literatura australiana
Picnic en Hanging Rock (1975)

ALGUNOS BÁSICOS DE LA LITERATURA AUSTRALIANA

Bienestar Estilo Para leer

¿Sabías que el primer libro impreso en Sydney, Australia, fue escrito por una mujer? ¿O que dos de los principales premios de literatura de Australia, el Premio Literario Miles Franklin y el Premio Stella, llevan el nombre de la misma persona… el de una mujer? La literatura australiana, aun siendo bastante joven (la tradición era oral dado que los pueblos autóctonos no usaban la escritura; su obra poética, por ejemplo, no fue recogida hasta el siglo XX), es brillante y posee características propias que la hacen destacar. Es una literatura muy unida al territorio y sobre la que queremos saber más.

Por eso, preguntamos a la escritora, poeta y traductora Pilar Adón, una de las personas que más sabe sobre literatura australiana en nuestro país, traductora de varias obras y apasionada del tema. A través de esta entrevista, que hicimos por teléfono, conocerás cuál es la primera vinculación de Pilar con Australia, qué le llamó la atención sobre su literatura y quiénes son las escritoras a las que deberíamos conocer.

¿Cómo llegaste a interesarte por esas letras tan lejanas y por sus autoras?

Empecé a interesarme por Australia y su literatura hace mucho tiempo, por diversos factores: me interesaba el país como concepto, gran parte de la familia de mi madre emigró a Australia en una de esas oleadas de emigraciones. Algunos fueron a Francia, a Alemania… y mi familia materna se fue a Australia. Esto es anecdótico: de pequeña, me mandaban pinturas de colores donde aparecían el canguro, el koala… llamaban mucho mi atención. Llegué a la literatura de una manera muy casual. Recuerdo que, hace muchos años, viendo una película en La 2, Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir, me quedé absolutamente fascinada con la ambientación, con el tema y el argumento de la película. Tiempo después, cuando ya estaba trabajando en la editorial Impedimenta y estábamos buscando títulos que publicar, di con esta novela de Joan Lindsay (1896-1984), que dio nombre a la película, y descubrí que no estaba traducida al castellano. Me fascinó porque es una novela maravillosa, muy sugerente, muy significativa de lo que es Australia, y me lancé a traducirla. Ha funcionado muy bien, hay muchos seguidores de ese tipo de literatura.

 

«El lector tendrá que decidir por sí mismo si Picnic en Hanging Rock es una historia real o ficticia. En cualquier caso, semejante cuestión parece no revestir demasiada importancia, dado que el fatídico picnic tuvo lugar en el año 1900, y los personajes que aparecen en este libro llevan mucho tiempo muertos».

Picnic en Hanging Rock, Joan Lindsay

 

Picnic en Hanging Rock cuenta la historia de un grupo de alumnas que, para celebrar el día de San Valentín del año 1900, deciden irse de excursión a una zona llena de vegetación, algo alejada del colegio en el que están estudiando. Ahí suceden una serie de acontecimientos que hace que algunas estudiantes desaparezcan. Esta desaparición hace que se desencadene toda una especie de histeria colectiva en el colegio y en la zona porque no se sabe qué ha pasado con ellas. Hay varias explicaciones, entre ellas está la que se vincula con la naturaleza, una naturaleza muy peculiar. Esta historia fue tan impactante y famosa que mucha gente creyó que era un hecho real.

Joan Lindsay jugaba un poco con esta idea: el libro está lleno de recortes de periódicos, informes policiales. Ella ni aseguraba ni desmentía, no confirmaba ni negaba que aquello hubiera podido ser verídico (obviamente, es ficticio). Pero mucha gente todavía cree que fue real y hay peregrinaciones a la zona en busca de posibles indicios que pudieran arrojar luz sobre el paradero de estas chicas. A pesar de situarse la acción en Australia, este libro tiene tintes góticos. Cuando traduje este libro, me di cuenta de la peculiaridad del inglés australiano: tiene expresiones, jerga y vocabulario que son muy específicos de Australia. Lo descubrí con Picnic en Hanging Rock, cuando lo traduje. Empecé a hacerme una especie de diccionario, pero llegué a una comprensión absoluta de lo que era la lengua cuando traduje mi siguiente libro de otra autora australiana, Barbara Baynton: el conjunto de relatos titulados Estudios de lo salvaje.

