SO LONG, MARIANNE. POR MARTA GIMÉNEZ-DASÍ

Bienestar Para ver Salud mental
Marta Giménez-Dasí
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Hace un tiempo vi la película Marianne & Leonard. Durante la hora y media que dura el documental seguimos la relación amorosa de Leonard Cohen y Marianne Ihlen cuando vivieron en Grecia. A través del relato que hace de la vida de Cohen, que va más allá de la relación con Marianne, se encuentran claros trazos de problemas de salud mental. Se aprecia un problema en el vínculo afectivo de Cohen con su madre y una gran dificultad de autorregulación. Salí del cine con una sensación de pesadumbre y tristeza. Pensaba “pobre Cohen, qué vida tan horrible, cuánto sufrimiento. Si hubiera ido a terapia otro gallo cantaría”.

El sábado fue el Día Mundial de la Salud Mental. Desde hace algún tiempo, viendo alguna película, como Marianne & Leonard, o leyendo algún libro que relata vidas intensas, muy interesantes y productivas desde el punto de vista artístico, me debato entre el equilibrio que produce la salud mental y la intensidad vital que en algunos casos da, precisamente, su ausencia. No es que quiera poner en duda el equilibrio mental como forma de bienestar, ¡solo faltaría! Yo, que me dedico a promover la salud mental en la infancia y a prevenir los trastornos psicológicos, sería el colmo. Está claro que la salud mental es un bien precioso y necesario para tener una vida feliz… ¿Está claro? Incluso las posiciones aparentemente más sólidas y sensatas encuentran un contrapunto que te hace dudar.

La historia ha puesto de manifiesto que el sufrimiento que provoca el desequilibrio psicológico promueve una creación artística brillante. Esta constatación hace que, en algunos casos, no tenga muy claro dónde debe estar el límite entre promover la salud mental y dejar fluir la locura de cada uno. Realmente, ¿hubiera sido deseable, necesario o beneficioso que un personaje como Cohen trate sus problemas de salud mental y se convierta en un ciudadano estable y regulado? Seguramente no hubiera escrito de la misma manera porque sin el sufrimiento que dominó su vida no hubiera desarrollado esa sensibilidad especial, esa manera diferente de percibir, de sentir y de crear. A lo mejor mi pregunta entonces debería ser otra: ¿hubiera sido Cohen más feliz si hubiera disfrutado de mayor equilibrio psíquico? No tengo respuesta, claro. Entramos ya en una cuestión personal que solo Cohen podría responder. Quizás la salud mental sea, como tantas otras cosas en la vida, una cuestión muy personal.

 

MARTA GIMÉNEZ-DASÍ

Es madre de dos niños y profesora de Psicología del Desarrollo en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. La maternidad y la universidad conjugan su principal interés vital: entender y promover el desarrollo sano en los primeros años de vida. Desde 2009 dirige un equipo de investigación centrado en el estudio del desarrollo emocional infantil. Como resultado de sus trabajos ha publicado los programas Pensando las emociones con atención plena y varios libros sobre desarrollo infantil en la editorial Pirámide, el último de ellos, Desde el principio.

WORDS OF LOVE

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Words of love

Relata la trágica pero hermosa historia de amor entre el famoso músico canadiense Leonard Cohen y su musa noruega Marianne Ihlen. El amor entre ambos comenzó en la idílica isla de Hydra en el año 1960, cuando se conocieron en una comunidad bohemia de artistas, músicos y escritores extranjeros. Este documental sigue los primeros pasos de su relación hasta que Cohen se convirtió en un músico mundialmente conocido, con las consecuencias que ésto tuvo para el devenir de su historia amorosa. (FILMAFFINITY)

One thought on “SO LONG, MARIANNE. POR MARTA GIMÉNEZ-DASÍ

  1. Hace algún tiempo (antes del confinamiento) discutía con unos colegas sobre la relación entre la enfermedad mental y la creatividad artística. Los ejemplos a lo largo de la historia son innumerables: Klimt, Pollock, Munch, Virginia Wollf, Kafka, Hermann Hesse, Bobby Fischer, Ian Curtis, Kurt Cobain… Los alumnos universitarios que presentan puntuaciones más altas en ansiedad, depresión y estrés académico no son los de Ingeniería o Arquitectura, son los de Bellas Artes. No sé si los problemas mentales producen arte en forma de pintura, poesía o música a modo de válvula de escape, o si la vida del artista con todos sus excesos es la que origina los problemas. En ocasiones todo esto se canaliza dando como resultado algo maravilloso aunque dejando serios daños a su paso, como un tornado. Si tuviera que elegir supongo que yo también preferiría que los artistas tuvieran mayor bienestar aún a costa de que nos perdiéramos parte de su obra, pero también pienso que el arte sirve en ocasiones para expresar aquello que, por el motivo que sea, no podemos o no sabemos comunicar, como apuntabas en «vulnerabilidades masculinas». Un placer volver a leerte

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