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LOLA ARIAS: “ES UNA EXPERIENCIA MUY BUENA SALIR DE UNA MISMA PARA PODER CUIDAR, PARA PODER DAR VIDA”

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Lola Arias (Argentina, 1976) es escritora, directora de teatro y cine, performer y madre de un niño de 7 años. Sus obras transitan la frontera entre la ficción y lo real y son presentadas en los teatros y festivales más prestigiosos del mundo—Lift Festival (Londres), Sterischer Herbst (Graz), Festival d’Avignon, Theater Spektakel (Zurich) y Under the Radar (Nueva York)—. Ahora, Lola presenta en Madrid una obra original en cuanto a su concepto y puesta en escena: Lengua Madre, una muestra de teatro performático y documental que une en el escenario a nueve personas —que no personajes— a través de los cuales se desgranan varios aspectos de la maternidad y la paternidad, en una línea espacio-temporal que abarca a varias generaciones e incluso una predicción de futuro final que da mucho que pensar.

Lola, que ya llevó esta propuesta a Bolonia en octubre del pasado año, estrena esta producción conjunta del Centro Dramático Nacional y el Teatro Lliure el próximo viernes 11 de marzo en el Teatro Valle Inclán del madrileño barrio de Lavapiés. Después, con este mismo elenco, viajará a Barcelona, donde se representará del 22 de abril al 8 de mayo. Tras la rueda de prensa de presentación de Lengua Madre en Madrid, tuvimos la oportunidad de charlar con Lola y de conocer cómo es la intersección entre su experiencia materna y su trabajo.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre? ¿Y después? ¿Sufrió cambios significativos?

Es imposible, para una persona que decida tener hijes, que la vida no cambie de una manera radical. Para mí, como artista y como persona cuyo trabajo se basa en poder hacer proyectos en distintos lugares; que viaja, desarrolla talleres, ensaya durante dos meses de manera muy absorbente, la maternidad fue un desafío muy grande. Decidir tener un hijo fue algo que tardé mucho en permitirme porque sabía que iba a tener un efecto sobre mi trabajo y tenía miedo de no poder gestionarlo todo. De hecho, hizo que las cosas se complicaran mucho más: desde tener que convencer a los festivales de que tenían que pagar un pasaje extra para mi hijo, que necesitaba una niñera durante los ensayos, que había cosas que no podía hacer… fue todo un trabajo y ahí empecé a percibir cómo el mundo del arte está pensado de una manera muy masculina, para personas que solo acuden a hacer su trabajo y que no tienen nadie a cargo. Tengo un hijo y no tengo más por el tipo de trabajo que hago. Si hiciera otro trabajo, me hubiera gustado tener más hijos, pero me di cuenta de que a duras penas lograba conciliar mi trabajo y la crianza de una persona.

Lengua Madre es el título de tu último trabajo y parece imperioso pensar que la figura de tu hijo también deja huella en tu trabajo. ¿Esta obra hubiera sido así si tú no hubieras sido madre?

Creo que no hubiera hecho esta obra. La obra anterior que hice, estando embarazada, fue Campo minado, con veteranos de la guerra de Malvinas, ingleses y argentinos, escuchando historias de hombres que mataban, morían, estaban en campos de batalla, sobre heroísmo, patria y demás, tratando de desmontar esos discursos. Posteriormente vino Lengua Madre que, de alguna manera, es mi propia guerra, la propia experiencia radical de la maternidad, como un antes y después donde la propia subjetividad de la persona que decide dar ese paso queda modificada para siempre. Supongo que los hijos están en todo lo que uno hace de una manera medio secreta, como fantasmas que flotan sobre esas obras, porque son una de las mayores influencias para una persona.

