(c) Adrián Cordellat

SOBRE LA PRESENTACIÓN DE LAS “MATERNIDADES PRECARIAS” DE DIANA OLIVER

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El pasado miércoles 18 de mayo fue un día para recordar. El pasado miércoles un animado grupo de personas tuvimos la suerte de compartir con la periodista y escritora Diana Oliver la presentación de su libro Maternidades precarias (Arpa Editores, 2022) en el Espacio Fundación Telefónica. El pasado miércoles muchas de nosotras nos “desvirtualizamos” y nos pusimos cara y piel fuera de las pantallas de nuestros teléfonos, ordenadores y demás pantallas. Y fue genial. Me encantaría contar por qué.

La tarde comenzó con vistas al nuevo templete del Metro de Gran Vía tomando un refresco con Mónica de la Fuente, periodista, escritora y creadora de Madresfera, Saludesfera y Saboresfera, entre otras mil iniciativas que se trae entre manos. Mónica es una persona asombrosa: hace mil cosas y todas las hace bien, con una gran sonrisa y con esos ojos azules tan claros y francos que se asoman detrás de sus gafas. El motivo de nuestro encuentro era entrevistarla por la publicación de  Adiós expectativas, hola realidad, el libro que acaba de publicar y en el que, con gran sentido del humor y frescura, vuelca su experiencia con la maternidad. Al acabar nuestra entrevista, salpicada de muchas risas y nuevos planes, nos dirigimos juntas a la Fundación. Allí conocí a la también escritora Pilar Cámara, que acaba de publicar Morfología de la sangre y al periodista Adrián Cordellat, partner in crime de Diana Oliver en el amor, el trabajo y la crianza de sus dos hijos. Adrián también publicó un libro, La maceta de mi abuelo, y espero que pronto estemos acompañando la presentación de su siguiente proyecto editorial. Yo era “la nueva”, esa loca recién llegada que se ha empeñado en hacer funcionar una revista en papel sobre maternidad. Y ellos, que ya llevan muchas batallas jugadas en estas mismas lides, me acogieron con un cariño que recibí sinceramente emocionada. Entre las asistentes se encontraba, también, la ilustradora Joly Navarro, autora de Abueland. A Joly y a mí nos une el mismo estrés: el de haber pensado en un crowdfunding para sacar adelante nuestros proyectos literarios. También nos une la satisfacción de haberlo conseguido.

Me senté al lado de Mónica en el anfiteatro, detrás de Pilar, Adrián y un buen puñado de niños y niñas. Delante teníamos a Diana conversando con la también periodista y escritora Silvia Nanclares —su libro Quién quiere ser madre es otro de los must sobre maternidad—. Silvia es una perfecta maestra de ceremonias. Siempre que he coincidido en actos literarios con ella nos ha premiado con ese super poder suyo de síntesis, concreción y capacidad de hacer las preguntas que todas nos hacemos y queremos hacer. El diálogo que establecieron entre ambas fue tremendamente interesante y puso encima de la mesa muchas de las problemáticas que atraviesan y carcomen nuestra manera de maternar hoy en día. El adjetivo que escogió Diana para acompañar a sus Maternidades no podía ser más triste, más real y más elocuente. Pero si no llamamos precaria a nuestra forma de maternar, ¿cómo lo hacemos? Hablo por mí y sé que hablo por casi todas las mujeres que estábamos allí: somos mujeres del primer mundo, con problemas del primer mundo, lo que ya es un privilegio. Hemos tenido acceso a una educación de calidad. Hemos ido a la universidad. Acumulamos muchos años de experiencia profesional. Nos han contado que podemos con todo, que el mundo es para nosotras. Pero, ay, ese mundo se nos queda corto cuando somos madres. Porque nadie nos cuenta que nuestra jornada laboral va a ser doble. Y que una parte de ella estará pagada —la del trabajo productivo— y otra la ejerceremos gratis, por obligación, cero valoración y mejor no te quejes porque es lo que has elegido —el trabajo reproductivo—. Y nosotras hemos dicho que sí sin saber demasiado, ¿qué íbamos a hacer? Nos dijeron que había que entrar en la rueda y ahí estamos, hámsters perdidas. Como Diana explica en su libro, nuestra precariedad es, también, la otra cara de la moneda de nuestro privilegio.

A los diez minutos de dar comienzo la presentación vi aparecer por el anfiteatro a la también escritora Sylvie Riesco Bernier —su último libro, También yo, lleva aparejado un eslogan potente: “La maternidad: ese gran cuento universal”—. Acompañaba a Sylvie Ibone Olza, psiquiatra infantil y escritora —sus últimos libros, Parir y Palabra de madre son espejos en los que mirarse y han dejado una huella indeleble en muchas de nosotras, madres, que buscamos explicaciones y compresión en las letras y los testimonios de otras madres para sentirnos menos solas—. Mientras Diana y Silvia charlaban y nos hacían partícipes de estas inquietudes que todas compartimos, yo pensaba que el sentimiento general era el de estar en un lugar en el que se reproducía una conversación que a todas nos resonaba: somos mujeres con experiencias muy parecidas, llegamos a las mismas conclusiones y, cada una en nuestro campo y a nuestro nivel, hacemos parecidos análisis de nuestras experiencias con la maternidad. Nos preocupan las mismas cosas, sufrimos los mismos problemas y, si no lo sabíamos hasta ahora, es porque no se habían creado los espacios donde poder poner nuestras vivencias en común. No sabíamos dónde estaban esos libros en los que mirarnos. Ni siquiera que existía la tribu que iba a sostenernos.

