Iria Prendes, fundadora de Soy Cicloviajera

COMPARTIR PARA CRECER

Escrito por:

Hay días en los que te alegras de poder trabajar en pijama y días en los que desearías tener una jefa a la que obedecer. Días en los que una sola venta da sentido a los desvelos de todo un año y días en los que solo querrías sentarte en una silla de 8 a 3. El camino del emprendimiento tiene esos altibajos, por eso es vital rodearte de personas que te entiendan, con las que compartas ilusiones y desafíos. Yo las encontré al llegar a la Escuela Juana Millán, que pone mucho énfasis en crear comunidad y en tejer alianzas, frente a la religión neoliberal de la competencia. Y no fui la única: «Como autónoma a veces te sientes muy sola, tienes que cumplir muchos roles: publicidad, relaciones, ventas, comunicación… poder hacerlo juntas supone compartir esas tareas, fusionar aprendizajes y disciplinas, poder visibilizar mi proyecto y llegar a otros lugares, como una semilla que se va esparciendo con el viento». Lo cuenta Marta Herson, creadora del proyecto Tambora, música para la vida. Marta ha conseguido cumplir el sueño de celebrar un retiro de musicoterapia gracias a la colaboración con otra emprendedora, Ana Cortés, fundadora de Hacia lo salvaje, quien puso su capacidad de gestión y experiencia organizando viajes. Para Ana, contar con toda una red de colaboradoras le hace sentirse fuerte, porque de ellas puede aprender, inspirarse, apoyarse y crecer: «Yo nunca escondo las colaboraciones que tengo aunque podrían puentearme, ir por la puerta de atrás a contactar directamente con esa persona para tener esa experiencia sin mi labor intermediaria, pero para mí es vital dar fuerza comunicativa al poder de la colaboración y la cooperación».

Otra de sus alianzas la ha tejido con Iria Prendes, fundadora de Soy Cicloviajera, con quien está preparando un viaje para descubrir el entorno de la Ulloa, una comarca lucense con mucho emprendimiento rural femenino, que se está viendo amenazada por la instalación de una fábrica de celulosa. Para Iria, colaborar con otras mujeres «ha sido una forma de crecer sin perder coherencia. Me ha permitido ampliar mi mirada, compartir recursos, apoyarnos en momentos de duda y crear proyectos más sólidos y honestos. Son un sostén real: sentir que puedes pedir ayuda, compartir dudas y celebrar logros sin comparaciones. A nivel laboral creo que me pueden abrir oportunidades y a nivel personal me han dado calma y confianza para seguir creando desde un lugar más alineado con mis valores».

Lo mismo destaca Andrea Liveli, creadora del Laboratorio de Autoamor y Autocuidado: «Cuando colaboras, la exigencia es menor, tanto la interna como la externa. Al compartir, hay algo que se relaja y es allí cuando surge la magia, porque no hay tensión: hay confianza, y en la confianza hay unión, creatividad, fuerza». Andrea une fuerzas con Tatiana Gryaznova, fundadora de la Escuela Melodía del Corazón. Ella también colabora con las fundadoras de La Comala, Jamileth y Norma Chavarria, para crear una asociación enfocada en el bienestar integral y el apoyo a las mujeres migrantes. Ve las alianzas con mujeres «siempre como una la catapulta hacia lo mejor. La competitividad, desde mi punto de vista, es una forma de guerra. No le veo sentido a pelear restando fuerzas y talento cuando puedes trabajar desde la perspectiva de sumar. Todo suma si quieres verlo así».

De competitividad sabe mucho Irene Hidalgo; después de trabajar la mayor parte de su vida en el mundo empresarial de las grandes marcas de moda, sintió que había pasado «del lado oscuro hacia la luz» al emprender con su marca de joyería artesanal contemporánea Kavaleta. «Cuando entré a formar parte de la Escuela Juana Millán desaprendí la creencia de que quien se dedicaba a lo mismo que yo era mi competencia y debía resguardarme de compartir información o mis proyectos con ella. Fue un despertar; de repente, ese miedo se transformó en posibilidad de crecimiento, esa «competencia» podía ser y de hecho eran alianzas, mujeres compartiendo sueños y profesión (o no) que te entendían, te apoyaban y ayudaban». Irene ha creado sinergias con otras dos joyeras artesanales: Diana Luque, de Atávika y Karla Martín. «En lugar de mirarnos con recelo o desconfianza, desde el primer momento supimos acercarnos para intercambiar conocimientos que nos pudiesen ayudar. Con las dos he intercambiado información de proveedores, de experiencias profesionales, de consejos e incluso nos repartimos «recados» joyeros, como llevar la plata a afinar para compartir gastos».

