laura ferrero y la gente que no existe
(c) Jordi Bernardo

LAURA FERRERO Y LA GENTE QUE NO EXISTE

Bienestar Para leer

Cada uno tira para su lado y ve las cosas desde su perspectiva. En un libro de relatos en el que se suceden las historias, cada persona elige posicionarse de un lado, o sumergirse en lo que siente tal o cual personaje. O empatizar con la ruptura amorosa, o con la enfermedad. Verse reconocido en la anécdota y en cómo la encaja cada actor. Y pensar en cómo la encajaría uno mismo. Laura Ferrero (Barcelona, 1984) nos ofrece, envueltos en un libro cuya portada recuerda a Hopper, un conjunto de cuentos que son el hogar de 17 historias tan corrientes como afiladas, tan al margen como en el centro de la existencia. Este compendio se llama La gente no existe y da título tanto a uno de los relatos que incluye como al libro mismo. Entre sus páginas encontrarás, por ejemplo, a una madre que visita casas de lujo con su hija, a sabiendas de que no puede comprarlas. Un manual para no cagarla tras una ruptura, tendencia muy habitual en el género humano. Una oda a la abuela fallecida. Un padre separado que recoge a su hija, que viaja desde Barcelona, en Atocha, para pasar juntos los fines de semana que les corresponde. Una escritora profesional de historias por encargo que no sabe si está escribiendo su relato, si lo está viviendo o qué está pasando con su vida. Pequeños trozos de vida de esos que comentamos en voz bajita y en confianza. Retales de realidad, fotos fijas de un momento, de las que no se publican en Instagram.

Laura Ferrero ya dio buena cuenta de su talento como narradora y de su interés por las relaciones humanas en sus anteriores novelas Piscinas vacías y Qué vas a hacer con el resto de tu vida, entre otras, convirtiéndose en una de las voces más sugerentes y esperadas de la narrativa actual. Con motivo de la publicación de su libro de relatos, entrevistamos a Laura para conocer más sobre el proceso creativo, lo que le inspira y cómo entiende la sociedad en la que vivimos.

Si hay algo que ha llamado mucho mi atención en La gente no existe, es la cantidad de veces que aparecen las palabras padre, madre, papá o mamá en un libro de poco más de doscientas páginas: padre aparece 101 veces (papá, 27 veces) y madre, 132 veces (mamá, 7). ¿Por qué hay tantas referencias, en la mayoría de las historias de La gente no existe, a madres y padres?

La gente no existe es un libro en el que pongo la lupa en las relaciones personales y en las relaciones que tenemos con los que tenemos más cerca, que suelen ser los componentes de nuestra familia, por ejemplo, el padre y la madre. Me gusta mucho, más allá de fijarme en las relaciones con ellos,  detenerme en la persona que hay tras ese título. Tras tu madre, hay una mujer y me gusta plantearme: «¿conoces a esta mujer o en realidad lo ha copado todo su figura de madre?».

¿Cuándo crees que empezamos a ver las personas que hay detrás de nuestros padres?

Creo que crecer es bajar a los padres de los altares donde los hemos puesto. En el primer relato, es una niña de unos 7 u 8 años la que, de repente, se da cuenta de que igual lo que le cuenta su madre no es verdad, pero que su madre necesita que ella, como hija, lo crea. De alguna manera, de nuestros padres, heredamos relatos y neurosis. Me llama mucho la atención que, en ocasiones, aunque crezcamos, sigamos necesitando que nuestras madres sigan siendo nuestras madres porque lo que necesitamos de ellas es esa seguridad que nos sigue dando que alguien esté ahí cubriéndonos.

Cuando eres mayor y, de repente, miras ese anclaje familiar de cerca, piensas que quizá tú también has construido un relato alrededor de ese anclaje que en la vida real funcionaba porque creías que era una cosa, aunque fuera otra. Es el valor de las proyecciones, a lo que te agarras tú para poder tirar adelante, que en realidad no es algo que exista de facto.

¿Cuánto hay de autobiográfico en tus relatos?

Todos los escritores escribimos partiendo un poco de nuestra experiencia, de lo que vemos, de lo que nos fascina, de lo que nos atrapa… En ese aspecto, los relatos Una trenza, Aquellos ojos verdes y Mi padre en Atocha son los autobiográficos, son tres relatos familiares. He sido muy poco tramposa en eso: esta es mi vida y creo que se nota, porque creo que tiene sentido que esté. En los demás relatos hay más anécdotas e imaginación. Muchas veces, por mucho que escriba desde la primera persona, desde el «yo», lo que escribo no tiene nada que ver con mi vida, son temas a los que me gusta acercarme y darles una vuelta. Me gusta hacerlo desde el «yo» porque me parece más inclusivo, me siento más dentro de la narración.

¿Qué hay detrás del título La gente no existe, que da título a uno de tus relatos y al libro?

