6 consejos para evitar ser padres tóxicos

6 CONSEJOS PARA EVITAR SER PADRES TÓXICOS

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Pasa pocas veces, pero pasa. Hijos que, al llegar a la edad adulta, no soportan a sus padres e incluso cortan la relación con ellos. Padres que basan las relaciones con sus hijos en la manipulación o el chantaje. Y esto no está circunscrito a una edad concreta: puede ocurrir de los 0 a los 99 años. Quizá una de las cosas que más puede doler a un padre, de boca de su hijo es un “no te quiero en mi vida”. Y no dudo de que, para que una persona rechace a su madre, a su padre, hay por detrás años y años de dolor, heridas muy difíciles de sanar y pocas posibilidades de reconciliación.

Ninguna madre, ningún padre, somos perfectos. Estoy convencida de que lo hacemos lo que sabemos. Somos humanos, cargamos nuestras mochilas llenas de piedras a la espalda y cometemos errores. Algunos de ellos, garrafales. Pero entre equivocarse comúnmente, con el corazón en la mano, con amor y procurar a tus hijos una infancia dañina a nivel psicológico hay un buen trecho. Si tú, como todos los que somos madres y padres, tienes dudas y, sobre todo, tienes la voluntad de hacerlo lo mejor posible, quizá estas sencillas pautas puedan ayudarte a establecer con tus criaturas relaciones más sanas, que les conviertan en adultos capaces de establecer relaciones de equilibrio con las personas con las que se relacionan a todos los niveles. Progenitores incluidos:

1. No pierdas de vista que tú eres el adulto respecto a tus criaturas. Actúa como tal. Tu experiencia te otorga madurez. Si te has equivocado, que no te duelan prendas en pedir disculpas. Quizá, aunque seas el adulto, no siempre lleves la razón. Y es mucho más probable que tu hijo recuerde cómo se sintió en ese momento a quién llevaba la razón.

2. No olvides que los niños son vulnerables. Y maleables. Mucho. A veces no nos damos cuenta, porque son volubles: ahora ríen, ahora lloran. No niegues sus sentimientos solo porque ellos no tengan la madurez suficiente para explicarlos. Esto lo aprendí hace años, el día que ayudé a su profesora de la guardería a vestir a los niños para la función de Navidad. Ella me dijo: “mira estos niños (2 años tenían). Harán todo lo que les digamos. Sin dudarlo. Confían en nosotros. Y me preocupa tanto que haya gente que abuse de la confianza de estos niños tan inocentes…”. Y es verdad. Tenemos entre manos vidas humanas y tenemos que ofrecerles la máxima dignidad y cariño posibles.

3. Tu estado emocional debe ser el tuyo, no el de tus hijos. Todos nos alegramos por los éxitos de nuestros hijos y todos sufrimos por sus decepciones o por su tristeza. Pero el dolor y la tristeza no son transferibles. Cuando tu hijo sufre, es él quien sufre: no restes valor a sus sentimientos. Comparte con ellos tus sentimientos para que ellos aprendan a compartir contigo los suyos. La tristeza no es un tabú: es una posibilidad real. La alegría, también. La vida son momentos.

3. No etiquetes a tus hijos. Como decía antes, todos llevamos una mochila bien cargada a estas alturas del partido. Nuestras vivencias son nuestras y no debemos cargarlas encima de ellos.  Abordemos nuestros propios defectos y no pongamos como excusa los de nuestros hijos. La mejor educación comienza por uno mismo. Entre la crítica y la corrección también hay una diferencia. Y ellos necesitan que los orientemos, que los guiemos. Que seamos líderes y les expliquemos, no que critiquemos a posteriori lo que han hecho mal. La crítica debilita, la corrección fortalece.

5. Aprende a controlar tus impulsos. Ayer, mi hijo tenía sueño y no quería levantarse para ir al colegio. Se enfadó porque no le gustaba la ropa que había elegido para él. Desoyó todas mis advertencias. Terminé vistiéndole a la fuerza, él estaba desatado, enfadadísimo. Golpeó algunos muebles. Se tomó el desayuno un minuto antes de salir por la puerta. Hicimos del camino al colegio un drama. Yo tenía un nudo en la garganta. Odio empezar el día con esa tensión. Enfadada con mi hijo, al que adoro. le grité, me sentí profundamente triste. Todos perdemos la paciencia en algún momento, todos. Podemos alterarnos, gritar, decir cosas que no diríamos en una situación de calma… Encima, nuestros hijos saben qué botones tocar para desatar irremediablemente nuestra ira. Es difícil mantener la calma porque nos sentimos poco respetados, incluso heridos. Si somos capaces de contener estas reacciones tan humanas, seremos capaces de evitar decir cosas de las que más tarde nos arrepentiremos.

6. No olvides cuidar de ti. Yo, personalmente, estoy viviendo una situación de estrés emocional que se está haciendo más larga de lo que nunca habría podido imaginar. En un año he pasado por la pérdida de mi padre, un confinamiento, la enfermedad de mi madre y todas las dificultades que se dan en el día a día. En el cómputo global, este 2020 ha sido devastador para mí. Y tengo más días malos que días buenos por primera vez en toda mi vida. Y me observo. Y me doy cuenta de que cuando estoy triste, cansada o dolorida, mis momentos como madre son peores. Y he aprendido que tengo que cuidarme y no ponerme en segundo lugar: estoy mejor cuando nado. Estoy mejor cuando tengo vida social. Estoy mejor cuando tengo un rato para mí -solo para mí-. Si hago las cosas que me hacen sentir bien, tengo mejores cosas que ofrecer a mis hijos. Y más energía para lidiar con ellos. No quiero ser esa persona resentida tras el “todo lo hago por mis hijos”. El resentimiento y el desprecio van juntitos de la mano. Y no ofrecen nada bueno.

Como nadie ha inventado un manual de instrucciones común para la crianza de los niños,  cada uno debemos ser capaces de encontrar nuestro propio camino. Debemos ser capaces de identificar qué comportamientos benefician a nuestros hijos y cuáles les perjudican para hacer de ellos adultos capaces de establecer relaciones saludables. De lo contrario, será difícil que nos lo perdonen en un futuro.

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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