laia costa doula
(c) Ingrid Ribas

LAIA COSTA MADRE, ACTRIZ y DOULA

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La primera vez que fui consciente de la existencia de Laia Costa (Barcelona, 1985) fue en Newness (Drake Horemus, 2017), una historia de amor en la que el amor nunca es suficiente. La recuerdo bien porque me hizo pensar sobre si el éxito en las relaciones abiertas era una posibilidad o si era la crónica de un fracaso anunciado. Todavía sigo en la reflexión. Me impactó Laia, volví a buscarla en Victoria (Sebastian Schipper, 2015) y me sumergí con ella en la noche berlinesa. Y no la olvidé nunca más. Con la Gabi de Newness y con la Victoria berlinesa me identifiqué, sobre todo, en los momentos de autodestrucción. Pero, sin duda, fue con la Amaia de Cinco Lobitos (Alauda Ruiz de Azúa, 2022) con la que entré en simbiosis.

El verano me trajo otra ola de calor, pero de las buenas: el abrazo, a través de las redes, con Laia. Le propuse formar parte del Volumen IV de MaMagazine, Va de nosotras, para hablar sobre cómo trata la industria del cine a sus trabajadoras cuando se convierten en madres. Ella, que ya conocía MaMagazine, aceptó. Descubrí, a través de sus respuestas, a una mujer con muchas capas: la más visible, la de actriz. La más curiosa, la de doula. La imperante, la de madre que también se busca en las lecturas, porque a ella tampoco le contaron de qué iba esto. Y esto, creo comenzar a entender, va de sentirse parte de algo colectivo, cuando nos han obligado a vivir la maternidad al ras de la familia nuclear. Va de sentir que no estamos solas, aunque nos digan que solas podemos con todo. Creo que nos lo dicen para no desanimarnos, para que no baje nuestra productividad en ninguna de nuestras facetas. Va de perderse, de comenzar a transitar un camino casi a ciegas y, poquito a poco, ver la luz y las manos de otras mujeres que nos antecedieron en el camino. Que, cuando se pone empinado —en ocasiones, el desnivel es muy fuerte—, nos tienden la mano. Porque va de esto. Y si no va esto, vaya, me equivoqué de camino.

Estaba convencida de que Laia iba a ganar el Goya que ya tiene en sus brazos. No sé por qué, la imaginaba vestida de azul. Me gustó ver que flores azules poblaban su vestido cuando, por fin, la vi en la gala de los Premios Goya del pasado sábado recogiendo su premio a la mejor actriz. Porque Laia, sin menospreciar a ninguna de las personas que han hecho posible la preciosa historia y obra maestra que es Cinco Lobitos, lo es todo en el filme. Lo es todo, y me perdonarán la aseveración —aun sabiendo que hay contadas excepciones—, como lo es una madre en la vida. Lo materno también ha atravesado a Laia, que es madre de una niña de casi tres años nacida en Estados Unidos justo al inicio de la pandemia: «tuvimos un parto en casa con una midwife, una doula y dos gatos. El embarazo fue un proceso de aprendizaje constante, devoré toda la literatura a mi alcance sobre maternidad y tuve la gran oportunidad de completar los estudios para certificarme como doula. Desde entonces celebro todo lo que tenga que ver con este tema. MaMagazine ha sido otro vaso de agua fresca. Cuanto más bebo, más sed tengo», nos cuenta Laia. Hoy, pocos días más tarde de la gala donde su madre en la ficción, la actriz Susi Sánchez, dio uno de los mejores discursos de la gala al recoger su premio a la mejor actriz de reparto; y su directora Alauda Ruiz de Azúa recogía otra estatuilla a la mejor dirección novel, leo a Carolina del Olmo en Twitter —vertedero de opiniones no pedidas— decir que Cinco lobitos le pareció un pelmazo. Que, para vida real, ya tenía la suya. Y, por supuesto, respeto su opinión aunque no la comparta en absoluto. A mí, que he vivido la enfermedad y muerte de mi madre siendo madre, me pareció un relato muy reconfortante. Solo una pregunta nos hicimos mis amigas y yo cuando, habiendo visto todas la película, nos dispusimos a comentarla: ¿dónde estaban las amigas de Amaia para echarle un cable? Quizá a Carolina, que se preguntó  literaria y célebremente dónde estaba su tribu, le atacase la misma curiosidad que a nosotras y por eso la vida real se le ha quedado corta.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre? ¿Y después? ¿Ha sufrido cambios significativos?

