(c) Jairo Vargas

LA POESÍA NO ES UNA HUÍDA: ES UN ENCONTRONAZO

La realidad Maternidad Para leer

«Durante muchos años me resistí a llamarme poeta. «Yo no soy poeta», repetía una y otra vez en presentaciones y en entrevistas; también en la intimidad. Me sentía una impostora en este género, pensaba que me quedaba grande la máscara. Tenía más que ver con la prudencia que con un verdadero rechazo identitario. El canon y aquella ideología del virtuosismo que es nada más que un lugar para los dioses. Era en la narrativa donde me relajaba, en el relato, en la novela. Aquello sí me lo tenía permitido. Fui puliendo las aristas a través del tiempo, como tantos otros dogmas que solo han resultado ser un hueso.

Comencé a escribir poemas en un cuaderno con tapas forradas de tela, en Sevilla, un septiembre difícil de olvidar, justo después de que cayeran las Torres Gemelas. Lo hacía por impulso y por vértigo, sin capacidad para el reposo. Echaba el resto en la prosa, con sus diferentes escenarios de ficción. No fue hasta mucho tiempo después, cuando ya vivía en Madrid, que el amigo poeta y editor Paco Cumpián dio con la clave que desanudó las ataduras: «Tus poemas son narrativos y tu prosa es poética».

Así empieza esta historia, con las palabras de Lara Moreno (Sevilla, 1978). Continúa con Lara leyendo algunos de sus poemas desde una sala del Café Comercial de Madrid, hace pocos días. Lara estaba presentando su último libro, Tempestad en víspera de viernes. Este volumen contiene sus poemarios La herida costumbre, Después de la apnea y Tuve una jaula, así como varias piezas inéditas. La lectura del libro es un billete para un viaje hacia el interior de una mujer que pone el pecho por delante, que siente fuerte, que transita la vida sin escudos, con sus alegrías y sus terrores. Pero escuchar a Lara leer sus versos es harina de otro costal. El registro de su voz me recuerda al de Almudena Grandes. Esa potencia de la voz grave. De bajo en la banda de rock. Pero ella es una voz cantante. Leed a Lara y si tenéis la oportunidad de escucharla, no la dejéis pasar. Porque sus versos crecen con su voz, hacen la piel permeable; te moja con una mezcla de nostalgia y visceralidad. Después, lloras esas lágrimas.

Aunque no se considere poeta, o se considere «poeta a ráfagas», el título que se le concede es bien justo. Y parece que está reconciliándose con ello: «no sé por qué le he tenido siempre tan poco respeto a mis propios poemas cuando le tengo muchísimo respeto a la poesía. Es un género poco reivindicado porque mucha gente le tiene miedo, cuando es un género que lo contiene todo. Dentro de la poesía están todas las artes: es pensamiento, puede ser ficción, es política, es intimidad… está todo ahí. Es una forma de mirar, una especie de lugar en el mundo. La poesía no es una huída, es un encontronazo. Es un género que transito».

La maternidad impacta como un rayo en gran parte de los poemas recogidos en Tempestad en víspera de viernes. Con su belleza y con su crudeza, con sus dificultades y sus puntos álgidos. En un momento de la lectura, Lara dice: «En realidad no sé si me lo perdonará algún día, pero los poemas más tristes se los he escrito a mi hija. Pero bueno, espero que sepa entenderlo. Espero que algún día me perdone».

Y suenan estos versos en su voz:

«este agujero llamado mi libertad

donde no existes»

«No, definitivamente, no me va a perdonar». Preguntamos a Lara qué espera para nuestras hijas e hijos y su respuesta es tan sencilla como compleja: «Libertad real, feminismo real, igualdad real, que salgamos todas vivas de esta pandemia y mucha justicia para todas nosotras. Que el mundo que se encuentren ellas no sea éste».

Lara, que es ella en su poesía pero no lo es todo el rato, por mucho que la literatura sea esencial en su vida, como escritora y como lectora, nos explicó, por último, que en realidad la vida la vivimos en el otro lado, fuera de los libros: «Tengo más o menos capas, estoy más magullada o más brillante por lo que vivo. Esto es un reflejo de eso, sin más. Al final, el campo de batalla es el del día a día».

Terminó esta lectura su editora, María Fasce, señalando esta versos. Nada me parece más apropiado, también, para terminar estas palabras:

«yo soy la mujer y soy la encrucijada

habrá siempre un dolor sobre esta duda»

TEMPESTAD EN VÍSPERA DE VIERNES (click en la imagen)

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TEMPESTAD EN VÍSPERA DE VIERNES

Tempestad en víspera de viernes reúne la obra hasta el momento de una de las grandes poetas españolas de la actualidad, Lara Moreno, desde su debut con La herida costumbre y los poemas incluidos en Después de la apnea hasta los de su último poemario, Tuve una jaula, así como varias piezas inéditas, algunas compuestas durante la pandemia de 2020. El conjunto es una impactante muestra de una poesía personal, pegada a lo doméstico y descarnadamente visceral, en la que Lara Moreno desnuda con ironía, ternura y calado su intimidad, sensual y dolorosamente perturbadora, la realidad cotidiana que la circunda y su condición de mujer. En este sentido, quizá no sea exagerado afirmar que Lara Moreno es a la poesía lo que Lucia Berlin al relato.

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