«Desde una de las ramas del árbol que en ese momento se agitaba sobre su cabeza, le llegó el reclamo de una madre previsora y alerta, así como el gorjeo de sus aturdidos pichones. La tierna preocupación de aquella ave despertó en ella recuerdos de infancia. ¿Qué importancia podía tener esa solitaria oscuridad si lo que hacía era llevarla hasta su madre? Sintió que desaparecían sus resquemores y se internó en el conocido camino sin más consideraciones, sonriendo de vez en cuando mientras anticipaba su encuentro.

—¡Hija!

—¡Madre!

Podía sentir ya sus amorosos brazos y sus besos, que siempre son sagrados cuando se trata de los de una madre».

Estudios de lo salvaje, Barbara Baynton

El gótico australiano es algo que ha llamado siempre mi atención, porque es imposible hablar de ruinas medievales relacionadas con el gótico en Australia: no hay castillos con pasadizos ni criptas, pero por las descripciones de los paisajes, cierto fatalismo, muchos personajes que son bastante extraños, bastante sombríos y que parecen deambular por estos territorios, un poco dominados por la sinrazón, cierta histeria (como en Picnic en Hanging Rock) o cierta locura (como en los personajes de Baynton), todo esto está muy vinculado a lo gótico.

Barbara Baynton (1857-1929)  introduce montones de matices góticos en sus relatos. Es una autora que, en Australia, están descubriendo recientemente. No es demasiado conocida pero podemos considerarla pionera: a mí me resultó siempre apasionante. Cuando comencé a traducir sus relatos, me di cuenta de la dificultad extrema que tenía el lenguaje, porque lo que ella hacía era escribir como hablaban, como se oían los sonidos. Esa característica, que acercaba el lenguaje a los lectores, hace muy complicada la traducción.

Baynton tuvo problemas para publicar este libro de relatos, Estudios de lo salvaje, porque no tuvo ningún reparo a la hora de hablar de lo que ella conocía. De hecho, al no poder publicarlo en Australia, se publicó en Londres. Estamos hablando de una forma de literatura que no ensalza, precisamente, las características nobles de los habitantes de Australia. Este libro, publicado en 1902, se alejaba de las características de las obras a las que estaban acostumbrados los australianos: con ciertos toques nacionalistas; se intentaba ensalzar al buen hombre, trabajador, que volvía a casa cansado por la noche y ahí estaba la familia esperándole, la cena, los niños, la mujer bondadosa que esperaba a su hombre pacientemente… Barbara no asume en absoluto ninguno de estos roles, ni acepta en absoluto ninguna de estas características: ella si tenía que hablar de racismo, hablaba de racismo. Si tenía que hablar de las palizas que los maridos daban a sus mujeres, hablaba de eso. Habla tanto de estos temas como de la naturaleza: la naturaleza que ella conocía bien. El peligro, para las mujeres de Baynton, para sus personajes femeninos, no solo viene de la naturaleza como para el resto (serpientes, tormentas, sequía, desiertos…). La situación de aislamiento era la misma para todos los personajes, masculinos o femeninos, los peligros que venían de la naturaleza eran los mismos, pero la amenaza de muerte, en el caso de las mujeres, se multiplicaba: a todo lo anterior, había que añadir el salvajismo que en un momento dado podían desplegar, sobre ellas, sus propios compañeros.

Que no hubiera héroes, que no hubiera miradas afables, que no hubiera esa especie de loa al hombre bondadoso, no era algo que agradara en la época. Baynton no tuvo ningún tipo de autocensura a la hora de contar estas cosas. Algo importantísimo y muy característico en este libro es el tratamiento de la naturaleza. En Australia, alrededor de las poblaciones habitadas, se sitúa el bush (de hecho, este libro en inglés se titula Bush Studies). Bush, en inglés, se traduce como arbusto y es lo que rodea a las poblaciones, lo que empieza a ser una zona asilvestrada. Más allá del bush, está el outback, el desierto. Es muy fácil morir en el outback, incluso en la actualidad, porque no hay nada. Hay noticias relativamente recientes de excursionistas que mueren en el outback. Baynton eligió hablar del bush, de las zonas que rodean a las áreas más pobladas.