Por supuesto, y no únicamente el trabajo. He cambiado yo, han cambiado mis circunstancias, a todos los niveles. Mi cuerpo, energía y tiempo son mucho más limitados ahora y tengo que valorar los proyectos en función de otras nuevas variables que necesito gestionar antes de y para poder trabajar. El orden de prioridades es diferente, la perspectiva de las cosas es diferente. Ahora mido las cosas en función de un ser de casi centímetros, y digo casi porque 90 centímetros son los necesarios para saltar en las camas elásticas del parque de atracciones que frecuentamos; lo tenemos muy presente. Es común caer en la comparación y concluir que antes todo era más fácil. Ahora está mi hija por encima de todo y yo tengo mis capacidades físicas, psíquicas y emocionales mermadas. Al principio no lo entendía. ¿Por qué mi agilidad mental ha desaparecido? ¿Por qué tardo tanto en memorizar este guion? ¿Por qué mi concentración ha empeorado tanto? ¿Por qué estoy tan irascible? ¿Por qué lloro ahora? ¿Por qué me siento superwoman por la mañana y un desecho humano esa misma tarde? Bien, hace casi tres años que no duermo una noche entera, eso puede ser un inicio en la repuesta, pero yo era incapaz de relacionar una cosa con la otra. Cuando leí La mejor madre del mundo de Nuria Labari encontré un texto que me sacudió porque parecía estar describiéndome y empecé a tomar conciencia de esa nueva realidad. Llego al final del día derrapando, física y emocionalmente. Y me levanto a la mañana siguiente haciendo las paces por adelantado con ese final. También hay algo liberador en eso, inclusive en lo profesional.

“Siento, por ejemplo, una peligrosa incapacidad para distinguir lo urgente de lo importante en lo que respecta a casi todo. Muro. Habito un desorden mental ingobernable que, en el peor de los casos, trato de despejar recogiendo la habitación o la cocina, que también están desordenadas. Muro. Dudo de casi todo, salvo por la certeza de vivir al borde de una gran equivocación. Muro. El camino de baldosas amarillas por el que un día pasee mis brillantes zapatos rojos se ha llenado de piedrecitas y fatigas innecesarias. Y, sin embargo, aunque quizás sea el más circular de los caminos posibles, creo que también es el que me llevara más lejos. Pero tampoco lo sé seguro, porque también eso lo dudo. Muro. Y para ganar seguridad hago listas, que no sirven absolutamente para nada, salvo para hacerme creer que estoy haciendo todo lo posible. Muro. He llegado a añadir tareas finalizadas al final de la libreta solo por el placer inexplicable de tachar de la check list. Comprar pan de centeno, zapatos, entradas de teatro, tender el babi, cuento de la rana. Bien hecho, todo controlado. Tachar, tachar, tachar. Dudar, dudar, dudar. Muro, muro, muro”.

Nuria Labari, La mejor madre del mundo

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad?

Es complejo responder a esta pregunta. No creo que exista una maternidad, sino muchas, con infinitos matices, con múltiples variantes. Al definir la mía limito, por extensión, al conjunto y creo que es bueno, aunque pueda parecer obvio, hacer hincapié en esa variedad. Abrir el abanico a la diversidad. Al igual que ya asumimos como retrógrado que las medidas “perfectas” sean unas y no otras, de la misma forma debemos tratar este asunto. Aprendo sobre la maternidad de mujeres que nunca han querido ser madres, de las que quieren y no pueden, de las que se encuentran en el mismo tramo del camino, de las que están en pleno proceso de decidir si embarcarse o no en el proyecto maternal, etc. Hace poco una amiga me comentaba lo que hieren ciertos comentarios que la sociedad acepta como “normales” y que en realidad no lo son. Me hizo pensar en Only You de Harry Wootliff, una película que toca el tema de la infertilidad y que me mostró lo ignorante que era sobre ese proceso a todos los niveles. Era incapaz de entender el personaje que yo misma iba a interpretar. Descubrí el gran camino que nos queda por recorrer en cuanto a educación sobre maternidad.

Algunas mujeres cineastas están creando una nueva narrativa visual sobre la maternidad. ¿Qué opinas de la maternidad como tema narrativo, como categoría? ¿Cómo crees que se representaba antes este tema y cómo se representa ahora?

