REPENSAR LA MUERTE PARA CELEBRAR LA VIDA

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Una de las cosas más dolorosas que nos está dejando esta situación de pandemia, la más trágica de todas, es la pérdida de seres queridos. A día de hoy, más de un millón de personas fallecidas por coronavirus. Multiplica ese millón de personas por un número variable, tirando a alto, de familiares y amigos a los que esta maldita enfermedad ha arrebatado el derecho al duelo.

Durante los primeros meses de confinamiento, mi familia y yo sufrimos la pérdida de un querido amigo, Jordi Jaumá, editor de Diario Responsable. No solo fue triste su marcha, sino la negación del duelo. En ese momento, mi amiga Cristina Miguel, además de su cariño y apoyo, me prestó un libro que a ella le ayudó a superar la pérdida de una de sus mejores amigas: Luto en colores, de Silvia Melero Abascal. Silvia (Madrid, 1976) es periodista, escritora, comunicadora, conferenciante y facilitadora de  talleres sobre la muerte y el duelo.

Silvia sabe de primera mano lo que es la pérdida, pues escribió este libro tras la pérdida de su hermana, en un intento de romper el tabú de la muerte por suicidio en un principio y abrazando otro tipo de duelos (como el perinatal) finalmente. Desde que nació Luto en Colores en 2014, ha profundizado en el conocimiento y aprendizaje sobre la muerte dándole forma a diversos talleres que ayudan a transformar el dolor de quienes transitan procesos de duelo, como el Taller para Transformar la Culpa (dirigido a personas que han perdido a un ser querido por suicidio) o el Taller la Liberación del Duelo (para todo tipo de duelos) y participa en Jornadas, Congresos, Encuentros y todo tipo de espacios para ofrecer charlas y conferencias donde compartir todo lo aprendido en su proceso personal y colectivo.

Lo que viene a continuación es un conjunto de palabras cargadas de belleza, amor y energía positiva. Nada sobra, nada falta. Esperamos que las palabras de Silvia nos ayuden a comprender mejor, a afrontar la pérdida desde otro punto de vista, a poner el foco en celebrar la vida, a aliviar el dolor, a entender los grandes misterios de la vida: nacer y morir.

Gracias eternas, Silvia, por tus palabras y por tu trabajo al frente de tu proyecto Luto en colores.

Gracias por la luz.

Gracias por el color.

 

 

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MARRÓN

¿Son la muerte y el duelo asignaturas pendientes para nosotros? En otros países, el concepto de muerte es menos oscuro, se ve menos «negro». En países como Ghana, México, Indonesia o incluso los Jazz Funerals en Nueva Orleans celebran la vida de sus seres queridos aun en el momento de su muerte. ¿Qué podemos hacer para restar oscuridad a este trance?

Efectivamente, la muerte es la gran asignatura pendiente en nuestra cultura porque le hemos dado la espalda y pretendemos vivir como si no existiera. Pero no siempre fue así, en épocas anteriores otros pueblos lo vivían con mucha naturalidad y hoy en día si miramos a otros países encontraremos que hay diversas formas de afrontarla. Por lo tanto, cómo vivimos y entendemos la muerte es un tema cultural, educativo, social, religioso y muy arraigado también a cómo lo vive nuestro entorno más cercano (familiar) porque es ahí donde vamos aprendiendo los patrones que nos ayudarán a enfrentar las pérdidas de la vida y la adversidad. Creo que le damos la espalda porque nos horroriza pensar en la posibilidad de experimentar dolor, de sentir la ausencia de las personas a las que queremos. Pero inevitablemente la vida nos va a poner esa vivencia delante. Y eso a su vez nos pone delante también el espejo de nuestra propia muerte. Si ha muerto mi ser querido, yo también me voy a morir y ahora lo constato de una manera muy física porque estoy en duelo, siento el dolor, sé que la muerte existe y no puedo mirar hacia otro lado. Pero lejos de asustarnos, la conciencia de la muerte puede traer muchas cosas buenas, nos lleva a plantearnos cómo está siendo la vida que llevamos y nos puede invitar a transitar un camino de aprendizajes que nos haga estar más presentes en la vida, saboreando el instante presente (que es lo único que realmente existe porque el pasado no lo voy a cambiar y el futuro es incierto, aún no estamos allí, pero donde sí estamos es en el aquí y ahora.

¿Qué voy a hacer con el tiempo de vida que atesoro? ¿Qué voy a hacer con esta vivencia de dolor que la vida me ha puesto delante? Esas preguntas pueden abrirnos ventanas transformadoras y traernos un aprendizaje que nunca hubiésemos imaginado. Hace seis años y medio, cuando murió mi hermana Esther, fue exactamente así. Inicié un camino en el que junto al dolor, las lágrimas y la tristeza, había muchas cosas más. Abrirse a recibir lo que la pérdida tiene para ti es clave, esencial.