Con esos pequeños gestos se construye red. Compartiendo conocimientos y herramientas, comprando en las tiendas de barrio o avisando a tu compañera de que hay un concurso que podría ganar, como Rosa Martín Jordán, que se hizo con el premio nacional al mejor emprendimiento senior con su proyecto Maleta viajera, que ofrece guías de viaje personalizadas con historias originales e ilustraciones hechas a mano. Ella no solo encuentra en sus alianzas apoyo, sino también espacio de celebración conjunto. «No estamos todos los días en contacto, pero los éxitos los compartimos entre todas; cuando hay una buena noticia, nos la contamos».

Y como explican las fundadoras de Lasgaya, una cooperativa de trabajo ecofeminista sin ánimo de lucro, «hay algo muy político en esto: las alianzas entre mujeres cuestionan directamente un sistema patriarcal, neoliberal y cada vez más individualista que nos quiere aisladas, compitiendo y dudando de nosotras mismas». Vanessa Álvarez y Mónica Herreras, socia también de Tumaini, ven la colaboración con otras emprendedoras como algo clave tanto a nivel personal como profesional. «Emprender de manera colectiva y en red nos ha permitido no sentirnos solas, compartir dudas, miedos y también aprendizajes. La colaboración nos ha enriquecido porque nos ha sacado de la lógica de «sálvate tú» y nos ha colocado en una lógica de cuidado mutuo: pensar juntas, apoyarnos en los momentos de bloqueo y celebrar los avances como algo compartido. En lo práctico, hemos ganado en mirada estratégica, en creatividad y en sostén emocional; en lo político, en coherencia: construir proyectos alineados con los valores que defendemos. Un ejemplo concreto de apoyo mutuo: en los momentos de sobrecarga de trabajo, desborde personal o incertidumbre, hemos podido redistribuir tareas, compartir contactos o incluso acompañarnos emocionalmente en decisiones difíciles».

Desde su trabajo diario, ambas combaten el relato dominante del mundo de los negocios, «basado en la escasez, la competencia permanente y la idea de que para que una gane, otra tiene que perder. Desde la Economía Social y Solidaria y el ecofeminismo creemos que la cooperación no solo es más justa, sino también más eficaz y sostenible en el tiempo. Cuando compartes recursos, conocimientos y contactos, el ecosistema crece y se fortalece. El modelo de competencia constante no solo desgasta a las personas, sino que también supone un grave riesgo para el futuro del planeta».

Mónica y Vanessa son mujeres que trabajan con mujeres por vocación: en el caso de Lasgaya porque nació precisamente «para que el trabajo digno y la conciliación no fueran quimeras para nosotras». Y en Viajes Tumaini no había intención de dirigirse solo a mujeres, pero de manera orgánica han llegado a ser el 90 por ciento del equipo y de la audiencia. Y lo celebran: «En estos espacios no mixtos se respira y se comparte confianza, son espacios seguros donde no tenemos que demostrar nada, donde podemos mostrarnos vulnerables sin miedo a perder legitimidad. La vulnerabilidad, la ternura, la compasión, la asertividad o el apoyo mutuo están permitidos y son parte de otra forma de hacer economía».

Es la forma de hacer economía que se enseña en la Escuela Juana Millán, en la que se han formado todas las voces que han tejido este artículo y que demuestran que las redes apoyan, soportan, extienden e impulsan. En otros entornos o circunstancias puede que cuando compartas, te quedes con menos, pero aquí te sirve para crecer. Y para que crezca el emprendimiento femenino y haya más proyectos colectivos, la Escuela Juana Millán ha lanzado una campaña de siete becas de hasta 1000 euros más IVA para entidades de economía social lideradas por mujeres que se constituyan antes del 15 de junio de 2026 en Andalucía.  ¿Por qué en esta región? Porque es una de las que tiene mayor porcentaje de mujeres con intención de emprender, pero menor tasa de emprendimientos femeninos consolidados, y lidera junto a Madrid la tasa de abandono.

Además de estas siete becas, hay otras quince dirigidas al acompañamiento profesional a estos grupos promotores liderados por mujeres para revisar el plan de empresa, acompañar en la puesta en marcha de la entidad y en la constitución jurídica, con tutorías individualizadas, orientación, asesoramiento y apoyo en los trámites. Para que la red no sea solo metafórica y haya un apoyo real y tangible a las mujeres que quieren emprender en colectivo. Para que sea más fácil poner en marcha un proyecto viable. Para poner una base sólida sobre la que vaya creciendo la red.

 

Este reportaje forma parte de Enredadas, el volumen 16 de la revista MaMagazine en papel.

Escrito por:

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Relacionados

VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Cree que cuando nos comunicamos bien, vivimos mejor: somos más libres y felices, y por eso dejó su trabajo de periodista y fundó Genuina, una escuela de expresión para enseñar a hablar en público y en privado. Ha publicado el libro "Un murmullo en Nueva York" y, como narradora oral, ha contado historias en escenarios de varios países, aunque ahora su público favorito son sus hijos Jaime y Maia.

Revista en papel