nuestro trabajo ahora ser padres

NUESTRO TRABAJO AHORA: SER PADRES

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Miércoles, 9 de marzo de 2020. Al salir los niños del colegio, como el colegio está en una plaza, los padres nos quedamos charlando y los niños, jugando. Esa tarde, algo revolucionados por el rumor de que iban a cerrar los colegios, nos juntamos en casa unos cuantos padres para ver el comunicado oficial, (tomar unas cervezas), organizarnos e intentar anticiparnos a la debacle que suponía para nosotros no poder dejar a los niños en el colegio durante un par de semanas. Fue bonito el encuentro: tejemos (y tenemos) entre nosotros, padres y madres, una red de ayuda y estamos felices por ello. Porque funciona y porque el beneficio emocional para todos nosotros es inmenso. Planeamos turnarnos para teletrabajar un día cada uno: ese padre o madre se ocuparía de sus hijos y de los del resto (hablamos de 7 niños -2 en Infantil y 5 en Primaria, no parecía una tarea titánica, podemos entretenerlos). Al día siguiente, jueves, inventamos una “mini escuela” con una de las madres, jefa de estudios en un instituto que no pudo acudir a su puesto de trabajo. Por la tarde, decidimos sacar a los niños a dar un paseo por el Parque del Oeste, con el fin de encontrar un lugar con aire libre y poca masificación.

Al día siguiente, volvimos a la “mini escuela”. Hasta que, a la hora de la comida, se decretó el estado de alarma actual. En ese momento, disolvimos nuestros planes de “cuarentena entre amigos” y nos fuimos cada uno a nuestra casa. Cuando nos vimos en casa, puestos madre-padre-hijo-hija en modo encierro, decidimos establecer ciertas rutinas: tareas del colegio por las mañanas y teletrabajo. Reuniones, por Zoom. Una peli por las tardes, Haríamos ejercicio, claro. Como todos estos días. Manualidades, talleres y exposiciones virtuales. Nos lo íbamos a montar bien.

Una semana más tarde, mi estado normal pasó de “optimista a saco” a “no puedo respirar por la angustia”. Mi pareja y yo, algunos días, evitábamos cruzarnos o hablar para no pelearnos. Quizá no interpretamos bien la naturaleza de este conflicto, de esta batalla que libramos. Esta enfermedad, el COVID-19, no ha sido derrotada. No lo será hasta que los que saben den con una vacuna. Para eso, faltan meses.

Nuestros planes quedaron atrás, aumentamos los tiempos de teles, de pantallas… pensé una y mil veces que nos lo estábamos montando fatal. Obligados a una convivencia exhaustiva, con obligaciones laborales y dos hijos, nos replanteamos las cosas: miramos a los niños, que andaban algo desorientados y acordamos que el trabajo más importante que teníamos por delante eran ellos. Todo lo demás ha pasado a un segundo plano.

Como nos vimos obligados por la necesidad y la infección a renunciar a nuestro enfoque militante, reconsideramos el tablero de juego. Miramos a nuestros hijos confinados, expuestos, resistentes y acordamos que sólo teníamos un trabajo por delante. Es el trabajo que todos los padres tienen ahora y el más completo de los empleos a tiempo completo: Asegurarse de que los niños se sientan seguros y amados. Todo lo demás es opcional. Relajamos las expectativas, entonces. En una crisis, las normas se convierten en cargas.

El aislamiento social y la crianza 24/7 son una combinación terrible, que garantiza el estrés en el hogar. Olvídate de querer hacer deporte todos los días. De hacer yoga en familia, cerámica, de llevar todas las tareas del cole al día. No te frustres con eso. Mira a los niños: ellos tienen, algunos quizá por primera vez durante tantos días seguidos a sus padres en casa, con ellos. Y habrás observado, en estos días, que eso es lo que más quieren y lo que más necesitan. No las interminables clases extraescolares a las que los apuntamos porque, mientras nosotros trabajamos, debemos ocupar su tiempo.

Jugar con Legos, hacer puzzles, disfrazarse con ellos es involucrarse. Disculparse por tener que atender una llamada de trabajo es involucrarse. Quizá no sean, a largo plazo, soluciones al problema de cómo mantener a los niños ocupados, pero AHORA eso no es una cuestión existencial. En este momento, debemos poner el foco en el acto central de ser padres, proporcionar seguridad y amor. Hay formas muy simples de hacerlo. Una forma es hablar. Hacer preguntas. Escuchar. Abordar sus preocupaciones, lo que es importante para ellos, aunque para nosotros sean tonterías. Como entender que tu hija quiera hacer una fiesta de cumpleaños a su Ksi Merito, con tarta, velas y canción incluidas. Ese es el trabajo.

El futuro post-pandemia es desconocido hasta cierto punto, pero hay cosas de las que podemos estar mucho más seguros que de la economía. Podemos estar seguros de que seguiremos estando ahí para nuestros hijos y podemos saber con seguridad qué es lo que necesitarán de nosotros: seguridad y amor. Sólo eso. Lo de siempre.

 

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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