La maternidad como tema narrativo me obsesiona, busco continuamente películas y libros sobre el tema. La maternidad sigue siendo un continente por descubrir. Personalmente, hay muchos temas que no encuentro fácilmente en la ficción y siento que son caldo de cultivo para nuevas narrativas. El miedo, por ejemplo. Lo que más me ha sorprendido de la maternidad es el miedo que ha venido con ella. Yo le temía a muy pocas cosas. Después de ser madre, el miedo es un anexo inseparable de mí. O la lactancia, que siento como una gran desconocida a nivel emocional y científico. O el parto. Encuentro muy pocos referentes que hablen del parto y la lactancia desde un punto de vista sexual, por ejemplo, y son experiencias que forman parte de la vida sexual de la mujer. Pero nadie entra al detalle. Creo que van a llegar propuestas narrativas muy interesantes y novedosas en este aspecto.

En tu trayectoria y desde tu punto de vista, ¿cuál crees que es el papel de las mujeres en la industria cinematográfica? ¿Cómo te gustaría que fuese? ¿Qué necesitan las mujeres del cine para ejercer sus carreras en condiciones óptimas?

Creo que primero necesitamos hablar de cómo queremos maternar. Es necesario que existan políticas sociales y económicas enfocadas a respetar y acompañar el proceso maternal de cada mujer. Tanto la que desea volver al trabajo profesional a las seis semanas como la que quiere dedicarse al trabajo de crianza hasta los tres años. Es necesario crear herramientas y opciones para que cada una escoja y decida lo que mejor se adapta a ella. Sin que esa decisión le haga perder rumbo en lo profesional ni soporte en lo personal. Hablo de todas las mujeres y todas las industrias, obviamente, es un tema universal y nos afecta a todos. Conciliar es una utopía y debemos poner el foco en eso como conjunto de la sociedad.

¿Cómo os trata la industria cuando os convertís en madres?

En general, la industria, los medios y la sociedad usan la etiqueta de “madre” desde el estereotipo, desde lo normativo y en ese mirar perdemos todos. Además, normalmente, se acompaña de un juicio implícito. Si eres madre, si no lo eres, el porqué, el cómo y las consecuencias derivadas del estatus en el que te encuentres. Siento que vienen generaciones nuevas que van a dar un vuelco a esta conversación. También es necesario exigir que lo político y económico prioricen los cuidados y los pongan en el centro del debate. Esperar que la sociedad se haga cargo de abuelos, bebés o personas con discapacidades sin políticas económicas y sociales que los sustenten resulta delirante.

¿Crees que hay una especial sensibilidad femenina al filmar?

Me cuesta poner género a la sensibilidad de una persona, porque la he visto en ellas y en ellos, con unos matices y con otros. He trabajado con mujeres que ponen el foco en otros aspectos y hombres de los que he aprendido mucho. Hace cuatro años que solo trabajo con directoras y he admirado profundamente su profesionalidad y talento. A nivel personal me he descubierto trabajando en sets de rodaje donde la creatividad ha fluido desde un lugar seguro, colaborativo y disfrutón. Se han dado tiempo a dudar sin tener que demostrar que lo saben todo de antemano, sin miedo, improvisando desde la seguridad de quien confía en su visión y en el proceso. Cada una de estas directoras me ha enseñado que hay un modo de trabajar diferente, en el que puedes decir que no estás de acuerdo sin que eso genere tensión y llegando a muy buenos resultados por nuevos caminos, a priori no establecidos. Esos procesos y esa manera de trabajar han sido muy educativos y han generado muchísima admiración.

¿Cuáles son tus proyectos futuros?

Te voy a confesar algo. En 2022 he celebrado mi décimo aniversario como actriz. Se supone que empecé tarde en esta profesión, con 27 años. Trabajé como ejecutiva de cuentas en una agencia de publicidad durante muchos años y siempre he tenido la sensación de que eso me ha dado mucha perspectiva a la hora de afrontar un trabajo que está lleno de altibajos. Pero una lección que he aprendido en este proceso es que nunca es tarde para empezar de cero en algo que te apasiona. Y he de reconocer que acompañar a otras mujeres en su proceso de embarazo, parto y postparto me llena. ¿Quién sabe? Tal vez los proyectos pasen por ahí en el futuro. Como actriz, he tenido un año con muchos rodajes: tres series, dos películas, ¡hasta un anuncio! Pero en el futuro inmediato pongo el foco en montar en bajar al parque y frenar un poco el ritmo, ver si llegamos a esos centímetros y podemos saltar hasta que se haga de noche en las camas elásticas, de veras, es un asunto capital.

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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