PENSAR LAS EMOCIONES CON ATENCIÓN PLENA

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Cuando era jovencita, muchas veces, tumbada en la cama antes de ir a dormir, jugaba a poner mi mente en blanco. Pensaba en el blanco. Solo en el blanco. La mayoría de las veces, lo conseguía.

Desde que soy madre, aunque he intentado el mismo ejercicio un millón de veces, no he vuelto a conseguirlo. Es imposible que me quede en blanco. De hecho, tengo muchas dificultades para mantener la atención sobre cualquier cosa. Estoy leyendo y me asalta un pensamiento que no me deja descansar: «¿qué haremos hoy para cenar?» o «¿habré domiciliado correctamente el pago del comedor del colegio?» o «¿qué me falta por hacer antes de poder desconectar un ratito?». Siempre me ataca un pensamiento sobre la lista de pendientes del día. Tengo que hacer un esfuerzo extraordinario para concentrarme en algo.

Creo que estar expuestos, como estamos, a miles de impactos por minuto tampoco favorece las cosas. Consumo rápido. Redes sociales. Vídeos de 15 segundos. Tweets. Pum. Pum. Pum. Impactos que, muchas veces, no nos dejan profundizar ni reflexionar. La ley del más rápido.

La buena noticia es que a pensar las emociones, a concentrarse y a prestar atención plena también se aprende. También ese músculo se entrena. Seguro que habrás oído hablar del mindfulness o, lo que es lo mismo, en español, atención plena. Hemos preguntado a nuestra Doctora en Psicología y divulgadora de cabecera, la profesora Marta Giménez-Dasí, sobre este tema. Porque sabemos que abordar las emociones con atención plena puede reducir nuestro estrés diario y mejorar nuestra calidad de vida. ¿Y no es eso, precisamente, lo que queremos?

Marta Giménez-Dasí

¿De qué hablamos cuando hablamos de atención plena?

La atención plena es una forma de controlar a qué prestamos atención,  dónde ponemos el foco de la atención. Es ser capaz de llevar la atención donde queremos y poder mantenerla ahí evitando las distracciones. En el mundo en el que vivimos hoy, donde nuestra atención está continuamente interrumpida, creo que es un ejercicio muy bueno. No deja de ser una forma de concentración. Ahora bien, depende de en qué te fijes tomas conciencia de unas cosas u otras y esto es la segunda parte, la más poderosa de la atención plena. Si te fijas en cómo respiras, en si te duele algo o en si te incomoda algo en el cuerpo, estás entrenando la atención corporal. Si te fijas en cómo te sientes, estás entrenando la atención emocional. Si te fijas en qué piensas estás centrando la atención en lo cognitivo. La atención plena puede llevarse a cualquier proceso o dimensión. Depende de la necesidad de cada uno. A mí me gusta especialmente la parte corporal porque creo que la psicología se ha olvidado mucho del cuerpo y es una parte importantísima de nuestro ser.

¿Cómo se ejercita ese músculo?

El músculo de la atención se ejercita igual que cualquier otro. En el gimnasio utilizas los músculos y a base de usarlos ves cómo se van fortaleciendo. Aquí pasa lo mismo. Si ejercitas la atención, verás como cada vez te das más cuenta de las cosas. A todos nos pasa que a veces no te enteras de las cosas. No te enteras de cómo estás, o de lo que haces, o de lo que dices, o de lo que quieres… es muy habitual. La atención plena te hace ser más consciente pero simplemente porque te crea la rutina de fijarte más. A mis alumnos de psicología les hago un ejercicio que consiste en contestar brevemente a la pregunta “¿quién soy yo?”. Es un ejercicio muy curioso. A algunos no les cuesta nada hacerlo, pero muchos tardan un buen rato hasta que pueden escribir algo y algunos no consiguen escribir absolutamente nada. Siempre recojo algunas hojas completamente en blanco. Es muy impactante para ellos. Después me dicen que es una pregunta difícil porque nunca se han parado a pensarlo. A esto me refiero con que a veces no nos enteramos de cosas muy importantes, como quiénes somos o a dónde vamos, pero si le dedicas un tiempo consigues ver muchas cosas. Lo que sabemos es que la conciencia y el relato organizado sobre uno mismo mejoran el bienestar psicológico. En este sentido podemos unir la atención plena y la intervención clínica.

