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(C) Asier Corera

JUANA LOR: “¿Cómo va a ser la Maternidad territorio de interés exclusivo para madres si todos hemos nacido de una?”

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Conocí a Juana Lor (Bilbao, 1978) en la presentación en Madrid de El último hombre blanco de Nuria Labari (Random House, 2022, novela que preestrenamos en el Volumen II de MaMagazine). Fue en el Bastardo Hostel donde nos reunimos para celebrar el libro de Nuria. Sentada en primera fila, enfrente mío había una escalera de socorrista de piscina. A ella se subió Juana con bañador, gorro y gafas de baño para recitar el primer capítulo del libro. Ahí puso Juana el cuerpo y las entrañas, dejándonos a todos los asistentes boquiabiertos y con la piel erizada. Poco a poco, Juana cambió el traje de baño por el traje de chaqueta para convertirse en el último hombre blanco. Tras el encuentro protocolario, las risas y las confesiones. La amistad y las ganas de reencontrarnos.

La relación de Juana con la obra de Labari tuvo un precedente: fue Juana quien adaptó para el teatro La mejor madre del mundo, basada en el libro homónimo. Se estrenó en 2021 y en pocos días vuelve a los escenarios de Bilbao coincidiendo, también, con la cuarta edición del libro. Este nuevo estreno estará acompañado por un seminario de fin de semana que incluye sendos talleres impartidos por Nuria —La palabra se hizo madre— y Juana —El cuerpo vinculado— (más información al final de esta entrevista). Con Juana, madre de una niña de siete años, entendí a la perfección eso de lo que hablaba Nuria en algunas de nuestras conversaciones anteriores: lo que significa poner el cuerpo. Poner el cuerpo, como nos explicaba, es algo que hacemos mayoritariamente las mujeres. Ponerlo todo, diría yo. El cuerpo entero, dentro y fuera de la piel. Lo visible y lo invisible. Lo tangible y lo intangible. Lo que pensamos y lo que sentimos. Todo esto, que no es poco porque lo es todo, es lo que encuentro en los reflejos de distintos prismas con los que Juana, a través de la obra de Nuria, interpreta sus obras. De manera literal.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad?

Lo mejor es intangible. Son momentos de claridad en medio de la lucha. El brillo de la vida en los ojos de mi hija. O el momento en que me llamó por mi nombre la primera vez. Acurrucarse piel con piel. Sentir, por un momento, que todo está bien. Aunque sea mentira. Lo peor es la escisión. No encontrarme durante meses e incluso años. La demanda absoluta desde todos los planos. Y ver sufrir a una hija. La preocupación y la absoluta certeza de que te cambiarías por ella si pudieras, para ahorrarle el dolor… Y no poder.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre? ¿Y después? ¿Sufrió cambios significativos?

Antes de ser madre, actuaba y enseñaba el arte de la actuación, traducía e interpretaba idiomas. Estas eran mis fuentes de ingreso. De alguna forma, estas dos actividades (artes escénicas por un lado y traducción por el otro) estaban divididas tanto en mi cabeza como en la forma en que se jugaban fuera, en el mundo. A partir de que nació mi hija las fronteras de estos mundos empezaron a desdibujarse. Y apareció también la dirección escénica, un área en la que nunca había pensado hasta entonces, como un fértil campo de desarrollo artístico y profesional. Algo muy curioso y hasta irónico de este asunto es que el nacimiento de mi hija me animó a empezar a poner el foco en aquello que realmente quería hacer a pesar del miedo. Hoy en día estoy dedicada al 100% a las artes escénicas y solo traduzco o interpreto por placer, justo al contrario que en mis inicios profesionales. ¿De dónde han salido la fuerza o la determinación para dar ese paso en medio del maremágnum de la crianza? No tengo ni idea. Pero el caso es que lo he hecho. Aún me asombra. 

¿Cuál fue tu primer contacto con La mejor madre del mundo?

