Hay cosas que parecen pequeñas hasta que alguien las nombra por primera vez en voz alta. Como decir “madrastra” sin bajar la mirada. Como hacer una película en la que la madrastra no es la enemiga, ni la intrusa, ni la sombra. Yolanda Centeno lo ha hecho. Su ópera prima, Tras el verano, es la primera en España que pone a una madrastra en el centro. No como personaje secundario, sino como el eje emocional de una historia. Una historia que duele, que repara y que, por fin, nos reconoce. Yolanda no solo dirige esta cinta. La vive. Como guionista, directora y madrastra, decidió hacer lo que aún no se había hecho: mostrar con ternura y verdad lo que significa formar parte de una familia enlazada.
Tuve el privilegio de entrevistarla, no como periodista, sino como otra mujer que también habita este lugar que nunca tuvo guion, pero siempre tuvo preguntas. Una mujer que sabe lo que significa querer mucho y no tener papeles.
Por fin, una historia que nos mira
«Como autora, siempre creo que de alguna forma nos inspiramos en vivencias personales, y en este caso ha sido rotundamente así», dice Yolanda. Cuando conoció a su pareja, él ya tenía dos hijos. Con el tiempo, formaron una familia enlazada. El término “reconstituida” —comenta— le suena a «jarrón roto, mal pegado, y que en cualquier momento se volverá a caer a trozos». Para ella, una familia enlazada es otra cosa, con un lenguaje nuevo. Lo que no se nombra, no existe. «Necesitamos referentes positivos y tratar los retos que las familias enlazadas afrontan cada día sin la sensación de estigma o de inferioridad», añade. Y eso es lo que hace esta película.
Cine con memoria emocional
El guion fue un trabajo de años. Lo escribió junto a su pareja, Jesús Luque, que también es guionista de la historia. Vivieron una parte que escribieron, pero también investigaron y hablaron con otras familias. Querían hacerlo bien. «Estuvimos muchos años escribiendo el guión desde la idea inicial. Queríamos conocer a otras familias enlazadas, ser expertos en la temática por la realidad que vivimos, pero también conocer la realidad de tantas otras que se enfrentan a retos muy similares», apunta Yolanda.
Lo hicieron con honestidad y compromiso. «Queríamos contar una historia en la que no hubiese buenos o malos, vencedores o vencidos, sino personas intentando hacer las cosas lo mejor que pueden en situaciones complejas».
El duelo que nadie reconoce
Uno de los hilos más potentes del largometraje es el duelo, pero no el visible. Es el duelo de la pérdida sin muerte. De quienes aman sin reconocimiento legal, y cuando el vínculo se rompe, no tienen derecho ni a una despedida. «Soy consciente de que es difícil porque cada situación es diferente», reflexiona Yolanda. Pero aun así, imagina «unas líneas maestras que hablen de convivencia, de respeto y de ahorrar a los más pequeños ese duelo de ver cómo alguien importante puede desaparecer de un plumazo en una separación, sin que haya realmente un motivo para ello». «¿Nos veríamos si tú y papá os separáis?», le preguntó un día su hijastro. Y esa pregunta, sencilla y brutal, fue el inicio de esta historia.
De bruja malvada a adulta funcional: reescribir el papel
«El cine tiene un gran poder para transformar, fortalecer o abrir los ojos frente a estereotipos injustos», afirma Yolanda. Piensa que la imagen de la madrastra como bruja viene de ahí, de los cuentos y narrativas que calaron tanto que aún hoy marcan la definición oficial del término. Por eso este largometraje importa. Porque rompe el guion clásico y da lugar a nuevas narrativas. Porque nos permite ser lo que realmente somos: adultas funcionales que cuidan, se equivocan, sostienen y también necesitan ser sostenidas.
No necesitamos una manzana envenenada. Queremos una red, un espacio legítimo, una silla propia en la mesa. Yolanda lo resume sin rodeos: «Siempre te sientes incomprendida cuando al contar algo que no te hace sentir bien, la respuesta que recibes es: tú ya sabías dónde te metías. Como si supiéramos cómo va a ser de fácil o sencillo todo cuando te enamoras de alguien que tiene hijos».
Sabes que habrá curvas. Pero no sabes cuán cerradas. Y sin referentes ni comunidad sólida, ese viaje suele hacerse sola.
Habitar el rol sin manual de instrucciones
«Los vínculos en las familias enlazadas requieren tiempo», señala Yolanda. «No todos los hombres o mujeres que aterrizan en una relación con hijos que no son suyos deciden abrazar el rol de madrastras o padrastros. A veces, es una palabra que pesa por sentir que lleva algo negativo asociado y se prefiere no usar etiquetas». Y, aunque no tengamos otro nombre, para Yolanda el problema no es tanto la etiqueta, sino la indefinición del rol: «No sabes dónde colocarte porque faltan referentes. El vínculo, si se crea, viene acompañado por el deseo de cuidar, proteger… pero sin suplantar ninguna figura»
Soledad, incomprensión y miedo a desaparecer
«Creo que el mayor miedo de una madrastra es intervenir como miembro activo en un momento de tensión con un hijastro y que le digan: “tú no eres mi madre”,» explica. Claro que lo sabes. Pero lo que subyace ahí es: «tú no eres nadie para cuidar de mí». Yolanda lo compara con un profesor. Tampoco es el padre del alumno, pero puede poner un límite si el niño grita en clase. «Ahí es donde necesitamos referentes, apoyo legal y respaldo social para dejar de sentirnos como satélites en una familia», dice.
Lo personal también es político. Y urgente
Este largometraje no es solo una historia íntima: es también una denuncia sutil, una reflexión colectiva. ¿Por qué aún tenemos que pedir permiso para existir dentro de nuestras propias familias?
Cambiar el mundo empieza por contarlo
«Creo que ser madrastra te obliga a ser más empática, o al menos a intentarlo», dice. «Quieres que la familia que habéis creado funcione y que todos estén orgullosos de pertenecer a ella». Y eso solo se consigue mirando de frente lo que duele.
Tras el verano no es solo una película: es un espejo para muchas. Una puerta para quienes vienen detrás. Porque sí, aún faltan leyes. Pero también faltaban historias. Y Yolanda ha escrito una.
Una escena que aún no se ha rodado
Me gusta imaginar un epílogo que no sale en la pantalla. Una niña sale del cine, de la mano de su madrastra. Ha visto la película. La mira y le dice:
—Tú también eres como ella, ¿no?
Y la otra responde, sin miedo:
—Sí. Pero esta vez, no me van a borrar del final.
Pri Dos Santos
Madrastra. Madre. Hijastra. Fundadora de Somos Madrastras. Educadora emocional. Creadora de contenido.
Y sobre todo, una mujer que cree que contar estas historias no es solo necesario: es urgente.







Un comentario
Que bonitas tus palabras y poder ver en una gran pantalla una realidad tan común, un rol de amor en la familia ❤️