Con los relatos, una empieza a escribir y no sabe bien hacia dónde está yendo. De repente, tienes 5 o 6 relatos y piensas: «¿esto es un libro?». En mi caso, cuando escribí La gente no existe, pensé: «vale, esta es la pregunta que me estoy haciendo todo el rato: ¿cuánto del tiempo que estamos aquí, vivos en la tierra, estamos verdaderamente vivos y verdaderamente aquí? ¿qué es lo que nos hace estar vivos y qué es lo que nos hace no estarlo?». Me planteo que en estas sociedades tan abocadas a la prisa, a lo superficial, al consumismo… muchas de estas cosas hacen que vivamos tan deprisa que no nos paremos a pensar si estamos realmente presentes. Cada uno con sus máscaras vive como puede y me da la sensación de que más que vivir, sobrevive.

¿Existe mucha diferencia entre escribir una novela y un relato? ¿Sabes si lo que vas a escribir es una novela o un relato a priori?

Al final, el relato es una cosa como muy corta en duración. Me fascina esto de decir tanto en tan pocas palabras. La novela, como ya sabes que va a ser un esfuerzo a largo plazo, gana por puntos y el relato por nocaut, que decía Cortázar. Esa frase te permite entender bien por dónde van las cosas. La novela es un género lento, que te desespera porque a veces no llegas donde quieres, pueden pasar años… El relato es una cosa que termina y todos necesitamos ver cosas terminadas. En ese aspecto, me produce más ligereza escribir relatos que novelas. Sufro más escribiendo novelas.

Casi todos los personajes que aparecen en el libro están en movimiento, inmersos en un cambio vital, en un viaje… ¿es una búsqueda consciente o es casual?

Es casual, pero a mí el movimiento me pone muy en marcha. Me gusta mucho viajar y he trabajado mucho tiempo viajando. Esa situación en la que me estoy desplazando me pone en el centro, en el lugar en el que puedo pensar con más claridad. De alguna manera, no solo en los viajes físicos sino en los trayectos vitales que haces, cuando dejas una relación, por ejemplo, cuando te tienes que mover y dejas atrás tu zona de confort, es cuando surge la literatura.

Todas las cosas de las que se hablan en la novela no son las cosas que estamos acostumbrados a escuchar aunque sean comunes, son cosas que escondemos: tanatorios, enfermedades, hospitales, abusos, malos tratos…  ¿por qué sigue costándonos tanto hablar de estas cosas?

Vivimos en la sociedad del simulacro, donde todo siempre parece que está bien. Cuando te preguntan «¿qué tal estás?» dices «todo bien» y no deja de ser una defensa fantástica porque si sonríes y encima dices «todo bien», ¿quién te va a querer preguntar si ya lo has dicho todo? Todas las demás cosas que nos pasan, la tristeza, un despido, que nos deja la pareja, que dejamos a la pareja, lo que sea… son conversaciones íntimas entre dos personas y se dan muy de vez en cuando. Yo creo que lo primero que hay que hacer con las cosas que no se ven es nombrarlas para darles existencia y que todos podamos hablar más de ellas. Me gusta esa idea, la de que hablando de las cosas se arroja luz sobre lo que no se ve. Haces visible algo y, a veces, cuando estás con un amigo y le cuentas algo que le ha pasado, y esa persona te contesta que a él también le ha pasado, de repente te sientes menos solo. La literatura es una forma de acompañar: igual no lo cuentas directamente, pero lo cuenta el personaje y tú puedes verte reflejado. Sabes que esto sale de alguien que lo ha escrito y que, probablemente, haya pensado o haya vivido eso de lo que habla.

Si leer es vivir la vida que otros soñaron, ¿qué es escribir para ti?

Para mí escribir es vivir dos veces: vives la vida y, cuando la escribes, la estás volviendo a vivir. De alguna manera, estás convirtiéndola en un relato, la estás perfeccionando. Es falso, pero hay cosas que nos quedan por vivir y sientes que te queda la literatura. Me parece que es como si la vida te diera otra oportunidad. Igual no ha salido bien algo en la vida real pero puedes darle otra oportunidad en algún lugar aunque sea solo para que se quede escrito. Es otro espacio donde tú también puedes ver lo que te ocurre cuando escribes.

¿QUIERES SABER MÁS?

X

LA GENTE NO EXISTE, LAURA FERRERO

Una mujer se enamora de un vecino por cómo cuida las plantas de su terraza. Un hombre organiza una fiesta con todos sus seres queridos para celebrar el final de una larga enfermedad. Una niña acompaña a su madre a ver pisos que nunca podrán permitirse y un padre lleva a su hija adoptada a conocer a su madre biológica…

En estos relatos hay amor y desamor. Hay ausencia y culpa. Hay esperanza. Están los que celebran el hoy y lo que está por venir, y otros que prefieren vivir en las expectativas, donde se sienten protegidos. Los que pueden, olvidan. O no del todo. O no siempre. Algunos no creen saber qué es existir ni desear, ni qué hace que una vida sea una vida. Pero ¿alguien lo sabe?

Las historias de La gente no existe narran lo íntimo, aquello que solo somos capaces de contar en voz baja, lo que nos ocurre cada día. Y nos deslizamos por ellas comprobando que «el camino de la emoción sin impostura que ha transitado Ferrero es uno de los que lleva a la gran literatura».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *