GABRIELA WIENER: “ESCRIBO SOBRE MI MATERNIDAD INCLUSO ANTES DE SER MADRE”

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Debemos estar agradecidas por algunas cosas a este siglo XX que nos queda ya a las espaldas, pues durante su transcurso las voces de las mujeres dejaron de estar amordazadas. Las mujeres luchamos para que se nos escuchara, para que se nos tuviera en cuenta. Somos la mitad del mundo y nadie sabía nada de nosotras. Y no es porque nos quedemos calladas, no: si entre nosotras algo no deja de fluir, es la conversación.

Las mujeres hemos luchado para dar volumen a nuestras voces silenciadas. Las mismas voces en grito que nos permitieron participar de una democracia coja sin nosotras. La misma voz que alzamos para poder firmar las cuentas de los bancos sin nuestros maridos o padres tutelándonos. La voz que grita que no somos ciudadanas de segunda. ¿Pero cómo vamos a ser de segunda, si somos vuestras madres? Me he preguntado esto tantas, tantas veces…

Por eso admiro a las mujeres que gritaron bien alto, por ellas y por todas sus compañeras. Admiro a las escritoras que se cuestionaban los términos y las condiciones con la misma pasión con la que admiro a las que se los siguen cuestionando en la actualidad. Admiro a las Simone de Beauvoir, a las Ursula K. Le Guin, a las Emilia Pardo Bazán y a otras tantas como ellas. Y con igual intensidad, admiro a las Iria Marañón, a las Cristina Morales, a las Virginie Despentes y a otras tantas como ellas que cuestionan los términos, que experimentan las teorías, que las escriben, que las formulan, que las sufren. Que las cuentan.

Entre ellas, admiro a la periodista y escritora peruana Gabriela Wiener (Lima, 1975). Gabriela es madre de Coco (14 años) y Amaru (5 años). Como autora, ha publicado los libros SexografíasNueve LunasLlamada perdida, Dicen de mí  y el libro de poemas Ejercicios para el endurecimiento del espíritu. Sus textos han aparecido en antologías nacionales e internacionales y han sido traducidos a varios idiomas. Sus primeras crónicas se publicaron en la revista Etiqueta Negra. Fue redactora jefe de la revista Marie Claire en España. Escribe regularmente para Eldiario.es, Vice y el contenido en español del New York Times, entre otros, y también tiene una vídeocolumna en lamula.pe.

La admiro porque ella, como las escritoras anteriormente citadas, no escribe sobre pensamientos sino sobre experiencias. Y escribe sobre las cosas de las que antes no se podía hablar: sobre maternidades, sobre no maternidades, sobre deseo, sobre sexo, sobre relaciones, sobre poliamor, sobre crianzas al margen. Sobre las cosas de las mujeres, esas cosas que se debían esconder. Esos trapos sucios que se lavaban en las casas. Estas escritoras del siglo XXI son la generación del destape literario: se rasgan ya no las camisas, sino la piel y el pecho enteros, para exponer sus entrañas. Como Ana Requena Aguilar y su Feminismo vibrante. Como Paula Bonet y su Anguila. Como Gabriela y sus Nueve lunas. Estas mujeres que nombro son pioneras porque hacen literatura de sí mismas y de sus vivencias. Y lo hacen sin tabúes, o con ellos, precisamente para fulminarlos.

Nueve lunas se editó por primera vez en 2009 y se definió, justa y ocurrentemente, como un “antimanual pop para embarazadas, rebosante de sexo, humor y ternura”. Este libro es un relato de los mismos miedos que tenemos todas las mujeres durante nuestros embarazos: el test de Sullivan, decidir si es bueno dormir o no con el bebé, tener trabajos precarios —o no tener trabajo—, no dejar de sentirnos culpables, tener muchas papeletas para dar con una comadrona faltona, llegar al momento del parto asustada como una niña pequeña e indefensa, el miedo otra vez, la culpa, el miedo, el miedo…

En 2021, Gabriela revisita este relato para contarnos qué ha cambiado de ese tiempo a esta parte. El camino no fue un camino de rosas, básicamente porque Gabriela, su marido y su mujer han tenido que quitar, ellos mismos, toda la maleza del sendero que eligieron transitar para poder hacerlo.

Hemos hablado con ella para conocer la evolución de su libro y de su familia. Esta entrevista se completa con las fotos de un desayuno en una mañana cualquiera, hace dos años, en la casa de Gabriela, Rocío, Jaime, Coco y Amaru (imágenes de Paul Vallejos).

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la experiencia materna?

Lo mejor es todo el conocimiento y el aprendizaje mutuo desde el corazón y las tripas. Lo peor de la experiencia materna no tiene que ver con las madres y les hijes, sino con el sistema que les expectora, lo peor es el aislamiento y los ataques maternofóbicos.

¿Cuál es la huella de tus hijes en tu trabajo?

Profunda. Escribo sobre mi maternidad incluso antes de ser madre. La escritura de la experiencia que practico me lleva a revisitar mis vínculos, incluyendo los que tengo con mis hijes; elles son protagonistas de mis historias, de mis libros y columnas, recojo sus voces, sus frases lapidarias, sus miradas que interpelan y refrescan lo que nos rodea.

¿Cómo era tu trabajo antes de ser madre? ¿Y después? ¿Sufrió cambios significativos?