Mi primer contacto fue prepandémico. Me lo recomendó la periodista Marta Amézaga, gran amiga a quien considero una de las personas más lúcidas que conozco… hasta que conocí a Labari. Mataría por un ser testigo de un café entre ellas dos. En lo que se refiere al libro en sí recuerdo, ante todo, la sensación que me habitó, tanto mientras leía el libro como al cerrarlo por primera vez (luego volvería a abrirlo muchas veces después). Por aquel entonces, mi hija tendría ya unos cuatro años y recorrer sus páginas fue como volver a casa. No fue tanto un no sentirme sola, sino el sentir que se le daba reconocimiento y valor a esa soledad de madre. Que había alguien al otro lado. En otro balcón, en otra ventana. Otro aspecto que me llamó mucho la atención es que Labari saca al Hombre de la ecuación. No es que Hombre no esté presente, pero básicamente es alguien que hace todo bien en la novela y no da problemas. Creo que el camino fácil hubiera sido cargar en Hombre muchos de los aspectos que complican el periodo intenso de crianza. No hacerlo posibilitó ahondar mucho más en el relato de la maternidad en sí. 

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Imagen de la adaptación teatral de “La mejor madre del mundo”

¿Por qué decidiste adaptarlo? ¿Qué facilidades y qué dificultades encontraste al hacerlo?

Decidí trasladar el libro a teatro cuando la sala y asociación teatral Pabellón6 me propuso dirigir una obra para su Laboratorio Teatral en la temporada 2020/2021. Entonces llegó la pandemia. Recuerdo las primeras reuniones desde casa, cuando Zoom era aún una opción titubeante. Llamamos a Nuria en pleno encierro. Dijo que sí. Me puse en marcha. El cerebro se me había llenado de imágenes teatrales mientras leía su novela. Ella tiene algo con lo que resueno muy fuerte artísticamente: la manera en la que situaciones absolutamente cotidianas se despegan de la realidad para dar lugar a ensoñaciones oníricas de una estética apabullante: la silla ginecológica que se convierte en trono, la llamada telefónica a medianoche de Lucy, la Mejor Madre saliendo a volar por la ventana con su bebé… Eso fue lo fácil. Lo difícil fue crear la dramaturgia escrita, es decir: decidir qué escenas entraban en la obra y en qué orden. Para ello me asesoró el dramaturgo Javier Liñera. Una vez que encontré el hilo del que tirar, todo fue más sencillo. 

Estrenada en 2021, vuelve ahora a Bilbao. ¿Qué diferencias hay entre la primera vez que llevaste La mejor madre… a escena y esta nueva propuesta?

Durante la primera temporada teatral de La Mejor Madre del Mundo escuché. Escuché a espectadoras y espectadores, a amigos del oficio, a mi madre también, todo hay decirlo. Y aunque la recepción de la obra fue muy buena en general, hubo dos aspectos que se repetían en las devoluciones de las personas que vinieron a verla: uno hacía referencia a la duración y otro tenía que ver con el final. Rematar bien una obra es importante y creo que no lo había logrado del todo. Así que para este reestreno se vienen cambios que espero hagan las delicias de los espectadores en estos dos sentidos. Otra novedad muy excitante es que para esta segunda temporada se incorpora al elenco la que para mí y para muchas es la gran dama del teatro vasco: Itziar Lazkano. Una actriz elegante, que domina la comicidad y la tragedia como nadie y que nos va a hacer pasar un rato fabuloso en la sala. 

¿Cómo has trabajado esta adaptación con Nuria? ¿Cómo trabajáis juntas?