Además de Joan Lindsay y Barbara Bayton, ¿qué otras autoras se consideran pioneras de la literatura australiana?

Por ejemplo, Anna Maria Bunn (1808-1899), autora de El tutor. Esta novela fue la primera novela impresa en Sydney. La autora, que en un principio firmó como «anónimo», utilizó un pseudónimo que decía «novelista de Australia». En los años 60 del siglo XX se supo que era, además, la primera novela impresa escrita por una mujer.

Henry Handel Richardson (1870-1956) es el nombre tras el que se esconde Ethel Florence Lindesay Richardson, la autora de El principio de la sabiduría, historia que se desarrolla en un internado, en el que estudia Laura, de 12 años, que esconde su origen humilde.  Ella utilizó este pseudónimo porque quería saber si realmente era tan fácil para los lectores distinguir la obra de una mujer de la de un hombre.

Miles Franklin (1879-1954) es el nombre detrás de Stella María Sarah Miles Franklin, autora prolífica y que destaca por su novela Mi impresionante carrera. Ella no quería que los lectores supieran que lo había escrito una mujer, pero no deja de ser curioso que dos de los grandísimos premios literarios australianos lleven su nombre: el Miles Franklin Literary Prize y otro es el Stella Prize. Por cierto: el primer autor en ganar el Miles Franklin Literary Prize fue Patrick White, con Voss (White ganó, también, el Premio Nobel de Literatura).

Una autora brillantísima fue Christina Stead (1902-1983), autora de El hombre que amaba a los niños, una novela impresionante. En esta novela aparece uno de los personajes masculinos más detestables de la historia de la literatura: Sam Pollit. Sam era un hombre que no deja de hablar, que no permite que sus hijos sean libres, que se cree muy listo pero es tremendamente presuntuoso, egoísta… uno de los personajes más insoportables de la literatura universal. En ese sentido, Christina lo supo hacer de maravilla. La novela solo tiene un pero: inicialmente estaba centrada en Sydney pero los editores decidieron que lo cambiara y lo ubicara en Washington. El resultado no fue demasiado bueno porque hay falta de verosimilitud: se ve realmente que no es un espíritu estadounidense el que hay en esta novela: es un espíritu ciertamente australiano y hay una especie de fallo extraño que hizo que la novela no tuviera todo el éxito que merecía.

Elizabeth Harrower, 1928-2020, es una de las grandes novelistas australianas y todo un referente para autoras de gran proximidad geográfica como Helen Garner o más lejanas como Eimear McBride. Impedimenta publicó, hace pocos meses, La torre vigía, escrita en 1966, un clásico de la literatura australiana.

¿Hay alguna característica que esté presente transversalmente en estos títulos?

Una característica transversal a estos títulos es la relación intimísima de los personajes con la naturaleza. Las mujeres que se enfrentan a esa naturaleza (y no solo a ella: también a la sociedad), en el caso de Picnic en Hanging Rock una de las interpretaciones que se dio al hecho de que estas chicas desaparecieran y luego cómo se asumió la noticia en el colegio, con esta especie de histeria y caos, es como el paso de una edad a otra. Está situada en el año 1900, es el paso de una era a otra, de una edad a otra en el caso de las protagonistas, de su situación de adolescentes que empiezan a dejar de serlo. El paso de un colegio para señoritas que todavía tiene todo el halo, la tradición inglesa y cómo esas tradiciones tan británicas, de repente, se ven enfrentadas a lo salvaje de la naturaleza en la que se pierden. Esa naturaleza, esa manera de olvidarse de lo que son las situaciones y las buenas maneras, lo que se intentaba que fuera lo políticamente correcto y cómo de repente la realidad se impone, en el caso de Baynton y en el caso de Picnic en Hanging Rock, ante lo muy rígido y protocolario que quiera tener la directora hacia sus alumnas. También está en el caso de Baynton muy presente la maternidad, la relación entre las madres y las hijas, la relación de las mujeres con sus parejas. En el caso de La torre vigía, está totalmente presente la relación de dos hermanas con un personaje masculino que viene a ser también, absolutamente detestable. El personaje masculino de esta novela, Felix Shaw, es un déspota, un tirano que no tiene ningún tipo de empatía. Lo que hace a los dos personajes femeninos, las hermanas Laura y Claire, que viven en Sidney, es humillarlas y menospreciarlas de una manera silenciosa: se nota que algo está pasando, los vecinos lo saben, pero nadie realmente dice nada, hacen que no ven nada. Él se hace con el control de la casa, de las vidas de las hermanas: les esconde objetos y ellas, al no encontrarlos, se sienten muy perdidas. Él hace ver que, en realidad los han perdido ellas: les chilla, se ríe de ellas… con una violencia que nunca va a ser evidente. Esta crueldad y esta manera de maltrato psicológico también es absolutamente evidente en esta novela, con una sutileza tal que hace que el malestar sea incluso muchísimo mayor.

