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© Linnea Jonasson Bernholm

CAROLINA SETTERWALL: “MI MAYOR DOLOR ESTÁ ESTRECHAMENTE RELACIONADO CON LO MÁS HERMOSO QUE ME HA SUCEDIDO: TENER A MI HIJO”

La realidad Maternidad Para leer

Carolina Setterwall (Sala, 1978) ha vivido uno de esos sucesos que suelen ser motivo de literatura o cine: encontró muerto en la cama a su pareja, a los pocos meses de haber nacido su hijo en común. Sucedió en 2014 y cambió su vida para siempre. Por desgracia, Carolina no tuvo que imaginarse nada para escribir Solo nos queda esperar lo mejor (Seix Barral), un libro escrito a dos tiempos: 2014, cuando aconteció el trágico final de Aksel, su pareja y 2009, cuando se conocen en una fiesta y comienzan a forjar los cimientos de su relación. Una relación densa, compleja, problemática a veces, cuyos detalles y sinsabores Carolina no intenta maquillar. Quizá sea ese uno de los grandes atractivos de este libro pues, tras las pérdidas, tendemos a romantizar y en esta narración la autora rechaza frontalmente esa posibilidad.

Solo nos queda esperar lo mejor es un relato brillante en el que Carolina no escatima en los pormenores sobre la conmoción y la tragedia. Los sentimientos de Carolina (así se llama la protagonista, coincidiendo con el nombre de la autora) son crudos, reales y viscerales. Si los inicios de la maternidad son duros, momentos en los que puedes sentirte más sola que nunca aunque rodeada de gente, si sumamos a ello la desaparición del ser amado, se vislumbra la devastación. Pero tampoco es este un libro desprovisto de belleza y de esperanza. Tras lo peor, tras la danza de la muerte y la vida en un espacio tan corto de tiempo, de hecho, esperar lo mejor es lo que nos queda.

En la actualidad, Carolina Setterwall reside en Estocolmo junto a Ivan, el hijo que tuvo con Aksel: “acaba de cumplir ocho años y está en primer grado. Al igual que su padre, está muy interesado en la informática y la tecnología y pasa mucho tiempo delante de su ordenador, que también fue su ansiado regalo de cumpleaños al cumplir los ocho”. Los acompañan su prometido Tom Malmquist, que también es escritor, y su hija Livia, de diez años.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre y después? ¿Cambió tu trabajo después de ser madre? 

Antes de ser madre, y también después, trabajaba a tiempo completo como directora de contenidos digitales en una escuela de publicidad de Estocolmo. Mis responsabilidades eran mantener actualizada la página web de la empresa, escribir artículos, comunicados de prensa, boletines informativos y ocuparme de las cuentas de las redes sociales de la escuela. Cuando llegó Ivan, me tomé un permiso de maternidad de nueve meses. El plan era que volviera a trabajar, a tiempo parcial (20 horas a la semana), después de unos nueve meses, pero cuando el padre de Ivan murió inesperadamente mientras dormía justo unos días antes de que yo tuviera que volver a trabajar, todo cambió. Al final, me quedé en casa con Ivan hasta los 18 meses, cuando empezó la guardería. Volví a mi trabajo como una persona completamente diferente a la que era cuando me fui: Ahora era una madre soltera con un profundo dolor. Era una sensación extraña, rodeada de caras familiares pero sintiéndome yo misma como una persona completamente perdida. Trabajé a tiempo parcial durante los primeros 4 años de Ivan, y más o menos entonces, cuando se publicó mi novela en Suecia en 2018, dejé mi trabajo. El plan era descansar durante 6 meses, para lo que había ahorrado dinero, “reiniciar” y averiguar qué quería hacer. Hoy, 4 años después, sigo en casa, trabajando como autora y editora independiente.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad? 

Lo mejor es todo el amor y todas las risas. Mis hijos me hacen reír mucho casi todos los días. Son extravagantes, divertidos y me encanta verlos crecer y aprender. Adoro sus cerebros curiosos y todas las preguntas que me hacen sin parar. Lo peor de la maternidad, para mí, es la preocupación. A veces siento que he estado constantemente preocupada desde el día en que nació mi hijo. Al principio por sus llantos durante las noches de sus primeros meses, luego cambió a algo diferente. Pero la preocupación siempre está ahí, y es realmente agotadora.

¿Hasta qué punto es autobiográfica tu novela? 

