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MARÍA LLOPIS: EL LUJO DE CUIDAR, EL HONOR DE CUIDAR

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Victoria Gabaldón
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Las credenciales de María Llopis (Valencia, 1975), hablan por sí solas: es escritora, artista, docente, activista, madre de Roc (7 años) y feminista. María es una de esas mujeres valientes, sin pelos en la lengua, que ha hecho de su experiencia vital una forma de activismo y ha demostrado, con creces, su compromiso e inteligencia, dejando el pudor a un lado, para poner sobre su mesa y sobre las nuestras debates tan incómodos para algunos como profundamente necesarios para otras.

María se adelantó a las agendas feministas y eso es algo que valoran otras luchadoras como Virginie Despentes, que recogió su testimonio en Mutantes: Punk, porn, feminism (2009). Fue así, también como se convirtió en referente del movimiento Postporno en nuestro país, un conocimiento reflejado en su primer libro El postporno era eso, publicado en 2010. Volvió a adelantarse al meter en el entramado feminista la maternidad y lo hizo a través de su libro Maternidades subversivas. Ahora, vuelve a ocupar lugares preferentes de salida con la publicación de La revolución de los cuidados, un libro de entrevistas a mujeres que, a través de preguntas, nos interroga e interpela directamente, a cada una como individuos y a todas y todos como parte de la sociedad.

En este libro, María aborda, de manera conversacional y coral, multitud de caras de un poliedro único, atravesado por la maternidad y los cuidados. Su lectura es curiosa, pues no respeta el orden canónico: cuando llegas al final, descubres que todavía hay más. Son tres los bonus track que nos regala: varias reflexiones sobre cómo había cambiado la relación de las entrevistadas con los cuidados a raíz de la pandemia en la que llevamos un año inmersas, incluyendo la suya propia y un epílogo que podría haber sido, también, un prólogo, donde aborda algunas de sus experiencias relacionadas con la pérdida y el duelo. Antes de eso, María da voz a las entrevistadas para hablar de crianza respetuosa, MENAS, maternidades racializadas, violencia obstétrica, trabajo sexual, lactancias, conciliación, úteros comercializados, reproducción asistida, arquetipos, poliamor, menopausia, porno y negación de la figura materna.

Hablamos con María, una mujer valiente y referente, sobre su experiencia materna, sobre crianza, sobre cuidados. Sobre la vivencia de esa clase de maternidad que te salva la vida. Sobre el lujo que es poder cuidar, no solo de tu hijo, sino en una red interconectada. Así lo demuestra en La revolución de los cuidados, un magistral contenedor de conversaciones necesarias de la mano de mujeres como Lamiae Abassi (que trabaja cuidando y acompañando a MENAS), Gabriela Wiener (que materna, ama y reflexiona sobre la experiencia poliamorosa), Desirée Bela (que expone la carga extra de lo racial en el activismo feminista), Silvia Agüero (que reflexiona sobre la violencia obstétrica y gitanofobia) o Erika Lust (que habla del acceso al porno desde la adolescencia). Conversaciones en las que el pudor, afortunadamente, brilla por su ausencia.

¿Qué es, para ti, lo mejor y lo peor de la maternidad?

Lo mejor es que hay algo mágico, maravilloso, visceral en tener un hijo. Magia en criarlo, en acompañarle en su crecimiento. Es un privilegio ver crecer a un niño y pasar tiempo con él, es un regalo. Ahora estoy dando clases en un instituto a niños entre 12 y 16 años y también me parece un privilegio estar cerca de esa energía durante mi jornada laboral.