Mi hijo, ahora, está escribiendo un libro que se llama Por qué los adultos mandan, un libro de ensayos. Me hace reír mucho y me hace pensar mucho también en esa relación de posesión, de control sobre los hijos. No solo lo que yo siento del peso de ese trabajo reproductivo sino también lo que él siente como control, decisiones con las que no está de acuerdo… Yo le regalé Todos deberíamos ser feministas y él me contrapuso su propia obra, reconociéndose como parte de otra minoría que no estaba siendo considerada.

¿Qué es lo mejor y lo peor de tu experiencia como madre?

Lo mejor es esa sensación de que tu subjetividad se desmorona y empiezas a ser en relación a otra persona, de una manera muy radical. Es una experiencia muy buena salir de una misma para poder dar vida, para poder cuidar. Ni en las situaciones de amor más extremas que viví tuve una sensación como la que tengo en la relación con mi hijo. Me hace muy feliz haber vivido esa experiencia.

Lo peor no sé qué es. Quizá el mundo que no acompaña, que no reconoce el trabajo reproductivo que hace funcionar todo y pone una presión, a veces, realmente imposible de soportar.

Lengua Madre llega a Madrid ahora, pero ya se estrenó en Italia. ¿Es una manera de investigar cómo maternamos en distintos contextos locales?

Originalmente, cuando me llamaron de Italia y les presenté esta idea, no sabía que lo iba a pensar como una especie de laboratorio móvil en distintas ciudades: solo tenía la idea de hacer una obra sobre maternidad. Se fue desarrollando en el proceso de generar esta misma obra, que además se gestó durante la pandemia. Que no es algo menor, porque en ese momento todes empezamos a tomar conciencia del lugar primordial de los cuidados y cuánto recaía en el ámbito de lo privado y lo doméstico todo ese trabajo, sobre todo, en las madres, que no solo tenían que criar y cuidar sino gestionar todo desde la casa: su propio trabajo, la escuela de los niños, la comida, el amor. Esto hizo que empezara a pensar en las diferencias y posibilidades que daba imaginar este proyecto en distintos contextos. Esta obra no es una obra que gira, ni que se representa solo en un lugar, sino que se reproduce en otros lugares con una misma estructura. Esto también tiene que ver con un contexto político y social en el que me parece más importante trabajar sobre lo local y las diferencias que generar un proyecto que luego vaya girando en distintas latitudes.

¿Cómo fue el proceso de selección del elenco?

Fue un proceso largo. Empecé haciendo entre 40 y 50 entrevistas a distintas personas. De esas entrevistas, seleccioné un grupo de 20 que hicieron un taller. Después de ese taller, quedaron 9 personas que son las y los protagonistas. Es algo que se va decantando hasta llegar a las personas que, finalmente, están en la obra. Fue muy difícil elegir, porque había muchas personas interesantes, que me gustaban. También hay algo importante para mí: que esa diversidad pueda generar un relato complejo con lo cual, a veces, no elijo la persona que “más me gusta”, sino a la persona que puede traer a este caleidoscopio una nueva perspectiva.

 

 

LENGUA MADRE se estrena el viernes 11 de marzo en el Teatro Valle-Inclán, donde se exhibirá hasta el domingo 10 de abril. Coproducida por el Centro Dramático Nacional y el Teatre Lliure, llegará a la sala barcelonesa el 22 de abril, donde estará hasta el 8 de mayo.

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LENGUA MADRE, LOLA ARIAS

Lengua Madre es un proyecto de investigación “en torno a la batalla política en el campo de la procreación” que la creadora argentina está llevando a cabo en diferentes países, donde constituye grupos de trabajo locales que llevan a escena sus experiencias personales. Esta “enciclopedia sobre la reproducción en el siglo XXI” cuenta en su versión española con la participación de nueve personas con perfiles muy diversos a través de los que se abordan diferentes realidades y perspectivas sobre la maternidad.

Tras el estreno en Bolonia de la versión italiana, la obra resultante de los talleres en Madrid se estrenará el 11 de marzo en el Teatro Valle-Inclán y después llegará al Teatre Lliure de Barcelona, coproductor del espectáculo junto con el CDN.

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