GRIS

¿Cómo podemos vencer el gran miedo que tenemos a la muerte?

Hablando de ella. Pero no sólo en un diálogo externo con los demás (que es maravilloso y suelen ser espacios muy sanadores) sino especialmente a nivel interno. Acoger ese miedo, sentarte con él, tratar de ir un poco más allá para entender qué es exactamente lo que nos asusta de la muerte. Puede parecer que la respuesta es evidente pero no lo es. A cada persona ese miedo le está contando cosas y escucharlas puede traer grandes transformaciones en su vida. Tanto el miedo a perder a nuestros seres queridos como el miedo a morirnos nos muestra el miedo al cambio. Y en la vida todo es cambio, todo se transforma. Imaginamos que la siguiente fase va a ser peor, pero no necesariamente. Puede estar llena de aprendizajes y luz si confiamos en nuestras capacidades para abordarlo, si nos escuchamos, si dejamos que salga esa voz interna que nos reclama cosas y que a menudo acallamos porque hay otras voces externas más importantes que atender.

En los talleres que hacemos en Luto en Colores (tanto para personas en duelo como para abordar la propia muerte) conectamos con eso que llevamos dentro, con esa sabiduría interna, y lo cierto es que tenemos las herramientas para afrontar el dolor y transformarlo, lo que pasa es que nos hemos olvidado porque, entre otras cosas, no hablamos de ello y se pierde también la transmisión de esa sabiduría colectiva, esa red de apoyo que nos sostiene.

ROJO

¿Por qué hablar de eutanasia o de suicidio sigue siendo tabú? ¿Siguen estando las creencias por encima de la dignidad humana? ¿Se puede acabar con ello?

Si la muerte en general es un tabú, hay muertes que acumulan dobles tabúes como la muerte por suicidio. Luto en Colores nació tras la muerte por suicidio de mi hermana, por eso una de las patas importantes del proyecto es romper silencios y poder nombrar el suicidio porque es un tipo de muerte que acarrea a los familiares sentimientos de culpa, vergüenza, fracaso. Y hay un juicio social externo sobre esto, que también cae como una losa sobre quienes hemos perdido a un ser querido.

Yo entendí la decisión de mi hermana porque viví muy de cerca todo su proceso. Ojalá hubiera sido de otra forma, pero fue así y ella decidió parar su sufrimiento en un momento dado. Hablo de mi hermana como mujer adulta, psicóloga, que tras luchar muchos años se apeó de la vida. Y mi hermana amaba la vida, pero no quería vivirla así. Tenía un problema de salud mental, aunque no me gusta parcelar la salud porque la salud es una en sentido amplio y está compuesta de todo lo que somos, de todas las partes, en sentido amplio. La enfermedad existe, aunque a veces no se ve. Siempre pongo el ejemplo de cáncer porque con personas enfermas entendemos que unas salen adelante pero otras no, se mueren. Con la salud mental pasa igual, cada persona tiene su proceso, su viaje.
Siempre he entendido y apoyado la eutanasia, que es la posibilidad de que una persona elija morir de forma digna para dejar de sufrir. Supongo que eso me hizo entender a mi hermana. En el caso de la eutanasia es importante recordar que no se trata de aplicársela a todo el mundo sino a quien lo decide. A mí me gustaría poder elegir y tomar decisiones sobre el final de mi vida si se da el caso por las circunstancias. No es un tema en el que otros tengan que decidir por mí, yo soy muy respetuosa con los demás, por eso creo que no se deben imponer criterios ni creencias sino permitir que cada cual dibuje su camino. Para eso hay que hacer un recorrido previo, pensar en tu propia muerte, aceptarla. Éste es el tema de base.

AZUL

¿Cómo diste forma a tu libro a través de los colores? ¿Qué te motivó a relacionar los capítulos con colores? ¿Por qué esos colores?

Cuando escribí el libro volqué todo el recorrido de estos años desde la muerte de mi hermana, la creación del proyecto, las personas que he conocido, los aprendizajes, saberes, vivencias, las herramientas que me han ayudado en el proceso de duelo, las culturas y diversidad sobre la muerte, la magia de la vida (que se desplegó de forma maravillosa), etc. Y todo eso son colores. Es lo que experimenté en mi duelo. Sentía el negro (que simbólicamente asociamos al luto y al dolor) pero junto al dolor sentía muchas cosas más y me las permití. Descubrí que se puede llorar y desgarrarse de dolor pero también reír recordándola y bailar, y aprendí que podemos recolocar la ausencia física de otra forma en nuestras vidas para que nuestros seres queridos sean una presencia (en otro formato) que ilumine nuestros días. Es decir, junto al negro sentía muchos colores, por eso el nombre del proyecto y por eso en el libro cada capítulo tiene simbólicamente un color. Como el rojo, el color asociado al corazón y al amor en sentido amplio. Sigo sintiendo mucho amor hacia mi hermana, el vínculo de hermandad no ha muerto, y está también el amor de toda la red que nos rodea y que es lo que nos sostiene en el dolor.