Lo peor, para mí, es la falta de respaldo a nivel social. Te pongo ejemplos muy concretos: si entro en el instituto a las 8 y mi hijo a las 9, ¿quién lo lleva al cole? Molaría poder entrar yo una hora más tarde a trabajar para acompañar a mi hijo al colegio. A lo mejor, un docente sin la responsabilidad de llevar a un niño al colegio, podría cubrir esa hora. Hay poco reconocimiento y poco trabajo en equipo, a nivel social, para facilitarnos la conciliación. Me parece que todo es muy fácil, pero lo hacemos muy complicado, tenemos ganas de liarla. Es algo que también veo en el instituto. La falta de reconocimiento tiene dos vertientes: la primera es la económica: en los años en los que estás criando, muchas veces la forma de ganar dinero es irte a la precariedad absoluta. Si tienes la suerte de disponer de una baja remunerada, sabes también que cuatro meses de baja son insuficientes. En otros países europeos, las mujeres disponen de bajas maternales más largas, que respaldan que puedas dedicarte a criar sin morirte de hambre. Por otra parte, debería existir un reconocimiento social al esfuerzo que supone criar, puesto que es una necesidad básica. Esto debería estar extrapolado a todos los ámbitos.

¿Cuál es la huella de Roc en tu trabajo?

Creo que  en el trabajo que he desarrollado en estos últimos años la influencia es enorme. He publicado dos libros desde que tuve a mi hijo: la vinculación es obvia. El año pasado, en una exposición, hice una instalación que se llamaba Un hombre aparece muerto. En ella, colgaba carteles con fotos de mujeres que habían matado a sus violadores, sacadas de la prensa. Incluía un texto con la explicación y una reflexión sobre la no victimización, sobre no quedarnos dentro del feminismo en la posición de víctima. Tengo un poco de manía al feminismo victimista, a quedarnos en un rol pasivo: el lugar de víctima se transita, se ocupa un espacio y se pasa a lo siguiente. Mi sensación es que si nos quedamos en ese lugar, nos estancamos. Este camino lo he aprendido con mi hijo. Siento que él me ha ayudado a no atascarme ahí. Con un crío es imposible atascarse: cuando ya controlas una fase, él ya está en la siguiente… tienes que ir cambiando con ellos y reinventando todo. Y, sobre todo, la crianza me ha obligado a ponerme las pilas. No puedo maternar a mi hijo si yo no me cuido a mi misma, no puedo cuidar a otros si yo no me cuido. Mi hijo no será feliz si yo no soy feliz. Esto me lo ha enseñado mi crío.

Al nivel escritura, por supuesto, su huella es evidente. A nivel artístico, totalmente. En la docencia no me sirven los conocimientos adquiridos en la carrera: me sirve lo que he aprendido con la crianza de mi hijo. Estoy con 20 niños en una sala y, a pesar de que la diferencia de edad es bastante, he aprendido mucho en cuanto a gestión de conflictos y de emociones. Tienen emociones muy puras, afortunadamente no han aprendido todavía a esconderlas, a manipular: es muy poderosa la fuerza que tienen. Si te permites entrar en ese lugar con ellos, es muy enriquecedor.

maría llopis
María y Roc en un momento capturado por Ismael Llopis

¿Qué son  los cuidados?

Los cuidados son todo. Podemos vivir en sociedad porque nos cuidamos los unos a los otros. Si no, no podríamos. Cuando fallan los cuidados es cuando empiezan los problemas. Los cuidados lo son todo y no están en ningún lado. Tendemos hacia los cuidados, como seres humanos queremos cuidarnos.

Los cuidados se parecen a la economía sumergida: sabes que hay una actividad que se está desarrollando, pero no te interesa exponerla, blanquearla.

Seguro que no deseas morir solo: desearás nacer y morir acompañado. En Maternidades subversivas decía que la maternidad nos concierne a todos como sociedad porque, aunque no hayas tenido hijos o no quieras tenerlos, tú has nacido de un útero. Con La revolución de los cuidados el ejemplo que me sale es todos vamos a morir y todos vamos a necesitar que nos cuiden en los últimos momentos de nuestras vidas. Todos tenemos responsabilidades de cuidado y, si no las tenemos, si no las atendemos, es porque las estamos cargando sobre otras personas, que seguramente estén sobrecargadas y agotadas.

