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JAIME RODRÍGUEZ Z.: “REVISAR NUESTROS PRIVILEGIOS ES UN TRABAJO QUE NOS CORRESPONDE SOLO A LOS HOMBRES”

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Padres del siglo XXI sensibles y barbudos con las camisas remangadas y manchadas de niñerías. Padres que juegan al ping pong y llevan bolsos con toallitas húmedas. Padres que leen artículos del New Yorker y llevan camisetas de Extremoduro. Padres en el parque que no piensan en los cuerpos de las madres en el parque. Padres que juegan a la tienda o al té y se lían pitis de tabaco no industrial con solo un poquito de hachís. Padres cuidando 24/7 porque cuidar es lo único que puedes hacer para no volverte loco, para no pasar la posta del patriarcado a los enanos mientras sacas la arena de sus zapatos y después te das cuenta de que también tienes que sacarla de los tuyos…” Jaime Rodríguez Zavatela, Solo quedamos nosotros.

Padres que, de alguna manera, sacaron la pierna del tiesto. Hombres construidos en sociedades machistas, en entornos patriarcales. Hombres a los que les dijeron que los chicos no lloran, que jueguen al fútbol, que pateen al rival si es precioso. Hombres que pararon un día a mirarse por dentro, a quitarse las capas, a reconocerse los privilegios. Hombres que empezaron a transitar el camino más difícil, el de las afueras, el que se aleja de lo heteronormativo, el que tiene poca luz, el del piso agujereado y la maraña selvática impidiéndoles ver la luz. Esos caminos en los que andar no es nada fácil, ni cómodo, pero donde encuentras los paisajes más brutales, bellos y abruptos, los reservados para los valientes.

Quiero pensar que cada vez existen más hombres que escriben, que crían, que cuidan, que bajan al barro para dar la mano a las mujeres. Por eso recibí con gran alegría este Solo quedamos nosotros  de Jaime Rodríguez Z. El poeta y escritor peruano (Lima, 1973) nos ha regalado un trozo de sus entrañas en esta primera aproximación suya a la narrativa. Ya curtido en la poesía y en la edición de revistas literarias y culturales, estaba preparando un curso sobre la representación de la figura masculina en la literatura cuando la COVID 19 vino a desbaratarle los planes y los pensamientos. Y comenzó a escribir sobre ser hombre, sobre ser padre, sobre ser. Hemos hablado con él para saber cómo la paternidad y la deconstrucción atraviesan su vida y su obra literaria.

¿Qué edad tienen ahora tus criaturas?

Mi hije Coco tiene 15 y  el peque, Amaru, 5.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser padre? ¿Y después? ¿Sufrió cambios significativos?

Casi no recuerdo cómo era la cosa antes de ser padre, la verdad. Pero puedo decirte que he tenido largos periodos de trabajo en sitios fuera de casa y largos periodos de trabajo en casa, como ahora. Y siempre sientes que no llegas a algo.

¿Cuál es la huella de tus hijes en tu trabajo?

Es un aprendizaje constante y he hablado de eso en muchas cosas que he escrito, así que digamos que son una fuente de inspiración y una cantera de temas. En otras palabras, influyen en lo que hago porque influyen en mi vida. Con Coco me gusta, por ejemplo, que se hayan invertido los papeles y que sea elle quien me descubre la música. Mucha realmente maravillosa. Y Amaru está creciendo en un entorno muy poco heteronormativo, por lo que para mí también es fascinante observar, y participar, en la medida de mis posibilidades, en la formación de una masculinidad distinta a la mía.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la paternidad?

Lo mejor son esas dos personas a las que voy descubriendo en cámara lenta y lo peor es lidiar con una necesidad constante de espacios privados. Es algo que me cuesta a veces.

¿Cómo explicarías cómo es la crianza poliamorosa para quien no hubiera escuchado apenas hablar de ella?