VIOLETA

Hablando de tu otro libro, La vida de Sira, ¿es la muerte prenatal o perinatal el más tabú de los tabúes? ¿Cómo podemos normalizar esta conversación para que el sufrimiento de los padres se pueda compartir?

Tras encontrame con el tabú del suicidio por la muerte de mi hermana, vivimos muy de cerca otro de los grandes tabúes: la muerte de bebés, de peques. Otra muerte que nos cuesta mucho abordar. Nadie quiere escuchar a una madre o un padre que han perdido a su hijo porque eso de nuevo te pone delante la realidad: esas cosas pasan. Pensamos que por no nombrarlas no existen. Una de las grandes amigas de mi hermana (Eva) se quedó embarazada de Sira y creó un grupo de mujeres para darle la bienvenida. Mi hermana ya había muerto, no estaba físicamente (aunque sí tenía su lugar en ese grupo) y Eva me incluyó a mí. Lo que nadie imaginaba es que Sira iba a nacer y vivir algo más de 40 minutos. En un hospital con todos los medios, los recursos, la ciencia, la medicina, los profesionales, la vida de Sira se fue. Y esto nos enseña de nuevo que hay una parte que escapa a nuestro control.

Por mucho que queramos vivir con la fantasía de control en nuestras vidas y en las de los demás, lo cierto es que la muerte sucede, la vida se nos escapa. Pero Sira se fue y creó algo maravilloso porque Eva convirtió ese grupo de mujeres en el grupo Despidiendo a Sira y vivimos una experiencia de acompañamiento llena de intercambio, creatividad, aprendizajes. El grupo se llamó luego Siraridad y aún sigue existiendo. Eva y Manu han nombrado la muerte acogiendo la vivencia, sintiendo el dolor pero experimentando el amor inmenso que les deja su hija. Hoy seguimos hablando de Sira como hablamos de mi hermana Esther y siento que sus historias ya no son sólo nuestras, volaron para ayudar a sanar muchos corazones. En el caso de Esther con este proyecto y con el libro que escribí y en el caso de Sira con el cuento que me nació primero como regalo para sus padres y luego también echó alas para llegar a quien lo pueda necesitar. Y nos pasan cosas increíbles con ese cuento y con el libro, anécdotas preciosas. A veces he terminado una charla en lugares muy diversos y se me acerca alguien para hablarme de Sira o de Esther (porque hay casualidades y algún vínculo con ellas por alguno de los hilos que nos unen) y me estremezco.

VERDE

¿Podrías contarnos alguna anécdota de esas “cañas de la muerte”? ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención o aquello de lo que nunca podrás olvidarte en los encuentros corales en los que participas?

Poner en marcha nuestras Cañas de la Muerte de Luto en Colores ha sido una de las experiencias más divertidas, aunque pueda parecer extraño. Se dan conversaciones distendidas, vienen personas que no encuentran espacio en su entorno cercano para hablar de estos temas y cuando nos juntamos todo emerge con naturalidad. No es un espacio de duelo (para eso tenemos los talleres) sino una charla distendida sobre la muerte.

Nos ha pasado que la gente se pone a contar anécdotas de un velatorio o un entierro (como el caso de un ataúd que se cae al río al pasar por un puente en un pequeño pueblo) y al mismo tiempo vivencias muy profundas de personas que han acompañado a otras en el proceso al final de la vida, y recuerdo también a una mujer mayor que no lograba hablar con sus hijos de temas que ella quería comentar (sobre eutanasia, herencia, la forma de la despedida cuando ella muriera). Cada vez que intentaba sacar el tema cuando venían a comer no la dejaban y  ella sentía que necesitaba mucho poder resolver esas cosas. Éste es el problema: cuando no queremos hablar de lo inevitable, dificultaremos más el proceso. Deberíamos poder hablar con nuestros seres queridos de todo esto. Darnos la oportunidad puede ser sorprendente, puede ser una conversación bonita, emotiva, que afiance vínculos. Puede ser una conversación que dé mucha paz. Si lo hacemos tomando unas cañas entre desconocidos y es maravilloso, ¿cómo no va a serlo con las personas que te acompañan en el camino de la vida).

