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Imagen: Yuris Alhumaydy

BABY BLUES, POR MARTA GIMÉNEZ-DASÍ

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Marta Giménez-Dasí
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Baby blues

He leído bastantes estudios sobre depresión durante el embarazo y el postparto estos días. Todos los estudios recientes encuentran que la depresión en las madres tiene importantes efectos en los niños. En los primeros años pueden darse retrasos cognitivos, retrasos en la adquisición del lenguaje, problemas de conducta y vinculaciones inseguras. Cuando la depresión es persistente (más de 6 meses después del nacimiento) se encuentran mayores dificultades académicas en la edad escolar y mayor probabilidad de depresión en la adolescencia. Solo esto justificaría dedicar un momento a detectar y tratar este problema que afecta, aproximadamente, al 13% de las mujeres españolas. Aproximadamente, porque no se sabe a ciencia cierta y se estima entre el 10 y el 20%. Muchas de esta depresiones no son diagnosticadas ni mucho menos tratadas. Muchas madres no saben si la han pasado.

La maternidad es tan maravillosa que la depresión no cabe en ella. Sin embargo, de todo lo que he leído, el trabajo que más me ha llamado la atención es uno en el que se comparan las tasas de depresión en un grupo de mujeres embarazadas en la década de los 90 y en un grupo de hijas de aquellas madres, también embarazadas, entre 2012 y 2016 en Gran Bretaña. La idea era ver si el porcentaje de embarazadas jóvenes con depresión ha variado. El que sean hijas de las madres estudiadas en los 90 permite mucho más control (mismo grupo social, entorno cultural, nivel económico, etc.). El resultado es que ha pasado del 17% al 25%. ¿Por qué ha aumentado tanto la prevalencia en tan poco tiempo? De forma general, la depresión en jóvenes está aumentando en los países desarrollados y parece que aspectos como el estrés crónico, la privación de sueño, la mala alimentación, la vida sedentaria, el ritmo de vida y el uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales lo explican en gran parte. Esto es en la población joven en general. Es curioso que acabamos de hacer un estudio sobre cómo ha afectado el confinamiento a niños de 6 a 10 años y hemos encontrado que a partir de los 8 años los niveles de ansiedad en los niños han bajado significativamente. Esto quiere decir que, ya desde la infancia, la vida cotidiana es algo estresante. Cuando la actividad se detiene, los niños también se tranquilizan. Cuento esto para que se entienda la dimensión del problema del estrés crónico en nuestro mundo. En el caso de las embarazadas, el aumento de la depresión tiene que ver con encontrar el difícil equilibrio entre la vida laboral y familiar. En este sentido, también hay estudios que muestran que cuando las bajas por maternidad duran más de 6 meses, los riesgos de sufrir depresión postparto disminuyen mucho.

Uno de los factores que más encuentro últimamente entre los relacionados con problemas psicológicos es la calidad del sueño. Ya sabemos que la calidad del sueño predice la probabilidad de sufrir depresión y es un factor de pronóstico negativo de cara a recaídas tanto en hombres como en mujeres. Esto ocurre también en las  embarazadas y… ¡en los futuros padres! Porque resulta que la depresión durante el embarazo y el postparto alcanza en los hombres cifras muy similares a las de las mujeres (alrededor del 14%). Además de la calidad del sueño, en los futuros padres se encuentran como factores de riesgo estar en paro, tener poco apoyo social, vivir experiencias vitales adversas y tener conflictos de pareja. La depresión de los padres durante el embarazo o en los primeros meses de vida del bebé también tiene muchas consecuencias. En primer lugar, contribuye a que la madre pueda sufrir también depresión y, además, repercute en el desarrollo de los niños a corto y largo plazo. Los hijos varones parece que sufren más las consecuencias a corto plazo, que manifiestan a través de problemas de conducta, hiperactividad, problemas emocionales o retrasos en el lenguaje, mientras que las hijas sufren más las consecuencias a largo plazo y presentan mayor riesgo de depresión en la adolescencia. Algunos estudios encuentran que cuando hay depresión paterna el riesgo de trastorno psiquiátrico en los hijos es doble. Todo esto también justificaría que a los futuros padres se les pregunte “¿cómo estás?” durante el embarazo. Muchos hombres dicen sentirse excluidos de los cuidados perinatales. Muchos otros, como vimos en Vulnerabilidades masculinas, no identifican bien los problemas de salud mental. Este escenario hace de la identificación del problema  una verdadera necesidad.

La detección de la depresión durante el embarazo y el postparto no es difícil de hacer. Basta con pasar un cuestionario de 10 preguntas. Si a esto le añadimos unas pautas educativas para afrontar el estrés que supone este periodo, prevenir el conflicto y el descenso en la satisfacción de la relación de pareja –que suele darse al menos en la mitad de las parejas–, cuidar la calidad del sueño y buscar apoyo social, estaríamos ayudando al desarrollo de muchos niños y al bienestar de muchas madres y muchos padres. Ni siquiera me atrevo a pedir bajas por maternidad más largas. Con estas pautas me conformaría.

 

MARTA GIMÉNEZ-DASÍ

Es madre de dos niños y profesora de Psicología del Desarrollo en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. La maternidad y la universidad conjugan su principal interés vital: entender y promover el desarrollo sano en los primeros años de vida. Desde 2009 dirige un equipo de investigación centrado en el estudio del desarrollo emocional infantil. Como resultado de sus trabajos ha publicado los programas Pensando las emociones con atención plena y varios libros sobre desarrollo infantil en la editorial Pirámide.

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