ESTHER GINÉS: ¿Alguien podría mantener su identidad ‘intacta’ en un mundo como el nuestro?

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Lo de Esther Ginés (Ciudad Real, 1982) con las letras viene de lejos. Periodista literaria, escribe desde muy joven poesía, relatos y novela. Llegué a ella por primera vez a través de su cuarta novela, Aguas azul tormenta (Tres Hermanas, 2022), una historia que sitúa a Odette, su protagonista, en el archipiélago de las Orcadas, en Escocia. Odette es escritora y viaja a la indómita isla de Fair para escribir, quizá para escribirse. Para intentar aliviar el duelo de la pérdida materna, para encontrar su identidad a través de su madre, desaparecida cuando ella era tan solo una joven. Llegué a ella casualmente, cuando me invitó a la presentación de su libro en Amapolas en octubre, en el centro de Madrid. Justo salía del centro de salud de la calle adyacente y era perfecto poder pasar por allí para saludarla. Primero descubrí a una mujer luminosa, después a una escritora de esas que se deja las entrañas en cada una de las letras que pueblan sus historias. Tuve la suerte, además, de que me eligiese para presentar su libro en sociedad, meses más tarde, en la Librería Mujeres y Compañía. Fue la primera vez que alguien me elegía para ser su madrina; esas primeras veces nunca se olvidan.

Ese día, además de hacerme madrina, me hizo otro regalo: la posibilidad de conocer el origen de Odette, la protagonista de esas Aguas azul tormenta. Odette ya había aparecido con anterioridad en Mares sin dueño (Tres Hermanas, 2020), al igual que las Orcadas. Tiene Esther la maestría de hacer que el territorio sea un protagonista más en cada una de sus historias escritas; también el gusto de saber combinar el viaje real con el emocional y el metafórico. Esther, que tiene una niña de dos años, estaba embarazada al componer la historia de Odette, lo que le ofreció una nueva perspectiva sobre y desde la identidad ganada y perdida de la maternidad.

¿Qué es para ti lo mejor y lo peor de la maternidad?

Lo mejor está siendo vivirla como un regalo, porque nunca me había imaginado como madre y cuando quise serlo no sabía si sería posible, así que me estoy dando la oportunidad de conocerme en este papel y disfrutarlo al máximo. En esta etapa, cada día es un descubrimiento, un cambio, una oportunidad de ver el mundo desde sus ojos. Los hijos son un espejo en el que nos miramos de forma constante. Al pensar en ella pienso también en quién soy yo, de dónde he venido…

A nivel individual, diría que lo más difícil de la maternidad es la lucha con tu identidad. Es una sacudida tan grande a tu yo conocido, a todo lo que habías construido durante años… No sé si somos personas diferentes después de parir, pero sé que todo cambia a nuestro alrededor y a veces te sientes como una persona que trata de vivir una vida que ya no le pertenece. Vivo haciendo equilibrios entre mi yo de antes y el de ahora y muchas veces no me reconozco en ese terreno intermedio que es un poco pantanoso. También encuentro muy duro el miedo que parece convivir contigo desde el momento en que traes un hijo al mundo y que está tan pegado a ti que parece que lo has parido también a él. Un miedo poderoso y muchas veces irreal a que las cosas vayan de pronto mal, a que lleguen las enfermedades, un accidente…

Y a nivel colectivo, creo que lo peor es cómo el sistema nos obliga a vivir la maternidad: nos pone entre la espada y la pared. La no conciliación, las renuncias, la sensación de no llegar a todo… Es darte cuenta de que vivimos en una sociedad donde sólo somos importantes si producimos, del poco valor que se le da a los cuidados… Todos esos condicionantes generan una sensación de culpa y agobio con la que tenemos que aprender a vivir las madres. Como dijo muy bien Sara Martín en un artículo en MaMagazine, “la sensación de hacerlo todo, sí, pero todo mal”. Y luego podríamos hablar eternamente de la rabia que produce leer titulares sobre la baja natalidad que tenemos o la recurrente pregunta de quién va a pagar nuestras pensiones.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre? ¿Y después? ¿Sufrió cambios significativos?

Desde hace muchos años compagino mi vida laboral con la escritura, lo cual quiere decir que ya antes de la maternidad vivía pensando eso de “no me da la vida”. Antes de ser madre dejé muchos trabajos que no me hacían feliz o que no me permitían compaginarlos con la escritura. No todo el mundo lo entendía y más de una vez me he sentido como un bicho raro, pero no me arrepiento. Para mí, eso era ser privilegiada, aunque implicase ganar menos o trabajar como freelance. Siempre me ha compensado cuidar mi labor de escritora porque un trabajo te paga las facturas, pero a mí la escritura me alimenta el alma.