Nuria me dio plena libertad para hacer la adaptación. De hecho, cuando vino a Bilbao a ver la obra llegó sin haber leído siquiera la adaptación. Creo que esto habla mucho de su generosidad y su fe ciega en que las cosas sucedan como tienen que suceder. O así lo siento yo, al menos. No nos conocíamos personalmente. Recuerdo que me senté junto a ella en las butacas de Pabellón6 y que estaba nerviosísima. ¿Qué le parecería? ¿Cómo reaccionaría? Era su criatura la que había depositado en mis manos. ¿La seguiría reconociendo como suya tras haber pasado por las mías y las de todo el equipo? ¡Ay, Madre! Creo que la miré más a ella de reojillo durante la obra que a la obra en sí. La obra acabó y se encendieron las luces y adiviné una lágrima cayendo de su ojo izquierdo, que es el del corazón. ¡Qué alivio sentí en ese momento!

Desde entonces, nuestra relación no ha parado de crecer: facilitamos seminarios en torno a la maternidad y la creación a través de Circo de Circe, donde ella aporta la parte de la mente y el pensamiento y yo añado el trabajo desde el cuerpo. También estamos navegando juntas el lanzamiento de su nueva novela El Último Hombre Blanco.  Cuando lo leí me voló la cabeza. Ahora mismo le presto mi voz y mi cuerpo a la protagonista de esa novela. Es un viaje trepidante y estoy muy contenta por esta nueva colaboración. 

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Imagen de la adaptación teatral de “La mejor madre del mundo”

¿Es la maternidad solo un tema interesante para madres? ¿A quién está dirigida esta obra?

Esto es claramente un tópico que debemos reventar de dentro a afuera y de fuera a adentro. No sabéis cuántos hombres jóvenes y no jóvenes han salido absolutamente conmovidos del teatro después de ver La Mejor Madre… y han vuelto después, a verla otra vez, precisamente con sus madres. ¿Cómo va a ser la Maternidad territorio de interés exclusivo para madres si todos hemos nacido de una? Este es uno de los grandes temas de la Humanidad y como no hay mal que por bien no venga, creo que debemos sentirnos muy afortunadas de que sea un territorio aún por explorar, explicar, investigar, mega fértil para el arte, la literatura, la filosofía y el pensamiento crítico. Hay un discurso muy interesante que la actriz Reese Witherspoon dio a raíz del gran éxito de crítica y público de Big Little Lies. En él reivindica precisamente esto: que las historias y relatos que se encasillan típicamente como productos para mujeres no lo son en realidad. Que tienen entidad e interés por sí mismos y que son temas universales capaces de conmover y hacer pensar a todo tipo de personas. 

¿Cuáles son las lecturas que más te han marcado sobre la experiencia de la maternidad? ¿Y las propuestas audiovisuales —teatro, cine—?

El primer libro que me llevé a casa cuando estaba embarazada y comenzó a bullir en mí el runrun de la preocupación de aquello que luego conseguiría nombrar como el conflicto entre criar y crear fue Maternidad y Creación de Moyra Davey: un compendio de ensayos y reflexiones en torno a este temazo con autoras como Ursula K. Leguin o Margaret Atwood. Existe también un libro que para mí fue una revelación ya mucho antes de ser madre y que creo que explica muy claramente desde una perspectiva arquetípica lo que le puede llegar a suceder a una mujer cuando no puede cumplir el anhelo de ser madre: Las Diosas de cada mujer de Jean Shinoda Bolen. Este libro contiene un capítulo exclusivo dedicado a las dos caras de Demeter, la diosa griega de la maternidad. Siguiendo esa línea, en teatro hay alguna revisión actualizada de Yerma súper interesante, como la de Simon Stone.  Y en lo que se refiere al cine actual recomiendo Cinco Lobitos de Alauda Ruiz de Azua. Si no la habéis visto aún, id.  No os digo nada más. Id y luego hablamos.

 

La mejor madre del mundo se estrena el viernes 23 de septiembre a las 20h. en Pabellón6. Más información, aquí.

Maternidad: anhelo, huida y cuerpo se celebra los días 24 y 25 de septiembre en Bilbao. Más información en hola@circodecirce.com (pregunta por el descuento exclusivo para socias de MaMagazine).

 

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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