VICKY LÓPEZ GIRALDO: UNA VOCACIÓN

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Conocí a Vicky en su antiguo local en Travesía de San Mateo, el local que ocupaba Catering Woods, su obrador y pequeño salón de comidas. Cuando hablo de salón, es literal: traspasar la puerta de este coqueto local daba acceso a un pequeño salón-comedor que, automáticamente, te transportaba al salón de tu casa. Una decoración cuidadísima y muy original, muchos libros y prensa en las estanterías y muebles vintage hacían que te sintieras allí como en casa. Afinaré más: como si Vicky te hubiera invitado a comer en su casa.

Eran buenos tiempos: podías desayunar un café muy rico, con tostadas de pan excelentes. Podías conversar animadamente con tus compañeros de mesa (había una gran mesa comunal), podías comer rico, variado y colorido a diario. Pero la hostelería es un mundo cruel y también lo fue para Vicky: aunque Catering Woods había diversificado su negocio (catering, food trucks, obrador y local propios), no fue fácil compaginarlo todo y, aunque el local cerró, la pasión de Vicky por la cocina sigue intacta. Vicky sigue cocinando. Y compartiendo sus logros, sus recetas, sus viajes gastronómicos, en gestos continuos de generosidad extrema.

Vicky (de Virginia) es una mujer inspiradora. Es madre. Estudió Arquitectura de interiores. Trabajó en el departamento de prensa del Museo Reina Sofía. Tras la excedencia que pidió para dedicarse a su sueño, el de dar de comer y hacer feliz a los que nos llenábamos el estómago con sus platillos, volvió a su puesto en la Administración para aparcar las turbulencias de un negocio difícil.

Vicky nos ha contado cómo ha compaginado su pasión con su formación, su experiencia y su vida en familia. Y, mientras no abra otro saloncito en el que darnos de comer, seguiremos soñando con Catering Woods. Le pediremos prestada alguna receta, seguro que no le molesta compartirlas con nosotras. Las pasiones, a veces, permanecen ocultas. Pero, inevitablemente, vuelven a salir al a luz. Y eso también lo contaremos por aquí.

MI TRABAJO ANTES DE SER MADRE

En mi vida laboral he dado muchas vueltas, he saltado de un sector a otro, porque llevo trabajando desde los 18 años y entre un trabajo y otro, acabé en la Administración con un puesto temporal. Pasado un tiempo, decidí estudiar la carrera de Arquitectura Interior, que en esos años básicamente era prepararse para ser diseñador de interiores pero más técnico, así que me tocó compaginar el trabajo por la mañana con los estudios por la tarde…y así cuatro años. Y justo en el último, prepararme la oposición. Soy bastante cabezona y no muy buena estudiante, sólo me meto a fondo en lo que realmente me interesa, así que saqué mi plaza con la puntuación justita y, con la carrera acabada, esperé un tiempo para pedir una excedencia y dedicarme al interiorismo, que era lo que realmente me gustaba. Esa época la disfruté muchísimo, porque el estudio donde trabajaba estaba centrado en proyectos para hoteles y yo me ocupaba de parte del diseño de los interiores y de la gestión de compras, buscar proveedores… estaba en mi salsa. En un estudio de arquitectura, los horarios no existen, cuando hay que entregar proyecto, te puedes pasar la noche entera trabajando, acabar a las mil, entregar y volver a empezar, pero disfruté esa época muchísimo. Y pasado un tiempo, llegó el embarazo de Lola, mi primera hija, que fue bastante bastante complicado. Tuvo prisa en llegar y sus primeros meses fueron aún más complicados que el embarazo. Cuando quise darme cuenta, se acabó el permiso de maternidad con lo cual hubo que reincorporarse y coincidió con un mal momento del estudio, eso sumado a que mi pareja trabaja también en un estudio de arquitectura y sabiendo la locura de horarios que conlleva, me llevó a salir de la empresa. Así que renuncié a la estabilidad económica para poder estar con mi hija hasta que tuvo un año y medio. En su momento me llevé un disgusto importante, suponía renunciar a mi carrera, esa que con tanto esfuerzo había conseguido, pero ese año que estuve disfrutando de la maternidad recién estrenada, no me lo quita nadie.  Pedí el reingreso a la Administración y cuando me tocó reincorporarme, conseguí plaza en el departamento de prensa del Museo Reina Sofía, así que ahí tuve bastante suerte porque era un destino con un trabajo interesante a desarrollar y un horario amable. Estuve unos años allí, llegó un segundo embarazo, y cuando nació Teo, me permití pedir unos meses sin sueldo después de acabar el permiso de maternidad. En eso afirmo tajantemente que las 16 semanas de permiso son claramente insuficientes, ahora al menos hemos avanzado igualando prácticamente el permiso de ambos padres, eso va a permitir que muchas empresas duden menos a la hora de contratar a una mujer relativamente joven, pero aún queda mucho trabajo por hacer, aún sigue siendo la mujer la que en la mayoría de los casos, renuncia a su carrera para cuidar de sus hijos, pero también veo que somos muchas las que nos lanzamos a diseñar nuestro trabajo a medida cuando llega el momento.