Cada vez tenemos más cosas en la cabeza, más frentes abiertos y tenemos que lidiar con ellos en un momento de tremendas incertidumbres. Pensar las emociones con atención plena, ¿de qué manera puede ayudarnos a focalizar, no solo en nuestro día a día, sino también en lo que transmitimos a nuestros hijos? ¿Por qué la formación en manejo de emociones y atención plena no es solo para educadores, sino también una herramienta muy positiva para padres y personas en general?

Pensando las emociones con atención plena es el título del programa que hemos hecho para que los niños mejoren sus habilidades emocionales y sociales, pero sirve igual para adultos porque lo que intentamos es que la gente tome conciencia de sus emociones, entienda por qué las siente, qué consecuencias tienen para uno mismo y para los demás y aprendan a regularlas. Todo esto ayuda mucho en las relaciones personales y en el bienestar psicológico. Sabemos que las relaciones sociales satisfactorias es el índice más importante que tenemos en cuenta cuando valoramos nuestra satisfacción vital. O sea, que si estás contento con tu vida social lo normal es digas que eres feliz o que estás satisfecho con tu vida, pero hay mucha gente que tiene grandes dificultades sociales y esto suele estar relacionado con la gestión emocional. Nuestra forma de trabajar une la reflexión sobre todas estas cosas y la atención plena centrada en el cuerpo y en las emociones. A través de estas dos formas de trabajar, que incluye un diálogo con otros y la toma de conciencia, conseguimos que se genere un conocimiento explícito sobre las emociones. Esto es lo que no tenemos. Nadie nos enseña qué hacer para no sentir envidia, por ejemplo. Cada uno se apaña como puede y la mayoría lo sobrelleva, pero las personas envidiosas sufren muchísimo. Si consigues generar una conciencia que te ayude a identificarla y un discurso explícito que te ayude a entender qué es esa emoción, por qué la sientes, qué consecuencias tiene para ti y para los demás y cómo lograr que no te moleste, puedes mejorar mucho tu vida. Y así con todas las emociones. Hay emociones muy difíciles y muy presentes en la vida, como el miedo, el enfado, la culpa… Aunque no tomes conciencia de ellas, generan malestar y se van acumulando. Mucha gente tiene ataques de ansiedad y no sabe por qué, no lo ve venir. Estos ataques son una llamada de atención, una forma corporal de avisarte de que algo no va bien. El problema es que solo nos damos cuenta cuando la bomba estalla. Nuestro objetivo es mejorar la satisfacción vital, la salud mental y no llegar ahí. Esto se puede hacer con los niños desde que son pequeños, ir poco a poco poniendo las bases de un conocimiento emocional y social que les lleve a una gestión sana. Si además  los padres ya tienen esta conciencia y estas habilidades los niños lo van a recibir por dos vías y el resultado final será mucho mejor. En este sentido, el que los padres tengan buenas habilidades de gestión y control emocional es fundamental para que los niños se desarrollen de forma óptima y el primer paso es poder prestarles atención.

Una de las cosas que me vienen siempre a la cabeza cuando recuerdo el libro o la película Wonder es esta frase: «Cuando puedas elegir entre tener razón o ser amable, elige ser amable”. ¿Cómo podemos fomentar la amabilidad y ponerla por delante de otras cualidades?

