DANILA RUMOLD, LA SIMBIOSIS ENTRE MATERNIDAD Y CREACIÓN

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Danila Rumold es una artista plástica multidisciplinar norteamericana con descendencia alemana-colombiana. Es uno de los ejemplos vivientes de la unión perfecta entre la maternidad y creación. Es imposible separar su arte de su maternidad y vida doméstica. Se nutren una de la otra y se mezclan hasta el punto de formar una sola visión, una simbiosis.

Cuando Danila se convirtió en madre (tiene dos hijos), se hizo difícil para su familia afrontar el coste de la vida en San Francisco por lo que se mudaron a Nuevo México, donde comenzó a trabajar a tiempo completo como Artist in Residence en un estudio en pleno desierto, donde crea y cría a sus hijos: “Aunque criar a dos niños pequeños y trabajar como artista a tiempo completo ha tenido sus retos, esos retos son los que han dado forma a mi trabajo para centrarse en la integración de arte + vida, y crear obras para hacer visible la invisibilidad del trabajo de las mujeres.”

El objetivo de Danila es integrar el arte en la vida, en la rutina diaria de las personas y, en concreto, de las mujeres y las madres. Su trabajo casi se puede oler y sentir. Está inspirado en procesos naturales,  recuerda a las grietas en la tierra seca del desierto, las manchas y arrugas que aparecen en nuestra piel por el  envejecimiento, las texturas y colores abigarrados del desierto donde vive. Parte importante de su trabajo es recolectar plantas y otras materias primas, con las que crea pigmentos y mancha sus lienzos y telas de algodón. Experimenta con la exposición de estos materiales ​​a elementos naturales, sol, lluvia, agua… lo que conecta su obra al tiempo y el lugar. También usa herramientas domésticas como quemadores de cocina, planchas, lavadoras  agregando marcas de ‘domesticidad’ a la textura del trabajo.

Danila ha contestado con tranquilidad y sabiduría a nuestras preguntas sobre maternidad y creación y nos cuenta cómo nace su obra, cómo es su vida de artista-madre y qué piensa de la maternidad y la creación. También nos habla de MATERNIA, su proyecto audiovisual, que acaba de ser seleccionado para el Albuquerque Film Festival.

 

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¿En qué momento de tu carrera artística decidiste ser madre?

Me convertí en madre tras llevar una década trabajando. Durante mucho tiempo, no sabía si quería serlo. Luego, casualmente, cuando finalizó mi contrato a tiempo completo como profesora de Bellas Artes, mi reloj biológico también empezó a correr; ¡así que decidimos que era el momento! Tuve mi primer bebé a los 38 años y el segundo a los 40.

¿Cuánto tiempo necesitaste para reubicar tu nuevo yo en el mundo y en tu arte tras el nacimiento de tus bebés?

Creo que tenía tanto miedo de dejar de lado el arte y mi identidad como artista que nunca dejé de hacer arte durante mis embarazos; y volví a crear pasado el primer mes desde los nacimientos de mis hijos. Dicho esto, la maternidad me cambió tanto a mí y a mi trabajo, que desarrollé un nuevo sentido de mí misma como artista, hace unos cuatro años, cuando reclamé mi autoridad como artista/madre. Nunca me he sentido tan segura como ahora como artista. No tengo miedo; asumo riesgos; soy juguetona y abierta. Mi actitud es totalmente libre y permanece con la voluntad de trabajar a largo plazo.

¿Cambió tu arte después de ser madre? ¿En qué sentido?  

Mi trabajo cambió después de ser madre. En primer lugar, dejé de pintar al óleo para trabajar como artista interdisciplinar. Despojarme de mi identidad como pintura para pasar a ser creadora fue un proceso lento que surgió cuando empecé a buscar formas de integrar la maternidad con la creación artística. Guiada por los materiales y el proceso, estos dos factores empezaron a determinar si la obra se convertiría en un dibujo, un collage, una instalación, una pintura, una performance o un cortometraje.

La segunda forma en que mi obra cambió fue en su temática. Durante los trece años anteriores a la maternidad, mi arte se centraba en las preocupaciones formales de la pintura al óleo como la línea, el borde, la forma y la fractura de la pintura. Pero al cuestionar el viejo paradigma de que la maternidad y la creación de arte se excluyen mutuamente, el tema de mi obra cambió, de hecho, para hacer visible el trabajo de las mujeres que no se ve.

Esta exploración comenzó con una pregunta que me hice a mí misma cuando mis hijos eran bebés; era ésta: «¿cuáles eran las dos cosas que más echaba de menos desde que fui madre?». Mi respuesta fue: «una, dormir; dos, crear a diario». Siguiendo este pensamiento, empecé a poner papel Kozo debajo de las sábanas de mi cama, para acostarme sobre él mientras dormía con mi bebé. Al arrugarse y rasgarse, el papel trazaba el movimiento de nuestros cuerpos mientras nos tocábamos o dábamos vueltas en la cama durante la noche. Al cabo de una semana, al cambiar las sábanas, el papel se había transformado en un collage que evocaba la piel que había tocado. Esta pieza se convirtió en la primera de las diez obras que componen la serie Queen Sheets, todas ellas del tamaño de una cama de matrimonio estándar.

