UNA CONVERSACIÓN CON DANIEL GASCÓN

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La primera vez que vi a Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) tenía —teníamos— 16 años. Se celebraba la segunda edición del Festival de Cine Ciudad de Zaragoza; la próxima que se celebre, será la número 28. Aunque yo no me acordaba, Dani me contó, cuando tuve la oportunidad de charlar con él para hacer esta entrevista, que lo que recuerda de ese primer encuentro nuestro es que fuimos juntos a comprar un libro a la Librería Central de Zaragoza; estoy casi convencida de que ese libro que compré fue Carreteras secundarias, de Ignacio Martínez de Pisón. Acababa de conocer a Fernando Ramallo, que había sido jurado en el Festival; había visto la película y quería bucear en el libro. No es momento aquí para hablar de ese fin de semana y de los que vinieron después: cada fin de semana podría ser el capítulo de un libro y no estamos aquí para hablar de mi libro, sino para hablar del último libro de Dani, El padre de tus hijos (Random House, 2023). Antes de este recién nacido, publicó los libros de relatos La edad del pavo (Xordica, 2001), El fumador pasivo (Xordica, 2005) y La vida cotidiana (Alfabia, 2011), una memoria familiar, Entresuelo (Random House, 2013) y las novelas Un hipster en la España vacía (Random House, 2020) y La muerte del hipster (Random House, 2021), El golpe posmoderno (Debate, 2018) y Fake news. Cómo acabar con la política española (Debate, 2022) y tradujo a autores como Mark Lilla, Saul Bellow y Christopher Hitchens. Padre de tres (8 y 5 años, y 3 meses) Dani es, además, el responsable de la edición española de la revista Letras Libres y una cara habitual de las tertulias políticas de La Sexta.

Desde ese lejano año 1997, nos hemos encontrado en varias ocasiones desde entonces; muchas de ellas, en el tren que une nuestras ciudades, Madrid y Zaragoza. Siempre me ha hecho ilusión seguirle la pista y verle crecer, sobre todo, con las letras. Nuestro último encuentro ha sido un café agradable para charlar sobre El padre de tus hijos. Me ha gustado mucho leer a Dani de nuevo. Me gusta saber que, leyéndolo a él, a su padre, Antón Castro y a su hermana, Aloma Rodríguez, de alguna manera reconstruyo cachitos de la vida de esta saga familiar suya. Los imagino en Zaragoza, también en Híjar, una villa de Teruel, pasando los veranos de la adolescencia. Pueblo y ciudad, lugares que hemos compartido, también ganas de contar lo que sucede. Quienes escribimos tenemos la ventaja de poder inventarnos a través de personajes, de usar lo que vimos para imaginar nuevos escenarios. Un poco así, imagino, ha pasado con este conjunto de relatos: partimos de la fantasía de dos personas que se cruzan después de décadas sin verse en Alicia, el primer cuento —«Alicia fue a la cocina y yo miré por la ventana. Vi un montón de leña y las estribaciones del Maestrazgo: pensé que el primer amor quizá fuera el amor verdadero y me pregunté cómo sería vivir allí, con Alicia y su hija, como en un cuento de Alice Munro. Y, por un momento, me gustó la idea», para darnos de bruces con la cruda realidad del desgaste de las parejas  en el último, Literatura comparada—«Unos años atrás, un amigo suyo se había separado. Lo dejó su mujer y él volvió con una novia anterior. Fue un regreso breve. Pero todavía duraba cuando, comentándolo, otro amigo decía: Esa era la verdadera historia de amor, la otra era solo una interrupción. No importaba que esa interrupción hubiera durado la vida entera»—. Entre ellos, catorce relatos más de vida real e imaginada. De vida escrita.

¿Cómo era tu trabajo antes y después de ser padre? ¿Afectó a tu forma de trabajar?

Hubo una coincidencia temporal un poco azarosa, que es que empecé a dirigir Letras Libres justo en el mismo mes en que nació mi primera hija. Entonces, tuve que acostumbrarte a trabajar con muchas más interrupciones; a veces, también, a pelearme por encontrar el tiempo en el que trabajar. Creo que la paternidad te hace ser mucho más eficiente en el uso del tiempo: tienes menos y aprendes a aprovecharlo mejor. Es algo que he visto en mi casa, con mis padres, que han trabajado mucho: somos cinco hermanos y he visto a mi madre sacarse las oposiciones embarazada. Cuando yo nací, ella no había terminado la carrera todavía. He visto muchas veces a mi padre escribiendo con mis hermanos alrededor y yo, ahora, hago un poco lo mismo. Creo que tenía una angustia más inventada por el tiempo que la que tengo ahora, que tengo menos.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de tu paternidad?

Lo mejor son varias cosas: son ellos, para empezar. Ver cómo crecen, cómo descubren el mundo. Una cosa que para mí es muy bonita es cómo ser padre te hace reconectar con tu infancia de una forma muy curiosa a través de juego, incluso con cosas que te gustaban de niño y retomas. Creo que si no tienes hijos, seguramente también pasa como si no se te ha muerto alguien cercano: que tampoco lo entiendes. Hay muchas cosas muy importantes de la vida que no entiendes hasta que tienes hijos. También, por ejemplo, de la relación con tus padres: me llevo muy bien con ellos, pero podemos discutir con mucha vehemencia sobre alguna película que vemos, por ejemplo. Cuando tuve a mi hija, pensé que era muy injusto discutir con tus padres sobre una película.