UN TRABAJO A MEDIDA

Llegado un momento dado me lancé, casi de manera inconsciente, a montar mi propia empresa de catering. Ahí sí me dejé llevar por algo que siempre me ha fascinado que es la cocina. Pensé que podría adaptarlo a mis necesidades, compaginarlo con la crianza, aún siendo la hostelería un sector que conlleva muchas renuncias. En mi pareja he tenido un aliado total en estos años de aventura, eso también es básico. No es que haya sido un apoyo, ha sido un pilar fundamental, sin él no se hubiera sostenido la empresa que monté ni siquiera el primer año.  

FEMINISMO

El feminismo es algo que por principio ya no debería ni plantearse, atendiendo al principio de igualdad que se presupone viene respaldado por una serie de derechos y que desgraciadamente tenemos que seguir defendiendo. Lo peor es que para cierto sector, además, es un término denostado. En casa mi hija mayor lo ha mamado y es muy peleona. Creo y espero que para ella va a ser algo más natural el término feminismo de lo que ha sido para generaciones anteriores. Ha visto que, si yo no estaba en casa, era su padre el que estaba, haciendo malabares todos, abuelos incluidos.

SABER BAJARSE DEL CARRO

En un momento dado, por mucho que disfrutase de mi trabajo, sobre todo la última época, con el obrador abierto al público y habiendo aparcado eventos, empleaba demasiado tiempo y esfuerzo que estaba restando a mis hijos y mi familia, para además ya no tener un beneficio económico holgado. Llega el momento de poner en la balanza muchas otras cosas. Me da la sensación de por un lado haber disfrutado muchísimo de mi trabajo en Catering Woods, haber podido vivir de lo que fue mi sueño y por otra haber pasado de puntillas por la vida en estos últimos siete años. Soy bastante positiva, no soy de fustigarme, he tenido la suerte de hacer cosas increíbles a nivel laboral, pero en la balanza pesaban más mis hijos y mi vida personal. Hay que saber bajarse del carro en un momento dado. Todas las etapas de nuestros hijos son diferentes y somos necesarios en todas ellas en mayor o menor medida. Me gusta ver cómo crecen como personas (¿debería decir como buenas personas?), siempre acaban sorprendiéndote; y cómo ellos terminan enseñándonos a nosotros. En casa, el pequeño entra en la preadolescencia y la mayor se encuentra viviendo intensamente la adolescencia. Nos ha sorprendido cómo hemos llevado esta época de confinamiento, sin grandes dramas y curiosamente, bastante mejor de lo que imaginábamos. Ellos se han adaptado infinitamente mejor que nosotros. Hemos tenido momentazos, por supuesto, pero el balance ha sido positivo a nivel emocional como familia.