¿Cómo elegiste a las mujeres a las que entrevistaste? ¿Por qué son ellas?

La primera idea empezó con Lamiae Abassi: yo había vivido en el centro de Barcelona y había compartido con ella, cuando estábamos okupando y hacíamos acciones como comidas populares con los vecinos en el Forat de la Vergonya. Lamiae tenía, entonces, 5 años. Cuando, años más tarde, paseando por Barcelona, me contaron lo que estaba haciendo ella, me pareció muy interesante. Cuando vi lo que Lamiae hacía con los ex MENA pensé que esa acción, de algún modo, también estaba relacionada con la maternidad. Me quedé con las ganas de hablar de esto en el anterior libro. Por eso, pensé que este libro era la continuación de Maternidades subversivas. Cuando juntamos todas las entrevistas, el editor percibió que estábamos hablando continuamente de los cuidados y cambiamos el título previsto, que era Maternidades subversivas 2. Alrededor del tema de maternar podría seguir y seguir escuchando y escribiendo… ¡me interesa todo!

¿Qué lecciones te llevas de las entrevistas con estas mujeres?

Me sentí egoísta o tramposa, como que hacía estas entrevistas para mí. He conversado con la gente que me interesaba, de alguna manera, siento que ya tengo el libro amortizado antes de publicarlo. Me lo he pasado genial, he aprendido un montón con ellas. Todas ellas son mujeres que me han ayudado en estos últimos años a cuidar mejor de mí y de mi hijo. En cierta manera, también entrevistarlas —algunas son personas que conozco muy bien y con otras hablé por primera vez en mi vida— con su trabajo he conseguido cosas, he aprendido a cuidarme. Envidio profundamente a las personas que cuidan bien de sí mismas. Para mí sigue siendo un aprendizaje: me cuesta cuidar de mí a todos los niveles, creo que porque no tuve unos cuidados adecuados durante mi infancia, he tenido que aprender a hacerlo de mayor. Quiero que mi hijo sepa cuidar de sí mismo y cuidarle bien, que es la forma de aprender. A las personas que venimos de infancias traumáticas, de abusos en la infancia, nos cuesta más aprender a cuidarnos y aprender a cuidar del otro porque no tienes registro: te lo tienes que inventar cuando el histórico es tan tóxico. Lo que no quería era pasar a mi hijo esto por la pereza de no trabajar mi trauma, mi dolor. Yo aprendo a cuidarme bien para ser un buen referente para mi hijo. Yo te he traído al mundo: yo soy responsable de ti y quiero hacerlo lo mejor posible, voy a poner toda la carne en el asador y voy a esforzarme todo lo que pueda. Mi hijo me ha hecho ser mejor persona: si no estuviera mi hijo, yo estaría en un lugar muy diferente ahora. Tengo 45 años y el motor que ha hecho que yo esté donde estoy ahora, en los últimos 7 años, es mi hijo. Sin él, no sé si hubiera invertido tanto en mí a todos los niveles: emocional, salud, cuidados… he invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero en poder estar mejor, por él. Sin él, no sé si lo hubiera hecho por mí misma, no sé si hubiera sido capaz de dar ese paso. Podría haberme dejado, a un nivel profundo. No sabemos qué hubiera pasado porque es imposible hablar en estos términos, pero mi maternidad es mi motor en estos últimos años.

El lujo de cuidar, el honor de cuidar… las personas que cuidamos, realmente pensamos eso. Pero no parece ser la opinión generalizada dado el infravalor que otrogamos a los cuidados. ¿Por qué siguen estando los cuidados, como algunas economías, sumergidos?  