Lo que ha cambiado ahora, tras la maternidad, es que tengo una responsabilidad enorme hacia mi hija y sé que no tengo tanta libertad a la hora de renunciar a algunas cosas. Mi carrera literaria seguramente tenga que ir un poco más despacio, la escritura es un ejercicio de soledad y cuando una es madre eso escasea. Afortunadamente, tengo una pareja que me apoya en este laberinto de la crianza y la creación. Sin su compromiso, escribir una novela como Aguas azul tormenta con un bebé de apenas meses hubiera sido imposible. Me pierdo muchos eventos literarios y leo menos de lo que solía, ¡pero sigo aumentando la pila de libros pendientes como si no fuera madre porque nunca pierdo la esperanza! Desde hace unos meses tomo notas para una nueva novela que no sé cuándo ni cómo podré arrancar, pero intento no preocuparme por ello. Hago lo que puedo lo mejor que puedo, aunque hay días que ni yo me lo creo por mucho que lo repita, porque la sensación de hacer muchas cosas y hacerlas mal siempre va conmigo (y con muchas de nosotras).

¿Quién es Odette y de dónde viene?

Odette es un personaje ficticio que aparece por primera vez en Mares sin dueño. Es una poeta escocesa en la treintena y marcada por la desaparición de su madre cuando ella era muy joven. Es un personaje que me dio muchas alegrías, ya que a pesar de tener poco espacio en esa novela, gustaba mucho a los lectores. Cuando terminé de escribirlo, sentí que no era capaz de abordar otra historia porque la suya aún seguía en mi cabeza. Así surgió Aguas azul tormenta, donde ella es la protagonista absoluta. Odette es una mujer que carga con un duelo que supura como una herida abierta. La desaparición de su madre ha condicionado su forma de ser y de estar en el mundo y la relación que mantiene con su pareja. Es una mujer que se ha construido a sí misma desde esa herida y busca sanarse. Pero para ello debe enfrentarse a ese fantasma materno y decide hacerlo marchándose a la isla donde su madre fue vista por última vez.

¿Cómo dialogan Mares sin dueño y Aguas azul tormenta?

Me gusta pensar que mantienen un diálogo constante y Aguas azul tormenta ha supuesto cerrar una historia que arrancaba en Mares sin dueño sobre los secretos familiares, los duelos y el pasado. Ambas novelas son independientes entre sí, pero están tan conectadas que para mí son como hermanas. Se necesitan la una a la otra, aunque puedan vivir sin verse. Además, las dos abordan el tema de las deudas con el pasado, de las cosas que tratamos de dejar atrás y de no nombrar para que no existan.

¿Por qué elegiste las islas —Orcadas y Fair— para ubicar estas dos historias que se hermanan? ¿Qué significado otorgas a ese escenario?

Las Orcadas son un personaje más en ambas historias. Son islas salvajes, indomables, donde un temporal puede dejarte aislado durante días, y en las que el viento es casi insoportable. Son un santuario de aves y focas y tierras de leyendas y mitos. Necesitaba un escenario donde la naturaleza fuera poderosa y donde sus habitantes crecieran condicionados por el carácter indómito de sus aguas. Además, ese mar bravo me permitía hacer una metáfora del alma humana, que puede esconder mucho más de lo que vemos en apariencia. Y luego, son tierras donde las leyendas tienen mucha importancia y en mi libro poseen un papel privilegiado. Es un homenaje a la oralidad, a las historias que se transmitían de generación en generación y que han llegado hasta nuestros días, como el mito de las selkies.

Escribiste esta historia estando embarazada, ¿te ofreció este hecho alguna nueva perspectiva sobre la maternidad?

He de decir que yo tenía casi toda la novela en mi cabeza antes del embarazo, porque la historia de Odette ya estaba definida en Mares sin dueño. Eso creo que hizo que me diera un poco menos de miedo la sensación de abordar la escritura con un bebé recién nacido. Porque todo el mundo me decía: uy, ¿vas a ser madre? Olvídate de leer, olvídate de escribir, olvídate de cualquier tiempo para mí. Me ayudó mucho que mi editora, Cristina Pineda, me diera una fecha, porque sabía que, fuera como fuese, yo tenía que llegar a entregar el libro en 2022.

Sin embargo, toda la parte de la relación entre madre e hija, base de Aguas azul tormenta, creo que está muy vinculada a mi experiencia con la maternidad. Y hubiera sido distinta, no sé si mejor o peor, pero diferente, si no hubiera sido madre entre medias. Llegamos a la maternidad con el bagaje de todo lo que nos han contado o hemos vivido relativamente cerca, por las historias de libros y películas, pero es una experiencia tan intensa, física y emocionalmente, que necesitas vivirla en persona. La imaginación a veces no basta. Y en el libro la espina dorsal es la relación que no se ha podido construir entre ellas por el abandono de la madre. Pienso en cómo una adolescente construye su identidad con el fantasma a cuestas de una madre ausente. ¿Cómo superarlo? ¿Cómo enfrentarse a la vida sin esa sensación de abandono e impotencia? Al terminarlo, tuve claro que la historia de Odette es un doble viaje. Como decía Rilke, “todo viaje es al interior”; Odette se desplaza a Fair, una isla perdida de casi todo y todos, para emprender un viaje hacia sí misma. También la maternidad es un viaje que muchas veces no sabes por qué carreteras te va a conducir…

¿Cómo estableces ese diálogo con la madre ausente? ¿Cómo construimos nuestra identidad a partir del duelo, de lo que nos falta?