En términos logísticos a veces es más fácil, somos dos madres y un padre y podemos apañarnos para recogerlos, jugar o hacerles la comida, y no fundirlos con extraescolares. En otros sentidos puede ser más tedioso debatir entre tres algunas decisiones. Nos asamblearmos bastante, vamos. Pero el balance es sumamente positivo en todos los niveles. Tres es un número que recomiendo

¿En qué momento sientes que debes empezar tu deconstrucción?

Llevo en esto bastantes años, pero como casi cualquier revisión de casi cualquier privilegio, tuvo que hacérmelo notar alguien más. En ese sentido, convivir con Gabriela (Wiener) primero, y luego también con Rocío (Lanchares Bardají), fue fundamental para que fuera capaz de reconocer ciertas cosas y sobre todo para intentar cambiarlas después. De todas maneras, creo que es un trabajo que nos corresponde solo a los hombres y que ya deberíamos ser perfectamente capaces de llevar a cabo.

¿Qué ha sido o está siendo lo más interesante en este proceso?

Tras una primera y seguramente larga etapa de negación, todo esto empezó a ser muy emocionante para mí. Me interesa y me entusiasma. Es como cuando empiezas a sentirte mal y decides hacer una dieta: al principio cuesta dejar cosas que te gustan pero luego notas los beneficios y entonces te das cuenta de que estás mejor, más saludable. También es interesante comprobar que dejar atrás ciertas taras te deja espacio para cosas más divertidas.

¿Cómo empieza uno a pensar en renunciar a sus privilegios? ¿Qué alegrías y qué penas te está procurando este crecimiento personal?

Creo que necesitas, primero, aprender a escuchar, aceptar que esos espacios de comodidad están construidos sobre la incomodidad (o el dolor) de otras. Y aceptar que necesitas hacer tribu con otros hombres de tu entorno, lo que puede ser particularmente difícil porque los tíos solemos desactivar de inmediato cualquier tipo de disidencia con el humor o la burla. Pero es posible hacerlo poco a poco. De hecho lo estamos notando simplemente en el hecho de que ahora hablamos de temas que hace unos años no existían para nosotros.

¿Qué opinas del valor de los cuidados en nuestra sociedad?

Opino que los cuidados son uno de los elementos más amables de la experiencia colectiva humana. Cuidar, maternar, criar, respetar tus vínculos emocionales y afectivos, practicar la solidaridad y la empatía… todo eso debería reemplazar la cultura del éxito por consumo en la que nos quieren mantener algunos, por ejemplo.

¿Y del respaldo de las comunidades educativas a nuevas formas de entender el género?

Hay un nivel básico de “tolerancia” que, sin embargo, está siendo amenazado constantemente por discursos de odio institucionalizado (y más recientemente ampliamente difundidos) que generan distintos tipos de violencia sobre lo no normativo. Ya sean expresiones personales o colectivas. Hay, como en todo, personas comprometidas con la curiosidad, la imaginación, la libertad y el progreso; y luego están los reaccionarios y los fascistas de siempre. Ver a Coco y a sus amigas, amigos y amigues, crear comunidades de chavales en los que los temas de género no son un problema para ellos, sino para los demás, es bastante esperanzador. Les toca seguir defendiéndose pero lo lograrán, estoy seguro.

SOLO QUEDAMOS NOSOTROS, JAIME RODRÍGUEZ Z.

Cuando estalló la pandemia en Madrid, Jaime Rodríguez Z. estaba preparando un curso sobre la representación de la figura masculina en la literatura. Pero contrajo la COVID-19 y cambiaron todos sus planes. Inició entonces un exigente proceso de investigación sobre sí mismo. Y empezó a escribir sobre su padre y su madre, sus miedos, su experiencia personal con la paternidad, sus amigos y sus conversaciones machistas, sus ataques de pánico, su migración y su propia familia, que forma junto a su hijo, su hije y las también escritoras Gabriela Wiener y Rocío Lanchares Bardají. El resultado de ese proceso de memoria y de crítica es este impresionante libro de relatos y crónicas autobiográficos, que combinan con maestría la narración, la poesía, el periodismo y la confesión.  

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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