UNA VOCACIÓN

Para mí, la cocina siempre ha sido algo natural. En casa de mis padres y de mis abuelas siempre se comió muy bien, siempre se celebró en torno a una mesa. Mi tío abuelo fue profesor de la Escuela de Hostelería de Madrid y siempre compartía con mi abuela, otra disfrutona, recetas, técnicas y cachivaches, y yo siempre andaba con el oído bien atento. De ella heredé toda su colección de libros de cocina y varias ollas Le Creuset, además de un montón de recetas que sigo haciendo en casa y cuando tuve el local abierto al público, en el obrador. Ya siendo scout me ocupaba de dar de comer bien a mi patrulla en las excursiones, no olvidaba meter un ajo en la mochila para saltear el arroz blanco que tomaríamos con tomate frito de bote porque no había ni color y cuando a los 18 años me fui de au pair a Edimburgo, tomé los mandos en la cocina de la familia con la que pasé todo un verano, sin queja alguna por parte de la madre. Tenía total libertad para ocuparme de la compra en el súper, así que además de comprar los productos que ya conocía, también me animaba a comprar mil salsas de productos indios, italianos, ingleses… y allí los mezclaba todos con mejor o peor suerte.
Después aparqué un poco la cocina hasta que me independicé y nos fuimos a vivir a Malasaña, tuvimos la suerte de poder alquilar un piso enorme con una cocina gigante y donde también de manera natural me ocupé de tenerla siempre llena de amigos que venían a comer, cenar y cocinar. Me compré la Thermomix, la llené de mil cachivaches, de libros… Tenía el VIPS de Fuencarral cerca, donde siempre picaba con algún libro de cocina de los que tenían de oferta, se encontraban verdaderas joyas de cocineros que aquí aún no conocíamos, porque el boom gastro que hemos vivido hasta hace poco a nivel mediático no era ni parecido. En esa época comencé a crear mi biblioteca gastro y hasta hoy, que apenas tengo ya sitio en casa para guardarlos.
Y luego están los viajes, me fundía todo lo que ganaba en viajar. Siempre he disfrutado preparando con antelación mis viajes a cualquier destino…prestando especial atención al lado gastronómico. No soy melindrosa y me gusta probar la cocina de cada lugar que visito. Antes de que existiera internet era bastante más complicado, pero preparar un viaje para mí es maravilloso, consultar mil blogs, periódicos y revistas locales para conocer las especialidades, los sitios donde comer bien a buen precio, aunque ello me genere un poco de ansiedad una vez que he llegado al destino por no poder visitarlos todos, pero en seguida me relajo y dejo que la intuición y el factor sorpresa jueguen a nuestro favor. Eso sí, siempre dejo hueco en mi equipaje para volver cargada de mis “gastro souvenirs”.

