conducta influyen en la misma, tanto si esta es positiva como si es negativa.

En este libro, Alberto Soler y Concepción Roger nos hacen un recorrido por las etiquetas que más habitualmente utilizamos para calificar a los niños y nos muestran cómo podemos educarlos sin caer en esa trampa.

«[…] mientras por un lado queremos que los niños pequeños sean dóciles y obedientes, también pretendemos que “se conviertan” en adultos independientes y críticos, de los que nadie pueda abusar. De algún modo, creemos que ese niño del que esperamos obediencia ciega y acrítica, que no cuestione lo que le decimos (que para eso somos sus padres), un día se levantará habiendo desarrollado como por arte de magia una autoestima a prueba de bombas, un gran espíritu crítico y una autonomía que le posibiliten desenvolverse en el mundo adulto.»

p. 106 NIÑOS SIN ETIQUETAS (Ed. Paidós)

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