La iniciativa nació inspirada es los Death Cafés que se iniciaron en Londres, donde la gente se juntaba para tomar un café y hablar de la muerte. Un día tomando unas cañas con amigos (llevábamos dos horas hablando de la muerte) se me ocurrió decir que «aquí somos más de cañas, deberíamos hacer Las Cañas de la Muerte, en vez del café». Y a todo el mundo le pareció fenomenal. Así se ha ido tejiendo cada paso de Luto en Colores. Porque al otro lado hay personas que lo empujan, lo impulsan y lo apoyan.

AMARILLO

¿Podemos comenzar a trabajar el duelo antes de que suceda? ¿Cómo afrontar los procesos degenerativos de familiares o seres queridos -por ejemplo, pacientes de cáncer o enfermedades que no van a poder tener curación-?

Así es, se vive a veces un duelo anticipado cuando un familiar afronta un proceso de enfermedad y se aproxima a la muerte. Y se puede vivir de forma consciente hablando de ello, preguntando a la persona si quiere hablar del tema, respetando los espacios y tiempos de cada cual (pero muchas veces ambas partes están deseando hablarlo y ninguna se atreve a plantear el tema y actúan como si no pasara nada). Permitirnos dar ese espacio puede ser sanador para retomar temas pendientes, sanar emociones y situaciones, resolver cuestiones prácticas.

Prepararse para afrontar la pérdida puede hacer que vivamos esos últimos momentos con la persona de manera excepcional, de forma presente, con la lucidez de aportar lo mejor que cada cual lleva dentro. Cuando te trabajas el tema, cuando abordas la muerte y el duelo, hay un lugar para la aceptación que es liberador porque ya no estás en el miedo. Y tus ojos, simplemente desde la mirada, transmitirán amor. Emitir eso a quienes se van es una gran ayuda. Y recibir eso también de ellos es un gran legado que nos dejan. Hay mucha sabiduría y aprendizaje que pueden compartir al final de la vida si se da el espacio, si se tiende el puente y la escucha.

BLANCO

¿Por qué nadie nos prepara para la muerte, si es algo que sucede a diario? Igual que no nos preparan para el nacimiento -lo digo como madre-, no sabemos apenas nada de lo que la muerte significa. ¿No es paradójico que los grandes misterios de la vida -nacer y morir- sigan siendo temas poco explorados de una manera sociológica, incluso de una manera personal -en el contexto de las familias-?

Es que justo esos dos misterios, nacer y morir, se tocan en el mismo punto. Y quizá es eso lo que nos da miedo explorar. Primero por el miedo a lo desconocido, el miedo que nos han inculcado siempre desde los poderes políticos, económicos, religiosos. Justamente el miedo a la muerte es el miedo que nos hace ser más manipulables. Cuando la experiencia de la muerte te trae todo un camino por explorar, lleno de aprendizajes, y te permites vivenciar tu propia experiencia, al margen de condicionantes externos, puedes llegar a entender que si todo es cambio, todo es transformación. Yo aprendí eso, que la muerte es transformación. La naturaleza nos lo muestra continuamente, los ciclos de la vida, los ciclos de la Tierra: Nacer-Morir-Nacer-Morir. Al final, son dos puntos de partida que se juntan en el mismo lugar. De nuevo, los modelos familiares y sociales en los que crecemos determinan la manera en la que lo abordamos. La buena noticia es que cada vez hay más espacios para hablar de esto, más miradas, alternativas, diversidad, opciones… Eso enriquece la vivencia y es lo que hará que vayamos transformando los tabúes. Hablar de ello ya está cambiando la realidad en este preciso momento. Quizá para alguien que lea esta entrevista ya hay algo nuevo que le mueve cosas por dentro, que le da una idea, que le impulsa a tener una conversación con sus familiares. Así vamos cambiando la cultura de la muerte, desde nuestras propias vivencias personales.

LUTO EN COLORES

Luto en Colores es un proyecto que busca repensar la muerte para celebrar la vida. Nació por la experiencia personal de la autora tras la pérdida de su hermana.

Nació para romper el tabú de la muerte por suicidio, pero se fue abriendo a abrazar otros tipos de duelo también invisibilizados, como la muerte de peques. Es una invitación a la diversidad, la pluralidad y la libertad, porque hay muchas formas de vivir la muerte, la despedida y el duelo. Y es una apuesta por la creatividad como herramienta maravillosa para aligerar el dolor y homenajear a nuestros seres queridos, haciendo de su ausencia, una presencia llena de luz y aprendizaje en nuestras vidas.

LA VIDA DE SIRA

Un cuento sobre la muerte… la muerte de una peque (porque los niños y las niñas también mueren, aunque nos cueste aceptarlo). Una historia de amor incondicional, de amor que permanece (porque hay vínculos que no se pueden romper nunca). Una experiencia compartida de duelo entre mujeres llena de aprendizaje y crecimiento. Una vida que fue vivida en cada minuto de existencia. Ojalá este cuento pueda sanar un poquito algunos corazones.

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