Pienso en lo fundamental que es una madre en la vida. Todos venimos de una madre, eso es inevitable. Que esa madre haya estado junto a nosotros o no es otra historia, por supuesto, pero el vínculo ya está creado. Y es un lazo del que es difícil desatarse. Odette tiene, a priori, todo para ser feliz: ha logrado ser una escritora con éxito, tiene una pareja que ama su trabajo, pero Odette tiene una herida que ha tratado de sanar con la palabra escrita. Durante años, la escritura ha sido su tabla de salvación. Pero llega un momento en que no basta, en que decide hacer frente a esos fantasmas del pasado y piensa que tiene que escribir, por primera vez, sobre su madre ausente. Esta es una novela sobre la creación de una novela, la de Odette sobre su madre.

Creo que la identidad siempre está en permanente construcción. No somos los mismos a los 20 que a los 40, aunque conservemos mucho de lo que fuimos. Pasamos por la vida y es imposible no intentar que esta no deje huella en quienes somos. ¿Alguien podría mantener su identidad ‘intacta’ en un mundo como el nuestro? Así que imagino cómo es perder a tu madre cuando tienes 17 años y me parece un hito que altera todo lo que está por llegar. Odette pasa los mejores años de su vida preguntándose por qué su madre y por qué le sucede a ella.

En Aguas azul tormenta podemos leer que los autores viven de la obsesión. ¿Qué te obsesiona como autora?

Totalmente. Hablé mucho de la obsesión en mi segunda novela, En la noche de los cuerpos, aunque el protagonista era un pintor. Creo que la creación necesita, en cierta medida, de la obsesión. Funcionan bien juntas, quizás porque los artistas históricamente han sido personas que habitaban en los márgenes o que eran rechazadas por lo que hacían. A mí, particularmente, me obsesiona y me atormenta mucho el tema del tiempo. Siempre creo que llego tarde a todo o que no tengo tiempo para emprender aquello que deseo. Y ese tema enlaza con el pasado, lo que me hace conservar multitud de objetos, fotografías y demás cosas de tiempos pasados y a los que sigo demasiado conectada. Es un tema complejo, doloroso en ocasiones, y la literatura me ayuda mucho a lidiar con él. La escritura me parece una buena forma de indagar en las obsesiones precisamente por lo humanas que son. Otro tema que me obsesiona como autora es el de las máscaras que nos ponemos para vivir en el mundo… Lo que ocultamos, lo que decimos no ser… Ahora es el pan nuestro de cada día con las redes sociales, pero esto viene de atrás. En mis novelas, que siempre se ambientan en tiempos pre-internet, todos mis personajes tienen cosas que ocultan pero que, antes o después, acaban por salir a la luz.

También leemos que “la escritura de un libro es lo más cercano a un parto que existe”? ¿Compartes esa idea cuando piensas en tu escritura?

¡Mucho! Lo pensaba antes de ser madre y tras serlo sólo puedo reafirmarme en ello. Una lleva algo dentro que crece poco a poco, tú alimentas esa criatura y le vas dando lo mejor de ti y no sabes cómo será cuando vea la luz, pero tu vínculo y tu amor por ella es indiscutible. Y cuando nace -cuando se publica un libro- de algún modo es tuyo pero deja de serlo… pertenece al mundo -pertenece a los lectores- y tú sólo le has dado las alas para que pueda volar. Y cuando lo hace tú estás ahí, en un discreto segundo plano, viendo cómo tu criatura se desenvuelve en el mundo.

 

esther ginés

A comienzos de los años ochenta, la escritora Odette Murray regresa a la casi despoblada isla de Fair, en las Orcadas, donde su madre desapareció una década atrás. Su intención es escribir una novela autobiográfica para cerrar un duelo que ha oscurecido los mejores años de su juventud y ha condicionado su forma de entender la vida. Detrás de su decisión de aislarse de todo para abordar este proyecto se esconde también una necesidad de huida de su vida actual, en especial de la relación que mantiene con su pareja.

Aguas azul tormenta invita al lector a regresar a las islas indómitas donde se ambientó Mares sin dueño para abordar la complejidad de las relaciones maternofiliales, los secretos familiares, el perdón, el peso del pasado y el tabú de la enfermedad mental.

Escocia, finales del siglo XX. Elisa decide dejar su vida atrás para comenzar una nueva etapa a miles de kilómetros de su hogar, en las remotas islas Orcadas. En un paisaje indómito, casi despoblado y de una belleza cautivadora a la vez que salvaje, le espera su pareja. Kylian es un activo ornitólogo que lleva años recorriendo mundo, pero tras recibir una interesante propuesta de trabajo decide volver a su tierra de origen. Al poco de unirse a él, mientras Elisa trata de adaptarse a una naturaleza y un clima hostiles que marcan el ritmo de los días, una impactante noticia vinculada al pasado de Kylian cae sobre ellos y trastoca todos sus planes inminentes. ¿Hasta dónde se puede llegar para huir de lo que dejamos atrás? ¿Cuál es el precio que pagamos por proteger a quienes más amamos de las cosas que nos hieren?

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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