Diría que mucho. La mayoría de las cosas que le ocurren a Carolina en el libro también me ocurrieron a mí, pero no necesariamente de la misma manera, ni en el mismo orden. Decidí utilizar mi vida real como base para esta historia, que para mí es una historia sobre la fragilidad de la maternidad tanto como sobre el dolor y el amor romántico.

¿Cuándo empezaste a escribir este libro? 

En realidad es difícil de decir, porque siempre he estado escribiendo. Sobre todo cuando estoy triste o en conflicto. Después de la muerte de Aksel, escribí durante las noches en las que mi hijo dormía, sólo para entenderme mejor a mí misma y a mis pensamientos, pero no tenía pensado convertir todas mis notas en un manuscrito. Esa idea surgió mucho más tarde, quizá un año y medio después de la muerte de mi compañero.

¿Cómo fue el proceso de escritura? 

El proceso fue doloroso, pero también lo fue mi vida en general. Estaba sola con mi hijo, me sentía sola en este mundo. Mi pareja había muerto y yo era frágil, como persona y como madre primeriza. En el trabajo me concedieron 6 meses en los que sólo trabajaba tres días a la semana, por lo que tenía dos días libres a la semana para escribir. Al principio pensé que quería contar una historia sobre una pérdida, pero pronto me di cuenta de que no podía contarla si no incluía también lo que se había perdido. En este caso, mi pareja, mi amor, el padre de mi bebé. Así que empecé a escribir episodios sobre nuestra relación cuando aún estaba vivo y, al final, el libro tuvo una doble narración, una doble línea temporal: una cuando Aksel y yo nos conocemos y nos enamoramos, y otra que empieza la mañana en que lo encontré muerto.

¿Por qué decidiste combinar el proceso de enamoramiento con el de duelo? 

Como ya he dicho, me resultaba imposible contar una historia sobre una pérdida si no contaba también la historia de lo que se había perdido. El duelo está profundamente ligado a la historia, a los recuerdos de la persona a la que se llora. Así que tenía que contar ambas cosas para que la historia tuviera sentido, tanto para mí como para el lector.

¿La literatura ha sido terapéutica para ti? 

Escribir lo ha sido, sin duda, toda mi vida. Siempre he sido ese tipo de persona que tiene un millón de pensamientos y sentimientos mezclados, pero al mismo tiempo me es difícil ordenarlos todos, a menos que los ponga en palabras, o en un texto. Escribir esta historia me ha ayudado personalmente, pero espero que también pueda ayudar a otra persona. A ganar perspectiva, tal vez, o a sentirse menos solo.

¿Ha encontrado la belleza en los momentos de mayor dolor? 

Mi mayor dolor —perder a alguien a quien amaba profundamente— está estrechamente relacionado con lo más hermoso que me ha sucedido: tener a mi hijo, así que me resulta difícil decir si encontré la belleza en el dolor o si la belleza habría estado ahí de todos modos. Pero sí. Durante mis días más oscuros, hubo momentos absolutamente hermosos y mágicos. Allí estábamos, mi hijo pequeño y yo, fuertemente conectados el uno al otro, tanto por la sangre como por nuestra experiencia única y compartida.

 

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SOLO NOS QUEDA ESPERAR LO MEJOR, CAROLINA SETTERWALL

Después de un largo día Carolina le da las buenas noches a su compañero, Aksel. Las cosas están siendo algo difíciles para los dos, especialmente con un bebé de ocho meses. A lo largo de esa noche Aksel muere inesperadamente y el mundo de Carolina da un vuelco.

Quizás para imponer algo de orden en el caos, Carolina narra detalladamente los meses posteriores al fallecimiento de Aksel como si fuera un cuaderno de bitácora. Descompone con rigor forense los pequeños detalles de la vida antes de la tragedia, ansiosa por encontrar alguna explicación. Pero cuando en su vida surge de nuevo la posibilidad del amor, sorprendentemente Carolina se encuentra asumiendo el papel reticente que alguna vez desempeñó Aksel, cuando ella lo presionaba de manera imperiosa para que se comprometieran más, se mudaran juntos y finalmente tuvieran un hijo.

Una historia maravillosa sobre cómo superar el dolor y las lecciones que extraemos de él y, a la vez, una bella historia de amor de nuestro tiempo para entender los diferentes roles que adoptamos en cada una de nuestras relaciones y cómo las situaciones paradójicas a las que a veces nos enfrenta la vida se convierten en una oportunidad para conocer y ponerte en el lugar del otro.

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