La tercera forma en que mi trabajo ha cambiado es que incorpora mi recién surgida mentalidad ecomaterialista, comprometida con una práctica de estudio sostenible y no tóxica. Con el cambio de la pintura al óleo, al descubrimiento del color natural, encontrado en mi cocina, he continuado en este camino y me he comprometido plenamente con el uso de colores botánicos, haciendo mis propios tintes, tintas y pinturas. Este nuevo materialismo incluye mis elecciones de papel y adhesivos.

¿Qué es lo mejor y lo peor de la maternidad para ti?

Lo mejor de la maternidad para mí es el amor tácito que se da cuando los niños se despiertan y me buscan para darme un abrazo. También disfruto mucho observando su desarrollo cognitivo, como las divertidas adivinanzas que se invitan tipo: «¿Qué tiene piernas, pero no se mueve? ¿Te rindes? Una estatua». También es muy divertido ver su desarrollo físico en habilidades como montar en bicicleta, nadar o tocar la guitarra. Por último, también disfruto viendo su desarrollo social, cómo se relacionan con otras personas fuera de nuestra familia y viendo cómo aprenden a ser seres humanos empáticos y amables.

Lo peor de la maternidad, para mí, fueron los primeros años de crianza, que implicaban estar al servicio constante de los niños, despertarse varias veces por la noche, no sentirme nunca realmente descansada y sin mucho espacio para mí misma. Antes de la pandemia, tampoco disfrutaba del constante ajetreo que supone tener que asistir a todos los eventos escolares, fiestas de cumpleaños, quedadas para jugar y salidas al patio y al museo. Ahora que todas esas opciones han desaparecido durante este año pasado, la ansiedad y el estrés de ir de aquí para allá han desaparecido también, ¡y me he dado cuenta de que mis hijos están bien sin todo eso! Supongo que el lado positivo de todo esto ha sido quedarse en casa y crear.

¿Cómo influyen tus hijos en tu trabajo y en tu forma de crear?

Mis hijos han influido en mi trabajo en el sentido de que me he alejado de las preocupaciones formales/académicas de la creación artística para pasar a una práctica más comprometida con las nociones de creatividad como la curiosidad, el juego y el descubrimiento. Permitirme experimentar con los materiales me ha llevado a una expresión auténtica y más profunda del aspecto personal de mi trabajo y de cómo conecta con el ámbito político al explorar el trabajo invisible de las mujeres.

Otra forma en la que mis hijos han influido en mi trabajo es que el hecho de permitirles participar en el proceso de exploración ha abierto la posibilidad de colaborar con otras personas. Además, el proceso de documentar mi trabajo con los niños me llevó a realizar dos cortometrajes con la talentosa directora de fotografía Noor-Un-Nisa Touchon. Más recientemente, he formado un colectivo de artistas con David D’Agostino y Monika Bittman, llamado Raking Weeds, donde colaboramos con materiales y entre nosotros.

¿Cómo crees que tu arte influye en tus hijos? 

Creo que, como mis hijos han colaborado conmigo y siempre han tenido materiales con los que jugar, son «solucionadores» de problemas creativos; sus experiencias creativas les han ayudado a afrontar y procesar sus emociones. Ya sea haciendo un dibujo de cómo se sienten o perdiéndose en un juego tranquilo construyendo algo, son capaces de estar con ellos mismos, con sus sentimientos y de expresarse a través de la comunicación no verbal. En segundo lugar, como se sienten cómodos experimentando con materiales, mis hijos pueden probar nuevas ideas, lo que les lleva a nuevas formas de pensar y de resolver problemas. Por último, como mis hijos ven que trabajo como artista, empresaria y madre, ya entienden que todos estos son mis trabajos, y espero que crezcan sabiendo que todos son caminos válidos para trabajar y vivir bien la vida.

Háblanos de Maternia.

MATERNIA es un cortometraje que examina el paradigma cultural que refuerza que la maternidad y una práctica artística son excluyentes entre sí. La película comenzó con la intención de ser un documental sobre el proceso, pero después de un tiempo quedó claro que era una pieza propia. Después de tres años de rodaje descubrí que, para mí, la maternidad y la práctica artística no son excluyentes y que la maternidad y mi práctica prosperan gracias a la integración del arte y la vida.

 

 

¿Sientes dentro de ti una batalla entre la Artista y la Madre?

No, no la siento. Creo que he tomado la decisión consciente de mantener mi identidad como artista (al no haber dejado nunca de serlo) y, al mismo tiempo, ser consciente de que si mi práctica me hacía estar resentida con mis hijos, tendría que cambiar mi forma de trabajar. Así que hice ese cambio desde el principio, buscando formas de integrar la maternidad y la creación artística.

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