La amabilidad creo que es el resultado final de una buena gestión emocional. Todo el proceso de hacerse consciente de las emociones y gestionarlas de la mejor manera posible pasa necesariamente por el otro. Hay una parte que es individual, por supuesto, pero las emociones tienen siempre relación con otros, se producen en interacción con los demás y por tanto la gestión sana necesita tener en cuenta la repercusión que tiene en el otro. Cuando esa gestión se hace eficaz se convierte en empática y prosocial y eso es la amabilidad. Las personas con buenas habilidades emocionales y sociales son empáticas porque han aprendido las consecuencias de las emociones propias en los demás y regulan para que el resultado final sea positivo. La amabilidad te lleva a tratar a los demás de forma empática y tiene unos efectos impresionantes en los demás. Creo que todos lo hemos experimentado, por ejemplo, cuando haces una gestión y te encuentras con alguien amable o cuando tienes un médico amable y empático. La sensación es completamente diferente. En educación creo que es un elemento clave para cambiar las cosas. Muchas veces tratamos a los alumnos sin amabilidad, como si no fueran personas, y no nos paramos a intentar entender por qué no han hecho los deberes o por qué no han traído el libro. Les regañamos sin preguntar y lo hacemos solo porque son niños o son alumnos. De ninguna manera nos permitiríamos ese trato con un adulto, pero lo hacemos sin ningún problema con los niños. Creo que los niños y los alumnos merecen mucha más amabilidad que la que reciben habitualmente en el sistema educativo y eso incluye también la universidad. Mis alumnos se quejan muchísimo de la falta de amabilidad de los profesores.

¿Y cuáles son las emociones más nocivas para nosotros?

Ahora está de moda decir que no hay emociones negativas y positivas, que todas tienen su función y son adaptativas. Aún cuando eso sea cierto, que es posible que lo sea, hay emociones que lo hacen pasar muy mal. Para mí, la envidia es una de las peores porque implica una autoestima baja. Te duele no conseguir lo que crees que mereces y esa falta de reconocimiento hace mella en la valoración de ti mismo. Me parece una de las emociones más complejas y más autodestructivas. Otra que me parece muy dañina es el rencor porque no te deja descansar. Siempre tienes cuentas pendientes, agravios, reproches. Me parece una emoción muy cansada y muy dañina para uno mismo y para los que están alrededor porque termina rompiendo las relaciones.

Tú misma, junto a Lina Arias Vega, propones formación online sobre emociones y atención plena. ¿Es posible recibir el mismo impacto aunque la formación sea online en vez de presencial?

Lo hacemos online porque la circunstancia actual no nos permite plantearlo de otra manera. En otras ocasiones, que lo hemos hecho presencial, los participantes forman lo que llamamos una “comunidad de investigación”, es decir, un grupo de gente que se hace preguntas e intenta responderlas a través de un diálogo común. Este tipo de interacción es muy potente porque te hace pensar mucho, te planteas cosas que nunca habías pensado y a través del diálogo con otros llegas mucho más lejos y logras construir un discurso coherente. Es muy enriquecedor. A pesar de que la interacción online es distinta porque no permite el contacto directo, sin embargo, creo que facilita mucho el que la gente hable. Da mucha menos vergüenza. Este año he dado alguna clase online y ¡los alumnos participan mucho más que en las clases presenciales! Así que confío en que funcione bien. El objetivo y la forma de trabajo es la misma. Propondremos actividades y contenidos que fomenten la toma de conciencia, el ejercicio de la atención y la reflexión sobre las emociones y buscaremos la forma de ir poniéndolo en práctica. También enseñaremos a llevar a cabo este tipo de actividades con los niños en la vida cotidiana o en el contexto escolar. De verdad creo que todo este conocimiento no es tan difícil de manejar, cualquier persona puede hacerlo, no hay que tener ningún don ni cualidad especial. Es más bien cuestión de dedicarle un poco de atención.

 

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Marta Giménez-Dasí y Lina Arias Vega son las responsables del curso Pensando las emociones con atención plena. Este curso está pensado para docentes de Educación Infantil y Primaria y para madres y padres que tengan interés en aprender para ellos y sus niños. Se impartirá del 18 de enero al 28 de marzo de 2021, con el objetivo de hacernos conscientes de lo que sentimos a través de la reflexión y la atención plena. Este conocimiento te servirá para tu vida personal, profesional y familiar porque te permitirá observar, aceptar y comprender lo que sientes. Además, te dará estrategias para que puedas enseñar a niñas y niños de entre 3 y 11 años a entenderse y manejarse emocionalmente.

Tienes más información aquí:

Info CFP

 

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