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PICNIC EN HANGING ROCK, JOAN LINDSAY

Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido. Considerada una de las más desazonantes novelas de culto de la literatura anglosajona, Picnic en Hanging Rock dio lugar a una aclamadísima película de Peter Weir, que contribuyó a incrementar el éxito de una obra ya mítica. Jamás se reveló si los hechos narrados fueron reales o no, y ese ambiguo e intrigante juego alentó la aparición de una legión de seguidores que afirmaban conocer lo ocurrido aquel aciago día de San Valentín en el sobrecogedor paisaje de Hanging Rock.

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ESTUDIOS DE LO SALVAJE, BARBARA BAYNTON

Una joven embarazada baja de un tren en una estación desierta para recorrer un camino inhóspito y salvaje. Una mujer se enfrenta a la soledad de su cabaña después de talar un árbol y ser derribada por una de las ramas, que la deja inmovilizada. Una madre ha de abandonar su casa para defenderse del ataque de un hombre, y huye con su hijo atado al pecho. Los relatos de Barbara Baynton sitúan a sus protagonistas en el paisaje indómito de las regiones australianas del interior, lejos de las ciudades, y las somete al aislamiento y los rigores de un entorno feroz que las obliga a luchar por su propia supervivencia día tras día, con la única compañía de sus perros. No hay ayuda, no hay miradas afables ni compasión en la naturaleza inexplorada a la que llegan los personajes de Baynton. Su único recurso es el de la resistencia, la obstinación e incluso la ira.

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EL TUTOR, ANA MARIA BUNN

En el año 1838, quincuagésimo aniversario del establecimiento de la colonia inglesa de Nueva Gales de Sur, en Sydney se vivió una especie de boom literario. Una de las novelas que se publicaron en esa época no pretendía, sin embargo, aprovechar la coyuntura, aunque su autor utilizó el pseudónimo nacionalista «Novelista de Australia». Se trataba de El tutor, no solo la primera novela que se imprimió en Sydney, sino también en todo el continente australiano… y además la primera novela, como se supo más tarde, ya en los años sesenta del siglo xx, escrita en Australia por una mujer”.
Así empieza el prólogo de la profesora Elizabeth Webby, de la Universidad de Sydney, sobre El tutor y el aura de misterio que envuelve a su autora, la irlandesa Anna Maria Bunn, que emigró a Australia con 19 años y se quedó viuda con tan solo 27. Las motivaciones de su vocación literaria todavía hoy resultan confusas, pero lo que sí sabemos es que, situándose ella misma en la sombra, escribió una novela a la altura de la mejor Jane Austen.
La pasión insatisfecha de la huérfana Jessie Errol por su tutor, Sir Charles Vereker, articula una trama que tiene como tercera protagonista la correspondencia. Las cartas cargadas de ironía y segundas interpretaciones, al más puro estilo de Las amistades peligrosas , entre Jessie y su amiga Clara conducen a la primera a adoptar un cúmulo de decisiones equivocadas.

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EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA, HENRY HANDEL RICHARDSON

Laura Tweedle Rambotham tiene doce años y es de una familia venida a menos. Su madre se gana la vida bordando pero está decidida a que tenga una buena educación, lo que para ella se resume en el siguiente principio: «Prefiero que seas buena y útil antes que inteligente». La envía, pues, a un prestigioso internado de Melbourne… donde lo primero que aprende la chica es que debe ocultar su origen y el modesto oficio de su madre.

