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RAFAELA LAHORE: «ME INTERESA EXPLORAR LA FRONTERA ENTRE CUIDAR DE ALGUIEN Y TENER LA POSIBILIDAD DE DAÑARLO»

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Una nota de suicidio escrita por una madre y descubierta, muchos años después, por su hija, es el punto de partida de Debimos ser felices, la original novela de la escritora chilena Rafaela Lahore (Montevideo, 1985), un diario fragmentado a través de las vidas de tres mujeres de la misma familia, de tres generaciones representadas en abuela, madre e hija.

Esta emotiva novela ha conseguido el premio Mejores Obras Literarias del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, en la categoría de mejor novela inédita. A través de sus confesiones y sus silencios, Rafaela Lahore ha conseguido hacernos cómplices de las infancias de las tres mujeres, de los hilos invisibles que las unen, de lo que heredan sin pretenderlo. El nombre de Rafaela Lahore nos era, hasta hace pocas semanas, desconocido. Pero estamos convencidas de que no la perderemos de vista a partir de ahora…

¿Con qué objetivo escribiste este libro? ¿Qué te impulso a ello?

No te diría que tenía un objetivo, sino más bien que sentía una fuerte pulsión por escribir. Yo siempre había escrito y en un momento me empecé a centrar en la figura de mi madre. El material siempre había estado allí, porque muchas de las escenas que aparecen en la novela ella me las había contado varias veces, y después estaban mis propios recuerdos. Naturalmente, me interesaba recuperar la mirada de la infancia, la intensidad y el desconcierto con la que una niña mira el mundo. Más allá de eso, no podría decir mucho. Las verdaderas razones por las que escribimos suelen permanecer ocultas. 

¿Cómo fue el proceso de creación del libro? Me parece tremendamente original la manera de contar a pequeñas píldoras, a modo reflexión diaria. ¿Qué te llevó a escribir bajo ese formato?

Desde adolescente escribí textos cortos, de un par de párrafos, y quizás por eso me salió natural hacerlo así. Además, en este caso me basé en pequeños recuerdos, impresiones, escenas que había escuchado y que no siempre estaban hiladas entre sí. Muy pronto sentí que ese formato debía mantenerse: el libro debía simular cómo funciona la memoria, sus idas y vueltas, sus incompletitudes, sus vacíos. Otra razón es que me interesaba alcanzar cierta condensación poética. Quería que cada pequeño texto tuviera fuerza por sí mismo, que fuera parecido a un poema. 

¿Cuánto de ti hay en Debimos ser felices?

La historia está inspirada en la vida de mi familia. De hecho, entrevisté muchas veces a mi madre para hacer este libro. Por supuesto, después me puse a jugar con las herramientas de la ficción, porque siempre me interesó que fuera leída desde ahí, es decir, como una novela. Suena paradójico, pero la ficción muchas veces puede hacer más real una historia, conectarla mejor con su verdadero espíritu. Por eso, si bien hay cuestiones que no sucedieron tal cual las cuento, sí puedo decir que la novela tiene un gran ansia de verdad.

¿Cuál ha sido tu principal interés al abordar la relación familiar? ¿Qué es lo que más te llama la atención de las relaciones entre madres, hijas y abuelas?

Me interesa explorar la frontera entre cuidar de alguien y tener la posibilidad de dañarlo. En la maternidad, esos dos caminos van muy juntos. Se trata de una relación de amor tremenda, la más incondicional que existe, pero que también puede ser muy destructiva. Esa paradoja también aparece en el libro cuando se hace referencia a los animales que están en el campo de los abuelos. Se los cuida día a día para después matarlos y alimentarse de ellos. En el caso de las relaciones humanas, claramente no suele ser tan dramático ni explícito, pero en la madre de la novela actúan esas dos fuerzas: por un lado le entrega contención y cariño a su hija y, por otro, impone sobre ella cierta violencia.

Rafaela con su madre y su abuela

¿Cuál crees que es la herencia invisible que has recibido de tus antepasados?

Es una pregunta complicada, porque lo más interesante es que no somos realmente conscientes de todo lo que absorbemos de ellos. Sobre todo, porque muchas veces esas herencias se transmiten de forma velada. ¿Hasta dónde estamos influidos por ellas?, ¿cuándo aflora nuestra propia naturaleza? Sobre esas preguntas gira la novela.

¿Que supone, para ti y tu obra, ser merecedora de premios literarios?

La novela fue reconocida en Chile con un premio que otorga cada año el Ministerio de las Culturas. Significó un gran apoyo económico que, a su vez, me sirvió para comprar tiempo para escribir. Además, como Debimos ser felices ganó como novela inédita, casi un año antes de que se publicara, fue una de las primeras alegrías que me dio el libro. Los primeros gestos de apoyo son los que más se agradecen. 

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DEBIMOS SER FELICES, RAFAELA LAHORE

El descubrimiento de una nota de suicidio de la madre de la protagonista, escrita décadas atrás, lleva a esta a ahondar en la historia de su familia, que arranca en un campo de Rivera, en la frontera entre Uruguay y Brasil, donde la infancia de su madre se vio marcada por la violencia. Los recuerdos se suceden como piezas de un puzzle incompleto, que la narradora intenta reconstruir a través de imágenes de una cruda belleza y gran fuerza poética.

La novela avanza fragmentada, como la memoria misma, desentrañando los enigmas de tres generaciones de mujeres –la abuela, la madre y la hija–, que comparten una historia de complicidades y silencios, y un pa- sado que se preguntan si fue feliz, o si, en todo caso, pudo llegar a serlo.

Debimos ser felices, ganadora del premio Mejores Obras Literarias otorgado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, es una delicada exploración de la felicidad y la tristeza, de la herencia invisible que se transmite entre padres e hijos.

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