Mi libro Nueve Lunas cuenta ese momento en que era una migrante embarazada precaria en Barcelona, trabajando en lo que podía e intentando cotizar desesperadamente en la seguridad social. Siempre intenté, hiciera lo que hiciera para ganar dinero, persistir en el periodismo y en la escritura pensando, que algún día podría malvivir de eso y creo que lo logré. Pensando en tener tiempo para mis hijos y para mis libros he intentado, aunque no sea fácil, montármelo de manera autónoma, trabajar desde casa. Mi maternidad y mi trabajo a veces son enemigos, se agreden, se roban horas, se sabotean, pero a veces al final del día me invade esa sensación casi de orgullo y satisfacción de haber podido con todo. Gran parte de las veces no y más bien me inunda el desasosiego de la autoexplotación.

gabriela wiener

¿Cómo viviste tu embarazo en su momento? ¿Ha cambiado tu percepción años más tarde?

Nueve Lunas lo cuenta todo, jeje. Es tan nítido por la escritura del libro que ya casi no tengo otros recuerdos, se ha fijado esa memoria y esa interpretación de los hechos. Hoy solo puedo suscribir lo que dijo en ese libro: que me hubiera gustado estar más acompañada, menos contrariada, más plena y haber sido más escuchada.

¿Qué ha cambiado y qué permanece desde la primera vez que se editó “Nueve lunas” hasta esta nueva edición

Han cambiado muchas cosas: mi hije, por ejemplo, que me dijo un día que no era una mujer ni un hombre. Han cambiado las estanterías de libros sobre maternidad, se han poblado de nuevas miradas, situadas en primera persona, críticas y justas con la experiencia.

En tu libro, expones un montón de temas que, tradicionalmente, se han barrido debajo de la alfombra familiar: aborto, miedos… las cosas de las que no se hablan. Gracias por ser pionera, esta lucha por sacar tantos tabúes a la luz imagino que es tan liberadora como dolorosa. ¿Cómo lo has sentido tú? ¿Cuál era el objetivo de este libro?

Lo que hemos hecho muchas es seguir la senda de esas otras que estuvieron antes aquí luchando por nuestros derechos, denunciando violencias que estaban, como dices, silenciadas y normalizadas. Es una lucha colectiva por el derecho a una voz propia, a la transgresión, a hablar con libertad de nuestros cuerpos y deseos porque durante siglos nos estigmatizaron, persiguieron y condenaron por hacerlo; y para ir en contra del relato único, de ese universal masculino que nos borraba de la historia como sujetos activos y revolucionarios. Ninguna revolución se vive sin dolor. Por eso la reacción conservadora es virulenta, por eso debemos seguir resistiendo.

Tu familia y tú os habéis convertido en una referencia en cuanto a crianza poliamorosa. ¿Qué es lo más fácil y lo más difícil de vuestra experiencia? 

Lo más fácil es ampliar la red, compartir cuidados de les niñes y una economía común. Lo más difícil es, al ser más, poder cuidar con la misma dedicación y tiempo de calidad a todes. Recomiendo mucho para entender estos temas el libro Maternidades queer. En esa antología de textos aparece el de Rocío Lanchares que trata específicamente del tema de las maternidades en contextos no monógamos ni heterosexuales. También en el mismo sentido el libro de entrevistas de María Llopis, La revolución de los cuidados, que también hace un repaso por esas otras crianzas. Imprescindibles.

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NUEVE LUNAS, GABRIELA WIENER

Dicen que las náuseas del embarazo son la respuesta al agujero negro emocional que se abre al saber que serás madre. Cuando Gabriela Wiener lo supo a sus treinta años reaccionó como buena cronista kamikaze y se lanzó a explorar la fuerza gravitatoria de la gestación: no hay experiencia más “gonzo” que el embarazo. Wiener escarba siempre donde pocos quieren buscar y comparte sin pudor ni alarde sus hallazgos. En este recorrido desinhibido por las grutas del embarazo y la maternidad, la materia se expande y la duda acecha: ¿el amor maternal puede con todo?, ¿qué hago aquí, qué espero de todo esto?, ¿qué lleva a alguien ansiar convertirse en madre? Esta lectura es un parto sin anestesia, un relato contra la cursilería y la frivolización que narcotizan a las embarazadas ante el “milagro de la vida”. Aquí no hay magia ni almíbar; hay pornografía, abortos, pisos pequeños y una madre joven que lucha contra la precariedad lejos de su país. Porque ésta es también la historia de una migrante que llegó a España sin que a nadie le importara lo que había logrado en el hemisferio sur. Han pasado diez años desde su publicación y Nueve lunas sigue siendo un testimonio que conjuga como pocos el terror, la belleza y las paradojas de la propagación de la especie. En esta edición revisada y ampliada, la autora dirige una carta a sus hijes para contarles cuánto ha cambiado todo y cuántas cosas por desgracia no cambian nunca.

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VICTORIA GABALDÓN

“Mi experiencia se remonta a los años 80, cuando mis padres adivinaron que las letras y yo teníamos buena química y me apuntaron a un curso de mecanografía. Más tarde, estudié Periodismo y seguí escribiendo. Trabajé en una discográfica y seguí escribiendo. Trabajé en una agencia de marketing y seguí escribiendo. Trabajé en varias revistas y grupos editoriales, en eventos y publicidad, y seguí escribiendo. Bajo pseudónimo, pero seguí escribiendo. Soy madre de dos criaturas, Darío y Julieta. Y sigo escribiendo. En un año y medio online, al frente de MaMagazine, he escrito más de 400 artículos, he hecho más de 200 entrevistas y sigo sumando. En esta aventura no estoy sola: me acompañan poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad”.

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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