HABLAMOS DE DINERO CON NATALIA DE SANTIAGO

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A día de hoy, hablar de dinero sigue siendo algo escabroso, inaccesible sin necesidad y poco corriente. Y es una pena, porque estoy convencida de que si compartiésemos más nuestras experiencias y si nuestros nuestros hijos recibieran educación financiera, mejor nos iría a todos, ahora y en el futuro. Esto lo tiene clarísimo Natalia de Santiago, ingeniera de formación, financiera por vocación y experta especializada en el impacto económico del cambio climático. Lleva contando dinero, propio y ajeno, real y ficticio, desde que con 8 años le sisó un cuaderno de contabilidad a su padre.

Así que no resultó extraño que terminara dedicándose a las finanzas y que escribiese sobre ellas (seguramente hayas leído sus artículos en la revista Elle). Pero además de dominar estos temas, es madre de 5 hijas cuyas edades están comprendidas entre los 15 y los 7 años y se ha planteado un objetivo: que hablar de dinero no sea tan difícil y escribir un manual accesible, nada rancio y bastante original. El objetivo está cumplido con creces.

Charlamos con ella a raíz de la publicación de su libro «Invierte en ti: Cómo organizar tu economía en 11 pasos para vivir mejor«.  En esta entrevista, Natalia nos explica cómo lo hace ella para poder con todo, cómo organizar las finanzas caseras y cómo derribar, de paso, algunos de los mitos y leyendas más manidos de las economías domésticas.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre?

Era distinto, muy distinto. Trabajaba un montón de horas, no había horarios, ni fines de semana ni nada. La verdad es que pensaba recuperar ese ritmo cuando me quedé embarazada y tuve la primera niña, pero cuando llegó el día de volver al trabajo, no fui capaz: cambié radicalmente mi forma de trabajar. No me arrepiento en absoluto, pero sí es verdad que luego es otro tipo de carrera profesional la que desarrollas. Seguramente tendría un trabajo distinto de no haber sido madre.

Estoy encantada como estoy ahora, pues me ha dado oportunidades que no hubiera tenido, a lo mejor, si hubiera seguido con ese ritmo de trabajo. Luego me vine a vivir a a Alemania, tuve otras cuatro hijas y estoy muy contenta del lugar al que he llegado. Quizá no haya llegado de la forma habitual, pero me ha abierto a posibilidades que de otra forma no hubiera tenido. Entre ellas, emprender.

¿Qué es para ti lo mejor de la experiencia materna?

Me encantó tener bebés, me gustaban mucho. Pero no imaginaba que me fuera a gustar tanto la adolescencia y quizá esa haya sido la mayor sorpresa: me gusta ser madre de personitas, ya con su personalidad completa.

¿Y lo peor?

Lo peor fue la época en la que quise hacerlo todo. Cuando monté mi empresa tenía dos hijas muy pequeñas, volví a quedarme embarazada… esa época en la que quieres llegar a todo y no llegas fue, para mí, lo peor. Me quemé un poco: pasé años de no dormir, de intentar trabajar por las noches, prontísimo por las mañanas… debería haber sido más realista o haberme organizado de otra forma.

¿Cuál es la huella de tus hijas en tu trabajo?

Me he acostumbrado a pasar mucho tiempo con ellas, a tenerlas muy cerca y todo lo que hago las tiene en cuenta. Es verdad que, ahora que han crecido un poco, me he vuelto más egoísta, me digo «esto lo hago por mí». Eso es bueno para mí y es bueno que ellas vean que no son siempre el centro del universo. Ellas van a ser mujeres el día de mañana y también tendrán que luchar por su espacio y por sus derechos.

¿Se hace imprescindible, en estos tiempos, una hoja de excel para organizar las economías familiares?

Yo soy la mayor fan del excel del mundo: le pondría un monumento a Bill Gates por haberlo inventado. En mi trabajo ha sido fundamental. Pero también pienso que hay gente  que funciona de otra manera, que se organiza, por ejemplo, con sobres, como nuestras abuelas: si a uno le va bien, cada uno que se organice como le guste. A la gente muy creativa quizá le guste hacer las cuentas a mano, en una libreta preciosa… Yo uso excel porque me gusta. Si no te gusta nada, tienes otras opciones: ahora, incluso las apps de los bancos te permiten categorizar los gastos o hacer presupuestos. No hay que aprender excel solo para esto: si te gusta, bien, pero no es necesario.