CRISIS=OPORTUNIDAD

Cuando nació Lola, seguimos viajando con ella, a otro ritmo y lo mismo pasó al nacer Teo. Nos hemos recorrido París, Roma, Oporto o Lyon con los mochuelos a cuestas, disfrutando también con ellos, buscando el apartamento chulo donde poder preparar las cenas con lo que compramos en el mercado, visitando restaurantes o haciendo picnic en un parque. Con los 40 ya cumplidos y habiendo dado mil vueltas laboralmente, tuve un momento de crisis bastante desagradable, porque pasé por un caso de acoso laboral que me fue minando poco a poco, que me bloqueó y paralizó totalmente. Estuve casi un año de baja y fue en ese tiempo donde la cocina jugó un papel fundamental, tanto que fue un salvavidas, me dediqué a investigar, a probar nuevas técnicas, recetas con las que nunca me había atrevido, empezar a hacer repostería, preparar platos para la fiesta de inauguración del negocio de un amigo, crear como nunca lo había hecho. Me dio fuerzas para decidirme a pedir una excedencia al ver que tenía que reincorporarme al mismo puesto donde nada había cambiado y donde ya estábamos 3 personas de baja por el mismo motivo. Pensé que nada tenía que perder si no se me daba bien, salvo unos ahorros que podía destinar a intentar ganarme la vida con lo que más disfrutaba y donde podía dar el 100% y así monté Catering Woods, de manera casi inconsciente, al principio haciendo cosas pequeñas con mi grupo de amigos incondicionales de donde salió hasta el nombre (gracias infinitas a Ele, Alberto y Sonia) y después asociándome la hermana de una amiga y un único cliente fijo (gracias, Teresa Castanedo, por haber creído en nosotras y darnos el empujón necesario para profesionalizar lo que hasta entonces había sido una ilusión y poder tener nuestro hueco en Mercado de Motores, donde empezó esta aventura y gracias, Marina, porque sin ti nunca hubiera dado ese salto al vacío). El boca a boca funcionó y empezamos a tener un volumen de trabajo considerable, eventos, producciones de moda para varias revistas…el producto gustaba, nos metíamos unos palizones tremendos, luego decidimos separarnos y volví a empezar de cero, busqué otro local, seguí trabajando como loca, hicimos eventos de hasta 1000 personas y he de reconocer que echando la vista atrás, a veces no sé cómo pude sacar eso adelante, porque mentalidad de empresaria no tengo, he podido delegar hasta cierto punto, pero lo bueno ha sido que jamás he tenido queja de un cliente.

EL PENÚLTIMO VALS

La última etapa supuso apartar los eventos para disfrutar más de mi trabajo y poder tener unos horarios más coherentes, abrí el obrador al público, en principio como formato de comida para llevar y una pequeña zona de degustación, la realidad es que estábamos funcionando casi como si fuese un restaurante, porque a la gente lo que le gustaba era venir y comer en el local. Esos dos años han sido los más bonitos, he hecho lo que realmente he querido en el aspecto creativo, he trabajado en los platos que me apetecía sacar, he tenido la oportunidad de conocer a gente maravillosa, que han dejado de ser sólo clientes. Entrar en el obrador era entrar en casa y así creo que lo percibieron también los que frecuentaban el local. Quise hacer barrio y lo conseguí, pero el espacio era muy reducido y tenía sus limitaciones en cuanto a tipo de licencia, y con horario de mediodía de lunes a viernes, no terminaba de ser económicamente rentable, así que  llegó el momento de pararse pensar, en hacer otra inversión de tipo económica y personal o buscar otro local. Después de casi siete años me tocó volver a replantearme todo, ya llevaba meses sin poder cobrar yo a final de mes, tuve que poner en la balanza otras cosas y…en esta ocasión decidí cerrar. Liquidé y afortunadamente, me sirvió para dejar cerrado todo sin deuda alguna. En septiembre volví al redil de la Administración y ahora disfruto de una relativa tranquilidad. He mantenido la cuenta de Instagram de Catering Woods porque para mí es una manera de seguir en contacto con el mundo gastro, con la cocina, porque en todo este tiempo dedicado al mundo de la catering, he tenido la suerte de conocer a colegas del sector, muchas mujeres que han sacado adelante proyectos de hostelería, un sector especialmente duro con nosotras, y nacidos también de la necesidad de crear un trabajo a medida y que hoy, debido a las duras circunstancias que estamos viviendo, se están viendo muy afectados. Y justo en estos momentos, tengo que decir que ha sido la cocina la que me ha mantenido medianamente cuerda, jajaja, He disfrutado de cocinar con tiempo para los míos, de tener a la vez ese tiempo para mí sola mientras estoy entre fogones, de probar nuevos platos, nuevas recetas, de tirar de fondo de despensa e inventar. Una vez más, la cocina me tendió la mano.

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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