Lo peor es la preocupación, el miedo a que pase algo. El miedo es multiforme. Y la angustia económica que tienes para siempre…

Antes de leer el libro, vi que se hablaba en algunos lugares de un libro de relatos y en otros, de libro de cuentos. ¿Cuál es la diferencia?

Quizá yo uso más “cuentos” por la tradición literaria, pero a veces digo “relatos” para no repetir “cuentos”. Sí quería que no fuese una novela disfrazada de libro de cuentos, pero que sí hubiese una especie de trama más emocional o psicológica que de acontecimientos.

¿Por qué elegiste El padre de tus hijos, el título de uno de los relatos para el conjunto del libro?

Al inicio del libro, entre otras muchas cosas, se habla de gente que sueña con el amor, con la pareja. Más tarde, hay relatos que describen relaciones que están más o menos instaladas y relaciones que se van deshaciendo. Eso encapsulaba muy bien esa idea de cómo se deshace la relación con el padre de tus hijos…

Nos conocemos, hemos compartido momentos. En este libro leo cosas que me resuenan, personajes que he conocido cerca de ti. ¿Cuánta crónica de tu vida hay aquí? Tu adolescencia, Zaragoza, el pueblo…

La expedición y La estación de los amores son crónicas. Por supuesto que he usado algo de mi experiencia, pero no quería contar mi vida en este libro. En parte, también, por pudor. Quería contar cosas que he pensado, que me han preocupado o que me han pasado. He escrito libros claramente más autobiográficos, pero en este lo autobiográfico salpica el libro. Quería mezclar cosas cercanas a mí con otras que no tienen que ver.

El adúltero es un cuento brillante, en el que se expresa el adulterio como ilusión. Al personaje no le gusta ser infiel, sino que disfruta con la ilusión de serlo.

Pensaba en esa gente a la que le gusta el secreto, el morbo, que se hace adicta a eso. Lo que obtienen, generalmente, es una mierda: emocionalmente y sexualmente insatisfactorio en muchas ocasiones. ¿Qué será lo que tiene gracia? Pues, seguramente, la posibilidad de serlo. El otro día un amigo lo comparaba con Patricia Highsmith: Es como sucede en Crímenes imaginarios, en el que uno finge que ha matado a su mujer sin haberla matado. Ves que la gente está teniendo sospechas que son erróneas, pero en parte también te hace un poco de gracia.

Tanto El adúltero como A veces, en la piscina, pienso en la muerte de marido son fantasías que creo todos hemos tenido en algún momento, pero de las que no hablamos.

Es una cosa bastante común. Pienso en un cuento de intriga de Álvaro Enrigue que me gusta: un hombre está conduciendo y hay un tornado y piensa en cómo puede afectar a su mujer y a sus hijos. Él va pensando en lo que va a suceder: la gran tragedia. En su proceso mental ya ha rehecho su vida, pero al final, los hijos y la mujer se han salvado y este hombre siente un poco de decepción.

Cuando piensas en la muerte de tu pareja, piensas en que todo el mundo va a consolarte a ti. Te pone en un lugar central, el lugar del doliente, de la persona que va a recibir. Es una búsqueda desesperada de atención y de cariño.

Sí, así es. En este relato me divertía imaginar cómo te está viendo alguien que te ha querido, pero te está detestando. Me gustan los libros de escritores escritos desde el punto de su mujer, como Bodas en casa de Bohumil Hrabal o Verano de Coetzee.

¿Cómo compaginas la dirección de Letras Libres, tu escritura y tu trabajo en la tele? De repente, eres multicanal.

Un poco saltando de una cosa a otra. Me divierte hacer cosas diferentes. Aunque parezco muy tranquilo, me canso rápidamente. Cuando empecé a hacer Filología Inglesa, me apunté al Instituto Francés por la tarde, por ejemplo. Siempre intento medio huir, aunque al mismo tiempo todo es un poco lo mismo. Al final, mi trabajo es la transmisión. Cuando escribes, que es lo que más me gusta, no transmites solo, sino que también inventas. El periodismo, la traducción, la edición… todo consiste en intentar llevar textos a la gente.

 

daniel gascón

 

Este es un libro de cuentos que tiene algo de novela de aprendizaje y de disco de divorcio: unas veces se acerca a la memoria y otras juega con formas próximas a lo ensayístico.

Un joven regresa al pueblo de su infancia y se reencuentra con su amor de los cuatro años. Un hombre fantasea con ejercer de padre de la hija de una amiga. Unos adolescentes caminan hasta el pueblo de al lado, donde las chicas de su curso han quedado con unos macarras. Un vecino llama a un padre de familia en mitad de la noche para quejarse por los ladridos del perro y amenaza con matar al animal. Dos escritores viajan de madrugada por la A-2 porque uno de ellos no quiere perder a su novia. Un futbolista oculta su profesión cuando liga con una camarera y un marido supuestamente feliz decide fingir un adulterio. Una mujer a punto de separarse recibe la visita de su padre y un tipo pasa el verano en que se derrumba su matrimonio viendo comedias clásicas de Hollywood y leyendo ensayos filosóficos, pero solo entiende lo que le pasa al ver el libro que la profesora ha recomendado a su hija.

El padre de tus hijos habla del amor y del proceso de crecer: trata de la ilusión y la responsabilidad, de las expectativas y de la decepción, del júbilo del amor y de la devastación cuando termina. Con dosis precisas de humor, lucidez y melancolía, Daniel Gascón reúne dieciséis relatos que retratan la intimidad y sus aristas, y estudian la extraña relación que hay entre la vida que vivimos y la que imaginamos.

 

 

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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