¿Qué mitos hay que derribar en las conversaciones sobre dinero?

El primero es que hay que hablar de dinero. Se habla poco de dinero, se comparten pocas experiencias y de esa forma limitamos el conocimiento. Sobre otros temas hablamos muchísimo: de salud, de educación, de crianza… y de dinero no se habla nada. Uno aprende con el sudor de su frente y luego no traspasa ese conocimiento ni a sus hijos, ni a su familia ni a su entorno de amistades. Hay que compartir experiencias y hablar más de dinero.

Que alquilar es tirar el dinero o que la vivienda siempre es una buena inversión son esa clase de mitos que hay que derrocar uno tras otro porque al final la gente se rige mucho por estas creencias, que se asumen como dogmas y provocan estancamiento.

¿Cuándo debería comenzar la educación financiera?

Debería empezar en el colegio, deberíamos examinarnos en selectividad y reforzar esta educación en la carrera: sin duda, debería formar parte del curriculum académico. A falta de eso, se puede empezar muy pronto en casa: dando ejemplo, hablando de dinero… los niños no tienen por qué ser ajenos a la vida financiera de sus padres: parece que los queremos proteger de todo y es peor porque luego se encuentran con todos los problemas de sopetón. Está bien que vean a los padres haciendo cuentas, ahorrando, no deben ser ajenos a que a veces se pasan apuros… la sobreprotección no les beneficia. Debemos enseñarles a administrarse desde bien pequeñitos: desde los 7 u 8 años ya se puede empezar a dar paga, a meter el dinero en la hucha… no hay que esperar.

¿Qué trucos funcionan en tu casa respecto a educación financiera?

Cada una de mis hijas tiene su personalidad financiera distinta: las tengo muy gastonas, las tengo ahorradoras, previsoras o no… eso se ve ya desde muy pequeñas. Enfrentarse a estas cosas les ayuda. Al principio, tenían sus huchas, pero se sisaban muchísimo y era un desastre: siempre había dramas. Entonces comencé a apuntar sus ahorros y gastos en un excel, les hice una hucha virtual, como si yo fuera su banco. Si los abuelos les daban dinero, yo lo recogía y lo apuntaba en sus listas. Fue bueno para ellas empezar a ver sus movimientos, sus saldos, cómo van subiendo y bajando sus ahorros.

Lo llevé al extremo con una de mis hijas, que me pedía adelantos. A ella empecé a cobrarle intereses por los números rojos, para que viera lo que dolía. A las otras les empecé a dar intereses por los números verdes. No le pareció bien al principio, claro, pero le motivó. Ahora, las dos mayores tienen su propia cuenta en el banco, que han abierto solas (las envié a preguntar a dos bancos distintos para obtener información). Eso es positivo: iban con mucha vergüenza pero ahora tienen su tarjeta de débito y les transfiero a sus cuentas las pagas.

Todo lo que no es un gasto fundamental, ellas lo pagan de su dinero. Así lo valoran más: no es lo mismo gastar el dinero de tus padres que el tuyo propio, aunque salga del mismo bolsillo porque somos los padres quienes les damos las pagas. Pero es otra filosofía y empiezan a pensar si de verdad lo que quieren les hace tanta falta o prefieren esperar.

¿Es posible ahorrar en tiempos de crisis económicas encadenadas como los que estamos viviendo?

Los jóvenes son los grandes perjudicados de las crisis (de la anterior, mucho y de esta, a lo bestia). Ser joven en España es una faena a nivel económico y financiero y no hay que añadirles la presión del ahorro. Tienen que encontrar un buen trabajo, estabilidad… hay situaciones en la vida en las que es muy difícil ahorrar. Es responsabilidad de la sociedad dar a los jóvenes un poco de respiro para que puedan llegar a una situación en la que el ahorro sea posible.