Para H. G. Wells, El principio de la sabiduría (1910) era la mejor school story que había leído y sigue siendo, sin duda, una novela de formación rica, con pocas concesiones, sardónica y sorprendentemente moderna, salpicada con citas de Nietzsche y un profundo conocimiento de los maestros de la novela europea. Henry Handel Richardson se basó en su propia experiencia en el Presbyterian Ladies College de Melbourne para escribirla. La necesidad de adaptación –esto es, la necesidad de mentir–, el despertar sexual y las complejidades de un ambiente sumamente hostil se enfrentan en la intempestiva educación de su memorable heroína, que en cierto momento se sorprende a sí misma rezando para no tener «pensamientos distintos de los de las demás».

MI IMPRESIONANTE CARRERA, MILES FRANKLIN

Desde que su familia decide trasladarse a una granja y cae abrupta pero irremisiblemente en la ruina, su destino parece condenado al duro trabajo y a «una vida estéril y monótona», una perspectiva durísima para una muchacha con su «temperamento» y sus «aspiraciones». Una temporada en la gran mansión de su abuela, donde el ambiente es musical y leído y donde la corteja un joven y apuesto terrateniente, es para ella un oasis en el desierto. Pero un nuevo revés la obliga a aceptar un puesto como institutriz en casa de una familia insensible y con unos niños salvajes. Para ella, la naturaleza y la cultura no se oponen… pero no tarda en descubrir que, en el mundo que asiste a su formación, nunca dejará de ser un bicho raro.

Miles Franklin escribió Mi impresionante carrera (1901) en su adolescencia y la publicó a los veintidós años: desde entonces esta novela audaz, poética y sensual, una apología radical de la independencia donde todo es memorable, es un clásico de las letras australianas.

EL HOMBRE QUE AMABA A LOS NIÑOS, CHRISTINA STEAD

Sam y Henny Pollit tienen muchos niños, poco dinero y se odian demasiado entre sí. Cuando Sam utiliza, para alimentar la voracidad de su ego, la veneración que sienten sus hijos por él, Henny lo observa con sombría desesperación, consciente de la amarga realidad que subyace a sus locas visiones.
Escalofriante novela de la vida familiar, de la relación entre padres e hijos, maridos y esposas, El hombre que amaba a los niños está reconocida como un clásico contemporáneo.

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LA TORRE VIGÍA, ELIZABETH

Laura y Clare Vaizey estudian en un internado. Nunca han sabido lo que es el amor familiar y han aprendido a valerse por sí mismas, pero cuando su padre muere, la ausencia se convierte en un problema real. La madre las saca del colegio para que se encarguen de cuidarla, iniciando un proceso de anulación en el que las hermanas aprenden que la mejor manera de sobrevivir es en silencio. Cualquier ambición queda descartada, de modo que cuando Felix Shaw, el jefe de Laura, le propone matrimonio, ella acepta sin más, dando por hecho que también se ocupará de Clare. Shaw carece de empatía, y disfruta humillando y aislando a las hermanas hasta hacerse con el control de la casa y de sus vidas. Eso sí: la violencia nunca es evidente. Los chantajes, la culpa y el menosprecio se muestran bajo una pátina de normalidad, lo que hace que todo resulte mucho más terrible.

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VOSS, PATRICK WHITE

Nunca nadie se ha adentrado en el interior de Australia; según dicen, no es más que un páramo lleno de bestias y tribus sanguinarias. Pero todo cambia cuando Voss, un explorador alemán (inspirado en Ludwig Leichhardt, un naturalista prusiano que realizó varias incursiones por esa zona a mediados del XIX), llega a la colonia con la intención de llevar a cabo una expedición histórica: atravesar el desconocido y brutal desierto australiano. Cuenta para ello con un mecenas, el señor Bonner, que, además de proporcionarle víveres y un grupo de compañeros para su viaje, le presenta a su sobrina, Laura Trevelyan, con quien Voss establece una intensa relación que trasciende el amor para internarse en la obsesión metafísica. Su vínculo tendrá que resistir un larguísimo periodo de separación, en el que Voss se enfrenta a la desolación y al aislamiento mientras ella espera su regreso sometida a una vida que siempre detestó y que ahora le pesa más que nunca.

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