La conversación entre Diana y Silvia se vio salpicada por las carreras de los niños y las niñas que acudieron al acto. Eran un montón y nos encantó que se rompiera el protocolo y la seriedad de un acto de este tipo con las risas de las criaturas. Y no fue el único protocolo que se rompió esa tarde: si Sylvie, Ibone y algunas madres más llegaron tarde al acto no fue por impuntualidad, sino porque tuvieron problemas para acceder al edificio. El motivo: una de ellas portaba bajo el brazo la moto de plástico de su hijo pequeño. El personal de seguridad de la Fundación le informó de que no se podía acceder con el pequeño vehículo/juguete, que esas eran las normas. Tampoco podían depositarlo en taquillas o consigna por no estar preparadas para ello. Ibone llegó a meter la moto en su bolso y a pasar el arco de seguridad mientras intentaba convencer, junto a las demás madres que esperaban poder acceder, de lo injusto y erróneo de la medida. No poner trabas para que las criaturas accedan a los espacios donde se programan actos culturales es, también, maternidad y cuidado. Tras unos minutos, el personal de la Fundación rectificó y custodiaron el juguete para que Sylvie, Ibone y las demás mujeres y criaturas pudieran disfrutar de la presentación que quizá, de haber persistido en el empeño y en la poca flexibilidad, hubiera acabado teniendo lugar en la calle Fuencarral, en la puerta de la Fundación. Esta anécdota no demuestra sino el poco tiempo que gastan algunas instituciones pensando en ser inclusivos con la infancia y sus necesidades. Las instituciones culturales deberían ser ejemplos de empatía y respeto hacia el público familiar…  no siempre lo son y es algo que me cuesta entender. Son museos, fundaciones, galerías… no discotecas a las tres de la mañana de un viernes. Mientras Ibone, al finalizar el acto, nos explicaba este desafortunado accidente yo recordé que, en otra ocasión, había intentado acceder a una exposición con mi hijo y su patinete plegable. En esa ocasión no supe pelearlo como ellas, acabé desistiendo y dando la vuelta.

Cuando acabó el diálogo, comenzaron las firmas de libros, las presentaciones y los abrazos. Llegó el momento de escucharnos las voces, de tocarnos y de compartirnos. Sentí, en un momento dado, que ya formaba parte de la tribu de Diana. Y sé que Diana sintió que allí estaba su tribu. Quizá esto fue lo más emotivo de todo: reconocernos, saber que luchamos por lo mismo y que juntas todo es más fácil, más bonito y mejor. Fantaseamos, incluso, con formar un Sindicato de Madres. Diana dijo, muy acertadamente, que si no hay sindicato de madres y no salimos a luchar es porque la crianza y los cuidados copan la oportunidad de la lucha. Somos un puñado de mujeres pensando y escribiendo sobre la maternidad. Desmitificándola y luchando por darle su valor. Queriendo volver a sacar la silla a la puerta de la calle, a recuperar el espacio donde se pueden dar las conversaciones y plantearse las ayudas. Llegando hasta donde no llegan —ahora tengo claro que por falta de valentía y exceso de testosterona— las políticas sociales. Aquí estamos, hemos llegado y nos quedamos.

Una de las preguntas que nos hacen frecuentemente —y que también nos hacemos— es si no hay demasiados libros de maternidad. Yo llegué a esa tarde sin una respuesta, pero todas y cada una de las mujeres que estaban ahí me la dieron: ¿hay demasiada novela negra?, ¿hay demasiados libros sobre la Guerra Civil?, ¿o sobre cocina? Touché. Quizá haya un boom de libros sobre maternidad, pero bendito y bienvenido sea. Abrazo la proliferación de libros sobre la maternidad igual que abrazo la cantidad de obradores de pan hecho con masa madre. Prefiero estas burbujas a cualquier otra. La maternidad puede ser un tema literario capital, puede tener su propia sección en las librerías. Pero sigue ocupando un espacio ínfimo en los medios de comunicación. Y esa es, también, nuestra lucha y nuestra misión.

MATERNIDADES PRECARIAS, DIANA OLIVER

«Mamá es el nombre por el que me llaman mis hijos. Y yo acudo como un río. Desde que llegaron todo ha ido transformándose. El léxico que utilizamos, el tiempo, los miedos, el paisaje, los cuerpos. Las urgencias. La casa se ha llenado de montañas de libros infantiles y dibujos que muestran figuras sonrientes en una jungla multicolor. Ahora nuestra percepción del mundo es otra. Todo se presenta como un peligro o como una oportunidad. Igual que las preguntas que recorren este libro. ¿Dónde nace el deseo de ser madre? ¿Somos realmente libres para decidir cuándo, cómo o con quién tenemos hijos? ¿Qué necesitamos para vivir una experiencia de la maternidad más grata? ¿De qué dependen nuestros malvivires maternales? ¿Qué exigencias nos imponen? ¿Cuáles nos imponemos? ¿Somos las madres que queremos ser o las que podemos ser? ¿Quién cuida a las madres? ¿Cómo cuidamos? ¿Podemos cuidar en un sistema que solo vela por lo productivo? ¿Llegaremos a desproblematizar la maternidad? La maternidad es un alambre fino sobre el que caminamos como funambulistas. Muchas mujeres lo atravesamos sin red, intentando mantener un equilibrio imposible mientras avanzamos con los ojos cerrados».

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VICTORIA GABALDÓN

Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.
Madre de Julieta y Darío, periodista y escritora. Creadora de MaMagazine, orgullosamente apoyada por una tribu de comadres poetas, escritoras, fotógrafas, creativas, ilustradoras, psicólogas, docentes y periodistas especializadas en maternidad.

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