Hay otra realidad y es que solo nos acordamos de ahorrar cuando las cosas van mal y eso se ha visto ahora, claramente, en la pandemia: los niveles de ahorro de los hogares españoles se han disparado. El problema es que había que haberse acordado cuando las cosas iban bien. En 2018, cuando estábamos levantando cabeza, el nivel de ahorro de los hogares españoles estaba bajo mínimos.

¿Puede ser que los hogares ahorren más porque no han tenido oportunidad de gastar?

En todas las crisis se da incertidumbre y la gente comienza a ahorrar. Cuando va bien, el optimismo, de manera humana, nos empuja a gastar, invertir, comprar una casa mejor… Es un poco la psicología y hay que luchar contra eso para ahorrar cuando va bien. Es uno de los mensajes que intento transmitir en el libro: aprovechar los momentos buenos para que, después, los malos no sean tan malos. La economía es una ola, es un vaivén, siempre va a haber crisis. Ahora nos parece que hay muchas, pero crisis ha habido siempre. A veces cada 10 años, a veces cada 8, a veces cada 12, pero suceden. Y siempre nos sorprenden. Esperábamos una crisis, pero no esperábamos que fuera la del coronavirus. La vida siempre encuentra una forma de dar otra vuelta. Hay que estar preparados y hacer un esfuerzo superior de ahorro en los buenos momentos.

¿Qué es la deuda buena?

Endeudarse es, en ocasiones, positivo y mucha parte del desarrollo económico y social se ha hecho gracias a la posibilidad de endeudarse. Por ejemplo, montar un negocio, sin ningún tipo de financiación, es dificilísimo. Poca gente se puede comprar una casa sin una hipoteca. Es importante endeudarse para cosas que valgan la pena, que te ayuden a crecer, ya sea porque te permitan ganar más en un futuro -para formarte, por ejemplo-. La deuda buena es una deuda que te ayuda a crecer.

Lo que no conviene es endeudarse para adquirir cosas que no te hacen crecer y que solo pagas más por esas mismas cosas: las cosas que no hacen crecer debes intentar ahorrar primero y comprarlo después.

Si el ahorro es el yin, la deuda es el yang. El ahorro es dejarle dinero a tu yo del futuro: esto lo guardo para ti, dentro de unos años. La deuda es pedirle dinero a tu yo del futuro. Igual de válido que el ahorro es la deuda, pero para cosas que merezcan la pena, siempre dentro de unos criterios de prudencia.

¿Cuál es la mejor inversión en una misma?

Una que se nos olvida, aparte de la formación continua y nuestro reciclaje, y hoy más que nunca es importantísimo porque el mundo avanza a una velocidad de vértigo -los trabajos de hace 10 años no tienen nada que ver, por ejemplo, con el teletrabajo actual-. No debemos dejar de formarnos nunca: hay muchos cursos que nos ayudan a mantenernos al día.

No hay que olvidar la salud: parece que no es una cosa financiera y no hay nada más caro que una mala salud, sobre todo en el futuro. Menos bitcoins y más salir a pasear y mantener un estilo de vida saludable.

¿QUIERES SABER MÁS?

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INVIERTE EN TI, NATALIA DE SANTIAGO

¿Por qué nos cuesta tanto ahorrar? ¿Alquilar es tirar el dinero? ¿Cómo podemos elegir el banco que más nos conviene? ¿Toda la deuda es mala? ¿Qué cosas hay que saber antes de invertir? ¿Cuándo deberíamos empezar a ahorrar para la jubilación? Sin milagros ni falsas promesas y con un genuino sentido del humor, Natalia de Santiago, experta en análisis y planificación financiera, ha escrito esta guía práctica para ayudarnos a gestionar nuestra economía de una manera tan eficaz como entretenida. Desde lo más simple hasta lo más complejo, sin necesidad de tener ningún conocimiento previo ni de ser un genio de las matemáticas, este libro nos enseña todo lo que debemos hacer para que el dinero no nos quite el sueño.

Una guía práctica, escrita desde el humor, que nos ayuda a gestionar nuestras finanzas de una manera tan eficaz como entretenida 

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