Es que si alguien piensa que cuidar a su hijo es una carga… ¿perdón? El problema es la falta de reconocimiento a todos los niveles, sobre todo a nivel económico y emocional: los cuidados no están reconocidos como lo que son. Como dices, son un trabajo sumergido. Tampoco se ve que la persona que cuida debe ser cuidada. Debe ser todo una red de cuidados interrelacionados. No puede ser que una persona sea cuidadora y ya está. Solo puede pasar eso con la infancia o con las personas enfermas o ancianas: ahí sí que los cuidados van en una sola dirección. Yo hago responsable a mi hijo de sí mismo, pero no de cuidarme. Pero entre adultos sí debemos autocuidarnos y cuidarnos los unos a los otros.

Como hay una infantilización de la sociedad, todos queremos ser niños pequeños: recibir cuidados pero no devolverlos de vuelta, como si tuviéramos 5 años. Queremos una mamá que nos cuide y no dar nada a cambio. Por eso este libro es la segunda parte de Maternidades subversivas: porque existe una distorsión con el tema de la maternidad, la infantilización, el no responsabilizarse del autocuidado y del cuidado del otro. Así nos va. Por eso, en la contraportada, destacamos una frase de Rut Muñoz: «el patriarcado son niños y niñas jugando a ser papás y mamás». Hay personas a las que nos cuesta mucho ocupar el lugar del adulto, cuando solo desde ese lugar puedes maternar/paternar a una criatura. Estamos metidos en una estructura que fomenta esa distorsión.

¿QUIERES SABER MÁS?

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LA REVOLUCIÓN DE LOS CUIDADOS

Tras Maternidades subversivas, en el que se partía del embarazo, Maria Llopis se embarca en esta nueva aventura de investigación con infinidad de interrogantes que le ha puesto sobre la mesa la crianza de su hijo Roc. ¿Qué es realmente cuidar? ¿Se puede cuidar de la otra persona sin cuidarse a sí misma? ¿Qué papel asumen la sociedad y las instituciones con respecto a los cuidados? En profundas y clarificadoras conversaciones con familias gitanas, racializadas y poliamorosas, trabajadoras sexuales, educadoras, especialistas en medicina china, abogadas, creadoras, religiosas, adolescentes, MENAS o mujeres en la plenipausia, este panorámico libro nos muestra en su complejidad la diversidad de nuestras relaciones maternales y de cuidados. Un cuestionamiento integral de los modelos de maternidad y crianza del sistema capitalista y patriarcal en el que vivimos. Porque cuidar, y cuidarnos, es un acto profundamente revolucionario.

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MATERNIDADES SUBVERSIVAS

En la actualidad, en nuestra sociedad occidental, la maternidad se inscribe en un contexto capitalista y patriarcal en el que se desarrolla asexuada, medicalizada, biologizada y desempoderada. Por eso, cada vez son más las personas que optan por embarazos, partos y crianzas fuera de norma y que, a falta de modelos alternativos, tratan de crearlos poniendo en duda ideas preestablecidas y conductas que a menudo se convierten en mandatos.

María Llopis se ha reunido y conversado con esas nuevas madres, padres, MaPas, parteras, lactivistas… que están reflexionando sobre el actual modelo de maternidad, mostrando las imposiciones y contradicciones del mismo y, a su vez, creando nuevos y liberadores paradigmas. Así pues, este libro trata de visibilizar distintos tipos de maternidades que han ido gestándose a la luz de nuevas experiencias y luchas, porque la maternidad es un tema de interés general y subvertirla es una forma de cambiar el mundo.

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EL POSTPORNO ERA ESO

Así que la Caperucita Roja del cuento, después de ser violada, golpeada y humillada durante siglos, quiere asumir el papel del lobo. Pero son demasiados los abusos a los que ha sido sometida, así que nos vemos obligadas a pegarnos entre nosotras para poder abrir, sentir y llorar las heridas que heredamos de generaciones y generaciones de fábulas. Y así redimirlas y escribir nuevos cuentos.

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