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(c) Ariadna Arnes

NATÀLIA ROMANÍ: “LAS MUJERES DEBEMOS REIVINDICAR LA RAZÓN COMO PROPIA”

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Escribe Natàlia Romaní en las primeras páginas de Historia de la nostalgia:

“Normalmente las historias nunca empiezan por el final.

Normalmente.

Esta historia necesita empezar por el final si se quiere entender el principio.

El final es el principio. Y el principio puede ser cualquier cosa”.

Natàlia Romaní (Tarragona, 1967) se ha hecho un hueco en el mundo del periodismo y ahora, también, en el de la ficción literaria. Y lo ha hecho con su ópera prima Historia de la nostalgia, un libro delicioso que es mezcla de estilos, de memorias y de recuerdos. Que es crónica y que es diario. Que es viaje y también, destino. Natalia, que ha ejercido su profesión en Roma, Skopie y Sarajevo, vive en la actualidad en París y trabaja en Bruselas, en la Comisión Europea. Hemos hablado con ella para saber más sobre el proceso de composición de su novela, sobre su trabajo y sobre el fin inevitable lo romántico tal y como lo habíamos conocido.

¿Cuál fue el germen de esta Historia de la nostalgia?

No hay un único germen. Hay sensaciones, instantáneas, anécdotas. Yo no trazo un plan, no tengo un método, no hago fichas. Sabía que uno de los personajes del libro tomaría el tren de las 17.00 en dirección a Cambridge. Quería hablar de un momento concreto en la historia de Europa, cuando los cadáveres de los archiduques Ferdinand y Sofía llegaron al puerto de Trieste. Sabía que quería que hiciese o mucho frío o mucho calor. Sabía que la historia pasaría lejos de mi realidad porque en literatura lo que me rodea no me interesa, me interesa más la isla de Hokkaido que el barrio de Gracia de Barcelona. El germen son mis lecturas, mis viajes y el tiempo que pasa. Creo que escribí con la libertad de no saber si se iba a publicar y por eso me hice un libro a medida. Escribí el libro que quería leer.

¿Cómo fue su proceso de creación?

Como te decía no hay proceso. O sí que lo hay, pero se resume en una frase: siéntate y escribe. Eso es todo lo que necesito y no digo que sea sencillo. Escribir es un ejercicio físico muy duro, una disciplina muy exigente. Es el único proceso que a mí me funciona. Una vez consigo sentarme y escribir, la historia fluye sin dificultad. No sé lo que es el síndrome de la página blanca. 

¿Influye tu trabajo en la Comisión Europea, de alguna manera, en la redacción de esta novela?

Trabajar en las instituciones europeas me ha permitido vivir en otras lenguas a las mías nativas que son el catalán y el español sin orden jerárquico. Me ha permitido crearme en otras lenguas, ser otra persona, conocer otras literaturas a fondo, viajar, vivir en otros contextos. Estar en viaje permanente, en exilio permanente. No siempre es lo que quieres, pero nunca deja de ser interesante. 

¿Cómo podríamos acabar con lo romántico o, por lo menos, encontrar una mejor definición para que no nos pese como una losa?

Creo que es cuestión de reconocer que lo romántico es un instrumento de marketing potentísimo. Pero es una emoción que no nos permite controlar nuestras vidas y no hablo de determinismos o de ser unos obsesivos, nadie controla sus vidas, pero, como decía Spinoza… la razón con la emoción, no con la pasión. Las emociones como la ternura, la compasión, la solidaridad, la fraternidad, junto a una buena capacidad de análisis, permiten también unas cenas a la luz de las velas… sin necesidad de esperar que un príncipe a caballo te salve la vida. 

¿Cuál de los países/paisajes que son escenarios en el libro han sido más definitivos en tu vida y en la composición de este libro?

Sin duda, los Balcanes y Bosnia en especial. Estuve durante años trabajando en la zona después de los acuerdos de paz de Dayton en 1995. Conocí bien el desastre de la posguerra, el dolor, el vacío, el olvido. En los Balcanes está todo: el conflicto religioso, el conflicto étnico, el sufismo, los sefardíes, los franciscanos, los nazis, los partisanos. Una naturaleza que te quita el aliento, una belleza, una soledad…una nostalgia. 

¿Qué hay de ti en esta novela?

Imagino que hay, pero yo he jugado con muchos espejos. De mi vida personal no hay nada. De mis valores, de mis miedos, de mis sueños hay mucho. La autoficción no me interesa, al menos la propia. La de los demás, a veces. 

En la lucha entre la razón y el corazón, ¿quién crees que parte con ventaja?

La razón tenía la ventaja, desde Descartes, de jugar siempre con las cartas marcadas. Ahora está muy de moda el corazón, lo emocional por su asociación a o femenino, y creo que es una de las razones mas importantes por las que, las mujeres, debemos reivindicar la razón como propia. Cada vez que escucho ese discurso de la mujer es lo intuitivo, lo emocional, lo divino…se me ponen los pelos de punta. No señoras, la mujer es Rita Levy Montalcini, es Angela Merkel, la mujer es racionalidad, es análisis de la realidad, es toma de decisiones, es capaz de cualquier cosa. 

¿El final de toda pasión es, como dice tu libro, la tristeza?

Sí. La pasión es una descarga de endorfinas maravillosa, pero cuanto más intensa, más corta. Yo soy muy pasional, pero quiero aprender a vivir sin la necesidad de estar todo el día en una montaña rusa. No podemos tener un único modelo. Tenemos derecho a la pasión, a la razón, a la emoción y a la gestión de la tristeza. Al final, no es que sea triste, es que es inevitable, mejor aprender a gestionarlo.  

¿QUIERES SABER MÁS?

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LA HISTORIA DE LA NOSTALGIA, NATÀLIA ROMANÍ

La Universidad de Pembroke es el punto de inicio de esta historia, el lugar en el que convergen las vidas de Laura, David y Sarah, y donde se origina un conflicto entre la pasión y la lealtad, el amor y la amistad. Relato de ese triángulo, “La historia de la nostalgia” también es la crónica de un viaje en el que el lector visitará los archivos polvorientos de las casas de Park Slope, Brooklyn, compartirá tertulias en el Café de San Marco de Trieste y recorrerá las carreteras de Croacia y Serbia hasta los confines más remotos del viejo continente, siguiendo el curso del Danubio de la mano de Claudio Magris. Hecha de realidad y ficción, de crónicas, diarios y entrevistas, La historia de la nostalgia traza la geografía sentimental de un territorio y un tiempo perdidos en la memoria, e intenta dar con la manera que nos permita aferrarnos a la vida sin que esta nos someta a a su voluntad, pues ¿cómo es posible mantenerse íntegro y noble, bueno, cuando el vendaval de la Historia azota sin piedad?

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